Renace en la novela que estaba leyendo.. el día de la boda con el conde mudo.. Pero ella cambiará su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cajas 2
Pintar los emblemas tomó mucho más tiempo del que cualquiera imaginó.
El abuelo insistía en que el verde debía ser profundo, “como los bosques del sur”, y el dorado tenía que brillar con dignidad, no parecer un amarillo vulgar. Emma corregía líneas torcidas, volvía a delinear bordes, añadía pequeños detalles al blasón. Damián y David terminaron con manchas en el rostro y en la ropa, compitiendo por ver cuál caja quedaba más perfecta.
Lo que pensaron que sería cuestión de dos días se extendió casi una semana entera.
Las donaciones ya estaban listas desde hacía un día.. alimentos empacados, mantas dobladas, cajas cerradas. Solo faltaba organizarlas para la entrega oficial.
Fue entonces cuando el plazo de la deuda se cumplió.
Esa mañana, la mansión recibió una visita inesperada.
El tío Collins llegó acompañado de Vanessa. El carruaje oscuro se detuvo frente a la entrada principal con un aire casi teatral.
Pero Emma no estaba en el salón.
Ni el abuelo.
Ambos estaban en el patio trasero, todavía pintando los últimos emblemas junto a los gemelos, sin enterarse de nada.
Quien los recibió fue Daniel.
El conde permanecía erguido en el salón principal cuando los visitantes entraron. Su presencia imponía silencio incluso sin pronunciar palabra.
Collins hizo una inclinación superficial.
—Sobrino.
Vanessa, vestida con elegancia exagerada, sonrió con dulzura calculada.
Daniel respondió con una leve inclinación de cabeza y les indicó con la mano que tomaran asiento.
Collins sacó un pequeño sobre.
—He venido a cumplir con parte de mi compromiso.
Daniel extendió la mano. Abrió el sobre. Sus ojos recorrieron la cifra.
Era menos del diez por ciento de la deuda.
Ni siquiera lo suficiente para considerarlo un esfuerzo real.
El silencio se volvió pesado.
Daniel levantó la mirada lentamente hacia su tío. Sus ojos no mostraban enojo… pero sí una frialdad inequívoca.
Tomó una hoja de su escritorio y escribió con trazos firmes..
“Esto no cubre el acuerdo.”
Collins se acomodó el chaleco con fingida incomodidad.
—Los tiempos son difíciles. Pero somos familia. Confío en que entenderás.
Daniel no respondió de inmediato. Su expresión permanecía impenetrable.
En ese momento, uno de los guardias tocó la puerta y entró con respeto.
—Mi señor.. Las donaciones están listas desde ayer… pero la condesa aún no las ha entregado.
Daniel frunció apenas el ceño.
No sabía que Emma seguía perfeccionando detalles en el patio. Desde su perspectiva, las cajas estaban listas y aún no habían salido.
Vanessa, que fingía mirar distraídamente una pintura, escuchó cada palabra.
Sus labios se curvaron en una sonrisa casi invisible.
Al salir del despacho, ya en el pasillo, habló con tono suave pero lo bastante alto para que Daniel la oyera.
—Qué pena… Siempre supe que mi prima no estaba acostumbrada a este tipo de responsabilidades.
Daniel giró ligeramente la cabeza hacia ella.
Vanessa continuó, acercándose con aire comprensivo.
—Si lo desea, puedo encargarme yo misma de llevar la cooperación a nombre de la casa Devlin. No sería apropiado que el nombre de la familia quedara mal por un retraso.. o que los alimentos se pudran ahí..
Collins sonrió de inmediato.
—Claro, claro. Somos familia. Podemos ayudarnos.
Daniel solo los miró..
Pensó en Emma. En lo nueva que era para ese mundo. En la cantidad de protocolos que aún estaba aprendiendo. En la presión que debía sentir.
Quizá… estaba sobrecargada.
Quizá había querido hacerlo todo perfecto y terminó retrasándolo.
Daniel asintió levemente, pero no hacia Vanessa.
Hacia sí mismo.
Tomó su abrigo.
Si había un error, él lo corregiría personalmente.
Sin escribir nada más, salió de la mansión con paso decidido. Ordenó que prepararan un carruaje con las cajas.
No notó que Vanessa se apresuraba a seguirlo.
—Lo acompañaré —dijo con aparente inocencia mientras subía al carruaje antes de que él pudiera impedirlo.
Daniel la miró, sorprendido.
No había pedido compañía.
Pero el carruaje ya comenzaba a avanzar.
Mientras se alejaban de la mansión, él no sabía que, en el patio trasero, Emma reía con el abuelo y los gemelos, terminando el último escudo verde y dorado con manos manchadas de pintura.
Y tampoco sabía que Vanessa veía en aquella salida una oportunidad.
Una que pensaba aprovechar.
Maravilloso Daniel sigue asi👏