“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
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Lo que despertó
El equilibrio no pasó desapercibido.
Aunque Alison y Alisa no lo supieran.
Cuando la sombra y la luz se mezclaron en el refugio, una vibración recorrió el bosque.
No fue un sonido. No fue un temblor visible.
Fue algo más profundo.
Antiguo.
Las raíces bajo la tierra se estremecieron apenas.
Las hojas en lo alto de los árboles dejaron de moverse por un segundo.
Y en la parte más oscura del bosque, donde la luz casi no tocaba el suelo, algo abrió los ojos.
No tenía forma definida.
No tenía cuerpo como un lobo.
Era más bien una sombra densa, acumulada durante años entre troncos caídos y tierra húmeda.
Había estado dormida.
Esperando.
La mezcla de luz y oscuridad la había llamado.
No era la sombra común que Alison controlaba.
Era más vieja.
Más consciente.
Se deslizó entre los árboles sin hacer ruido.
No tenía prisa.
No tenía prisa.
Solo curiosidad.
Había sentido dos energías opuestas unirse sin destruirse.
Eso no debía existir.
La luz debía rechazar a la sombra.
La sombra debía consumir la luz.
Pero aquello…
Aquello era diferente.
Y lo diferente podía romper el orden antiguo.
La entidad se detuvo cerca del territorio donde vivían las hermanas.
No se acercó demasiado.
Aún no.
Observó.
Esperó.
Si aquel equilibrio crecía, podría convertirse en amenaza.
O en algo que pudiera usar.
Porque si la luz y la oscuridad podían unirse…
También podían separarse.
Y lo que se separa, puede romperse.
En el refugio, Alison sintió un leve escalofrío.
—¿Tú sentiste eso? —preguntó.
Alisa miró hacia la entrada.
El bosque parecía normal.
Demasiado normal.
—Tal vez solo fue el viento —respondió, aunque no sonaba convencida.
El aire se volvió un poco más frío.
Pero no había señales claras.
Ningún sonido extraño.
Ningún olor desconocido.
Nada que alertara a su padre.
Nada que justificara una advertencia.
Y, sin embargo…
En la oscuridad entre los árboles, algo sonrió sin rostro.
No atacaría todavía.
Primero necesitaba entenderlas.
Medirlas.
Ver hasta dónde podían llegar.
Porque si aquel poder seguía creciendo…
El bosque entero tendría que elegir un lado.
Y cuando ese momento llegara,
ya sería demasiado tarde para ignorarlo
El padre también lo sintió.
No como sus hijas.
No como un escalofrío.
Sino como un recuerdo.
Estaba patrullando el límite del territorio cuando el aire cambió de densidad. Se detuvo en seco, levantando el hocico hacia el viento.
Había pasado muchos años desde la última vez que sintió algo así.
No era un enemigo visible.
Era una presencia.
Antigua.
—No… —murmuró para sí.
Sus ojos recorrieron la línea de árboles más oscuros, aquellos que casi nadie cruzaba.
Sabía lo que significaba cuando el bosque guardaba silencio de esa manera. No era calma. Era atención.
Algo estaba observando.
Pensó en Alison.
En la marca.
Pensó en Alisa y el brillo que había visto junto al río.
El equilibrio.
Cerró los ojos un instante, respirando profundo.
Tal vez enviarlas a la ciudad no sería suficiente.
Tal vez el peligro no venía de fuera…
Sino que había despertado dentro del propio bosque.
Decidió no decir nada todavía.
Si se equivocaba, solo sembraría miedo.
Pero esa noche no dormiría.
En el Norte, Jael despertó sobresaltado.
No recordaba el sueño con claridad.
Solo una sensación.
Sombras moviéndose entre árboles que no eran los suyos.
Y un destello.
No fuerte.
Pero firme.
Dael también estaba despierto.
—Lo soñaste, ¿verdad? —preguntó en voz baja.
Jael tardó en responder.
—El sur.
Dael asintió.
Esta vez la conexión no fue leve.
Fue más profunda.
Como si algo hubiera cambiado.
—Sigue sin sentirse como amenaza —dijo Dael—. Pero tampoco es normal.
Jael miró hacia la oscuridad del horizonte.
Por primera vez, no pudo ignorarlo del todo.
—Aún no vamos a movernos —decidió—. Hasta que sepamos qué es.
Pero mientras volvía a recostarse, supo que el sur ya no era solo una sensación pasajera.
Algo había despertado.
Y estaba creciendo.