Reencarné en el omega destinado a morir por amor.
Abandonado por el protagonista, incluso estando embarazado.
Esta vez no rogaré.
Me iré con mi hijo… y escribiré mi propio final feliz.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3 — Donde no me rompo
La casa de huéspedes tenía paredes gruesas y ventanas estrechas, hechas para resistir el viento del norte. Lysien despertó con el sonido distante de pasos de guardia cambiando turno. El amanecer entraba en líneas delgadas, dibujando sombras en el suelo de piedra. Durante un instante no recordó dónde estaba. Luego, la memoria volvió con la suavidad de una ola: el carruaje, el bosque, el filo del acero silbando en el aire, la mano firme que lo sostuvo cuando el mundo quiso volcarse.
Apoyó la palma en su vientre. El mareo de la noche anterior había cedido, pero el cansancio persistía como una neblina. Se incorporó despacio, agradeciendo que nadie lo apurara. En ese cuarto pequeño, sin tapices ni escudos familiares, no había símbolos de una vida que ya no le pertenecía. La ausencia de lujo le resultó extrañamente reconfortante.
Se vistió con ropa sencilla. El espejo de metal pulido devolvió una imagen distinta a la del palacio: menos pálida, más despierta. No más fuerte. Más entera.
Al bajar, encontró la mesa preparada con pan oscuro, fruta cortada y una jarra de agua. Un gesto simple. Humano. Lysien se sentó y comió con lentitud. Cada bocado era una afirmación silenciosa: estoy aquí, sigo aquí.
Kaelen apareció poco después. No llevaba la armadura completa; solo la túnica de viaje y el cinturón con la espada envainada. Sin el metal encima, parecía menos imponente, más cercano. Aun así, su presencia ocupaba el espacio con naturalidad.
—Dormiste —dijo, más afirmación que pregunta.
—Lo suficiente —respondió Lysien—. Gracias por el alojamiento.
Kaelen inclinó la cabeza.
—Es lo mínimo después de lo de ayer.
Se sentó frente a él, dejando un espacio respetuoso entre ambos. Durante un momento, compartieron el silencio. No era incómodo. Era el tipo de silencio que no exige explicaciones.
—No sueles viajar con escolta —comentó Kaelen al fin.
Lysien esbozó una sonrisa breve.
—Ya no viajo como solía hacerlo.
Kaelen no presionó. Esa contención, esa capacidad de no arrancarle la historia a la fuerza, hizo que Lysien bajara un poco la guardia.
—Dejé una casa que ya no era mía —dijo—. Y no quise que el camino se pareciera a una huida.
Kaelen asintió, como si entendiera algo más profundo que las palabras.
—El norte tiene rutas seguras y rutas que no perdonan. Elegiste una difícil.
—No por valentía —respondió Lysien—. Por necesidad.
El silencio volvió a tenderse entre ellos. Afuera, los soldados conversaban en voz baja. La ciudad despertaba sin prisa.
—Puedo ofrecerte escolta hasta la capital interior —dijo Kaelen—. Es un camino largo, pero… estable.
Lysien dudó. No quería deberle nada a nadie. No quería que su vida nueva comenzara con una deuda.
—No busco protección eterna —dijo—. Busco un lugar donde empezar de nuevo.
Kaelen lo miró con atención.
—A veces, empezar de nuevo también es aceptar que no todo se puede cargar solo.
No sonó a reproche. Sonó a experiencia.
Lysien dejó el pan a medio terminar. El gesto fue pequeño, pero sincero.
—Gracias —dijo—. Aceptaré la escolta hasta la capital interior. Luego… veré.
Kaelen no sonrió. Pero en sus ojos hubo algo parecido al alivio.
Más tarde, mientras preparaban la partida, Lysien salió al patio para tomar aire. El cielo estaba limpio, frío. Por primera vez desde que había salido de Blackmere, el nombre de Darian cruzó su mente sin arrastrar una marea de dolor. Era una sombra que se alejaba. No un enemigo. Un pasado.
En otro lugar, muy lejos de allí, Darian Blackmere observaba un mapa extendido sobre la mesa de guerra. Las velas ardían con una quietud incómoda. El informe del mayordomo había sido conciso: Lysien se había marchado. Sin cartas. Sin despedidas.
Darian apretó los dedos sobre la madera.
No era culpa. Era una incomodidad nueva, como una herida que no sangra pero tampoco cierra. Había asumido que Lysien estaría allí. Que su presencia era un hecho permanente. El palacio le devolvía ahora una habitación vacía, un eco que no sabía nombrar.
—Que lo busquen —ordenó, con la voz más baja de lo que pretendía—. Sin escándalos.
No por amor. Por control. Y, en algún lugar más profundo, por un orgullo herido que no sabía reconocer como pérdida.
De vuelta en la ciudad fortificada, Lysien se subió al carruaje reparado. Kaelen dio instrucciones a la escolta. Antes de partir, se acercó al estribo.
—El camino será largo —dijo—. Si necesitas detenerte, dilo.
Lysien sostuvo su mirada.
—Si me detengo, será para respirar. No para volver atrás.
Kaelen inclinó la cabeza.
El carruaje avanzó. Los muros de la ciudad quedaron atrás. Lysien no sintió que huía. Sintió que, por primera vez, caminaba hacia algo que no tenía nombre todavía.
En el traqueteo del camino, apoyó la mano en su vientre.
—No sé quién seré cuando lleguemos —susurró—. Pero prometo no romperme para encajar en un lugar que no nos quiere.
El viento del norte llevó sus palabras hacia adelante, como una promesa sin testigos.
se dieron el picó tan anhelado 🤭
me encanta 💖 y ojalá en el próximo caputulo almenas le de un beso al pobre kaelen.
la evolución q a tenido es .uy buena a comparación con otras novelas de omegas q lloran y se sienten morir este me gusta y mucho
sigue así autora