Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 19: Respaldo real.
Nathaniel y Charlotte regresaron a la residencia del ducado cuando el sol ya había bajado lo suficiente como para teñir la ciudad de un tono gris apagado. El carruaje avanzaba, y el sonido de las ruedas contra el empedrado era lo único constante dentro del silencio incómodo que se había instalado entre los dos. Ninguno fingía normalidad. Ambos sabían que, técnicamente, estaban haciendo algo ilegal con solo viajar juntos hacia la misma casa.
El matrimonio había sido anulado esa misma mañana.
Eso significa recordar que, ante la ley, ya no eran marido y mujer. Y, sin embargo, no se había separado.
Charlotte mantenía las manos juntas sobre su falda, mirando al frente con el ceño fruncido. No estaba asustada. Estaba irritada, y esa emoción la mantenía.
Nathaniel la observó un momento. Ella habló en ese momento.
—Es estúpido. De verdad es estúpido. En otras historias este tipo de leyes ni existen. Si dos personas se quieren, se casan y ya. Nadie aparece con papeles viejos a decir “ah, lo siento, tu apellido no cuenta”.
Nathaniel asintió levemente.
—Tienes razón.
Ella lo miró, sorprendida.
—Es una ley absurda —admitió él—. Pero sigue siendo ley.
Charlotte apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento.
—Odio este reino a veces.
—Yo también.
El carruaje se detuvo frente a la residencia.
Bajaron juntos. Los sirvientes los miraron con discreción, pero los rumores ya debían de haber corrido.
Aun así, nadie dijo nada.
Entraron directamente a la habitación de Nathaniel. La misma habitación que, según la ley, ya no debería compartir con ella.
Charlotte cerró la puerta con un movimiento brusco.
—No pienso dormir en otro lugar —declaró—. Si vienen a arrestarnos por concubinato, que lo intenten. Me esconderé debajo de la cama.
Nathaniel soltó una exhalación que casi fue una risa.
—Eres terrible planeando delitos.
—Me adapto. Pero no. No podemos dejar que esto siga pasando.
Charlotte se sentó en el borde de la cama.
—No puedo creer que todo se haya arruinado por mi padre. Por los Rensford también—Nathaniel se acercó despacio— Ahora soy oficialmente “nadie”. Sin apellido, sin título, sin derecho a casarme contigo.
Nathaniel se detuvo frente a ella.
—Charlotte, mírame.
Ella levantó la vista. Él la tomó de los hombros con cuidado.
—No te voy a apartar de mi lado por un documento.
Ella tragó saliva.
—Nathaniel…
—Para mí sigues siendo mi esposa. Hoy, mañana y dentro de 100 años.
Charlotte bajó la mirada un segundo.
—¿Y si te perjudica políticamente?
—Que lo haga.
—¿Y si pierdes apoyo?
—No me importa.
—¿Y si-
Él la interrumpió abrazándola. La envolvió con los brazos como si ya hubiera tomado una decisión y no pensara discutirla más.
Charlotte se quedó quieta al principio, sorprendida por lo directo del gesto, y luego hundió el rostro en su pecho.
—No te voy a soltar —murmuró él—. No después de todo esto. Viviremos como esposos. Con o sin permiso.
Ella apretó su chaqueta.
—Eres demasiado terco.
—Lo sé.
—Eso me gusta.
Se quedaron así varios segundos, respirando al mismo ritmo.
Los días siguientes no fueron tranquilos.
Nathaniel movió contactos, habló con notarios, revisó registros antiguos, mandó a traer copias de archivos del registro civil. Charlotte lo acompañaba a casi todos lados, negándose a quedarse atrás como si ya no tuviera derecho a estar a su lado.
Finalmente decidieron ir a la casa de los Elara.
Si Ramón firmaba la legitimación y anulaba formalmente el contrato con los Rensford, el problema se resolvería.
Al menos en teoría.
La casa familiar seguía igual de fría que siempre.
Los recibieron con rigidez. Ramón de Elara los miró como si estuvieran pidiéndole dinero.
—Duque —saludó con una inclinación mínima—. No esperaba su visita.
Nathaniel fue directo.
—Necesito su firma. Dos documentos. Uno para reconocer oficialmente a Charlotte como su hija legítima. Otro para anular el contrato con los Rensford.
Ramón ni siquiera fingió sorpresa.
—No.
Charlotte frunció el ceño.
—Padre, esto arruinó mi matrimonio.
—Eso no es mi problema.
Ella sintió el estómago apretarse. Él continúa.
—Fuiste criada en esta casa. Eso es suficiente. Por eso no legalice mi apellido contigo.
Nathaniel dio un paso al frente.
—Hagalo. Que está es mi última oportunidad de ser paciente.
Ramón lo miró sin respeto.
—Duque, tengo respaldo de la familia real. No puede obligarme a firmar nada.
Charlotte parpadeó.
—¿Respaldo… de la familia real?
—Sí. Así que ahórrese amenazas. Espero que no vuelva con este tema —añadió Ramón—. No cambiaré de opinión. Mi hija ahora está delicada y necesita del apoyo de su familia.
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En el carruaje de regreso, Charlotte apoyó la frente en la ventana.
—Sabía que no iba a ayudar. Pero aun así tenía una pequeña esperanza. Soy idiota.
—Charlotte.
—Lo soy. Sigo esperando algo de alguien que nunca me dio nada.
Nathaniel no contestó de inmediato.
Estaba pensando.
Repasando cada detalle. Ramón estaba demasiado seguro y tranquilo. Mencionando el respaldo real con facilidad. El documento del juicio llegando justo a tiempo. La nota que recibió el juez. Y nadie más sabía que esa familia sabía que Charlotte tenía un linaje diferente.
Nathaniel entrecerró los ojos.
—Charlotte.
—¿Sí?
—Esto no es solo negligencia de tu padre.
Ella lo miró.
—¿A qué te refieres?
—Alguien intervino.
—¿Intervino cómo?
—El documento llegó en el momento exacto. El juez cambió su decisión al instante. Tu padre habló de respaldo real con demasiada seguridad.
Charlotte se enderezó.
—¿Crees que alguien… hizo esto a propósito?
—No creo en casualidades.
—¿Entonces alguien más quería anular nuestro matrimonio?
—Sí.
Ella lo miró con el corazón acelerado.
—¿Quién haría algo así?
Nathaniel ya tenía un nombre en mente.
Y no le gustaba.
—Vamos al palacio —dijo.
—¿Ahora?
—Sí.
—¿A dónde?
Él sostuvo su mirada.
—A ver a la princesa Esme.
El carruaje giró rumbo al palacio mientras el atardecer terminaba de desaparecer.
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buen Charlotte muestra tus💪