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Selena Y El Don De Las Tinieblas

Selena Y El Don De Las Tinieblas

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:1.9M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Edna Garcia

Traicionada por su propia hermana y sacrificada como moneda de cambio por su familia, Selena Sanches vio cómo sus sueños de amor se derrumbaban cuando Ingrid falsificó sus exámenes prenupciales.
Considerada “estéril”, Selena fue descartada por Cássio Álvarez, el hombre que juró amarla y con quien iba a casarse… pero él decidió casarse con Ingrid sin dudarlo.

Humillada y sin apoyo, Selena creyó que nada podía empeorar, hasta que su padre la ofreció como esposa al misterioso y temido Henrico Garcês, un mafioso al que nadie jamás se atrevía a mirar a los ojos. Un hombre que vive en las sombras, rodeado de rumores, poder… y peligro.
Ahora, unida a un desconocido que inspira tanto miedo como fascinación, Selena deberá descubrir si este matrimonio forzado será su ruina…
o su salvación.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

La noche era densa, sofocante, y las luces de la ciudad se reflejaban en los cristales oscuros del coche mientras este recorría la avenida.

Henrico Garcês observaba su propio reflejo en la ventana, silencioso, mientras Marcello conducía por las calles estrechas, esquivando bares, callejones y motos.

Se detuvieron frente a una casa nocturna discreta, sin letreros llamativos, solo una puerta de metal con un guardia de seguridad inmenso al lado.

—Llegamos, jefe —dijo Marcello.

Henrico bajó sin prisa.

El guardia simplemente abrió la puerta sin pedir nombre ni invitación.

Nadie se atrevía a detener a Don Henrico.

Tan pronto como entró, el fuerte olor a bebida y el sonido amortiguado de la música tomaron el ambiente. Pero Henrico no atravesó el salón.

El lugar estaba lleno de rostros curiosos, y a él no le gustaban las miradas.

Él siempre prefirió las sombras, y la entrada trasera.

Marcello lo guio a un pasillo mal iluminado. Pasaron por puertas cerradas, algunas con risas ahogadas, otras con silencio sospechoso.

Al final, una sala pequeña, con cortinas oscuras y una mesa de vidrio, esperaba.

Allí dentro, sentado con las piernas cruzadas y un puro en la mano, estaba Vito Alencar, conocido en el submundo como Vito "del Puerto", uno de los mayores distribuidores ilegales de armamento pesado.

—¡Don Henrico! —exclamó Vito, abriendo una sonrisa exagerada—. Cuando recibí su mensaje, confieso que me sorprendí. Hace tiempo que no aparece en mi humilde casa.

Henrico cerró la puerta tras de sí y se sentó sin devolver la sonrisa.

—La sorpresa no debería ser su especialidad, Vito —dijo con frialdad—. Si el hombre más buscado del puerto se sorprende con cualquier cosa, se está haciendo viejo.

Vito rio, acomodándose el saco.

—Siempre directo… es por eso que me gusta negociar con usted. ¿Vamos al grano?

Henrico cruzó las manos sobre la mesa.

—Necesito el cargamento de armas que está viniendo de Serbia. Todo. Sin dividir con nadie.

Vito levantó la ceja.

—¿Todo? Eso incluye los rifles automáticos, las piezas exclusivas, el lote que ya está reservado…

Henrico interrumpió:

—Nada está reservado hasta que yo diga que lo está.

Vito aspiró el puro, intentando enmascarar el nerviosismo.

—¿Y el pago?

Henrico chasqueó los dedos, y Marcello entregó una carpeta negra sobre la mesa.

—La cantidad exacta, adelantada.

—¿Adelantada? —repitió Vito, sorprendido—. Está generoso hoy, Don.

—No piense en generosidad —dijo Henrico—. Piense en prisa. Quiero ese cargamento bajo mi custodia antes del amanecer del jueves.

Vito lo miró fijamente durante largos segundos.

—Bien… con ese valor… no veo motivos para rechazar.

—No debería —respondió Henrico, seco—. Sería la decisión más inteligente de su vida.

Vito rio nervioso.

La negociación estaba cerrada.

Henrico se levantó, asintió a Marcello y dejó la sala.

La música alta y la agitación de la casa nocturna volvieron a mezclarse a su alrededor mientras atravesaba el pasillo estrecho nuevamente.

Pero cuando estaba casi saliendo por la puerta lateral, una figura femenina apoyada en la pared lo llamó por su nombre con voz melosa:

—Mira… si no es Don Henrico Garcês.

Henrico se detuvo.

Sabrina.

Una de las pocas mujeres que conocía su rostro, y que tenía historia suficiente con él para sentirse con el derecho de sonreír de esa manera.

Ella avanzó un paso, su tacón resonando en el piso.

—Está desaparecido, Don… —dijo, deslizando la mano por el brazo de él—. Espero que tenga un tiempito, quién sabe, para revivir los viejos tiempos.

Henrico sujetó la muñeca de ella con delicadeza, pero con firmeza suficiente para imponer límite.

—Hola, Sabrina. Hoy no va a poder ser. Me voy. Mi esposa me está esperando.

Ella se congeló.

—¿Esposa?

—Sí.

—No lo estoy creyendo… ¿usted se casó?

—Me casé —respondió con simplicidad—. Hace tres días.

Sabrina soltó una risa corta, incrédula.

—Esa mujer debe tener algo especial… consiguió agarrar al Don que nunca dejó que nadie se acercara.

Henrico solo respondió:

—Puede ser.

La soltó y siguió andando.

Sabrina lo observó marcharse, visiblemente contrariada.

Cuando llegaron al coche, Marcello abrió la puerta para el jefe y no resistió:

—Jefe… Selena debe estarlo moviendo mismo. Ignorar a Sabrina es casi imposible.

Henrico se puso el cinturón, la mirada fría como siempre.

—Marcello… hoy no estoy con cabeza para mujeres.

El asistente rio, sacudiendo la cabeza.

—¿Nos vamos, entonces?

—Sí —respondió Henrico—. Está todo resuelto. No tenemos nada más que hacer aquí.

Marcello encendió el coche y salió a velocidad moderada, dejando atrás las luces de la casa nocturna y los susurros del submundo.

Henrico se recostó en el asiento, silencioso.

Pero una única imagen insistía en volver a su mente:

Selena.

La mujer que él no eligió…

pero que, de algún modo, ya comenzaba a afectar su equilibrio.

1
Patricia Pescador
quiere ayudar a Sabrina. muy bien que ke ponga una casa de infonavit y una micelanea para que se gane la vida, pero tenerla en su casa , a mi en lo personal no me parece. prostituta ve tu a saber que mañas tenga,
Patricia Pescador
Sekena es tan buena que es capaz de ayudarlos, que coraje, que el esposo no la deje, es el karma qué lis alcanzó, se lo merecen
Patricia Pescador
que poca de Rodrigo, pedir a su hija que salve a ka hijastra qué siempre la menosprecio, humilló se burló, no tiene verguenza
Patricia Pescador
quien sabe si yo los ayudaría, despues de todo lo que le hicieron
Patricia Pescador
nunca hay que tener la tentación en tu casa, menos si ya tuvieron que ver
Patricia Pescador
esta viendo la tempestad y no se inca, esa Ingrid es una bestia, quiere seguir gastando a manos llenas
Patricia Pescador
lo que le quitaron a Selena, ahora es suyo, bien muy bien
Patricia Pescador
ya se los cargo pifas
Graciela Carvajal Ibaceta
Que siga el capítulo, está interesante.
Patricia Pescador
que poca madre la de esta vieja
Patricia Pescador
Ingrid se le va ir a los golpes a Selena. Cassio que medio mate a Ingrid ,Rodrigo va a infartarse cuando sepa que esas 2 los fastidiaron bien gacho,
Patricia Pescador
chachachan
Patricia Pescador
Rodrigo Ingrid prepárense para su caída y humillacion
Patricia Pescador
Caccio por no abrir la bocina para defenderte y defender a Selena te va como te va por menso y dejado
Patricia Pescador
que no diga que esta embarazada Selena pirque Ingrid la va a atacar desde las sombras, no a lis descarado
Patricia Pescador
capaz que la dueña de todo es Selena por parte de madre
Patricia Pescador
me gusta no se anda con rodeos. se va al grano en todo, se hace amena la trama
Patricia Pescador
preparate Ingrid te va ir de la patada
Patricia Pescador
que emoción. que no se entere la de Cassio porque la caza para hacerla abortar de puro odio
Patricia Pescador
esta bien que ayuden a Sabrina pero que la acuesten, le sirvan, ke corten, eso ya es de más, ni que fuera criatura
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