Ana Lucía Arango se casó muy enamorada y soñaba con tener un hogar lleno de amor y mucha pasión, pero después de la boda su pareja cambió al 100% y no entiende por qué.
¿Superarán está crisis o todo se irá al carajo?
¿Su amor por el seguirá intacto, o llegará alguien que le haga sentir cosas nuevas?
Gonzalo Piedrahíta guarda un secreto, el cuál no le deja acercarse a su esposa íntimamente, cometió un grave error días antes a su boda y hoy paga las consecuencias.
¿Logrará Gonzalo salir invicto de ese secreto y recuperar la confianza de su esposa?
¿Logrará recuperar su matrimonio y sobre todo el amor y el cuerpo de Ana Lucía?
Eduardo Salvatierra, un Magnate hotelero, muy apasionado. Conoce a una hermosa pelinegra que lo deja hipnotizado desde el primer instante en que la ve sin saber que es la esposa de un amigo de la preparatoria que hace mucho tiempo no ve.
¡Ven acompáñame a descubrir que sucede en este triángulo amoroso!
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Desiciones desesperadas.
• Ana Lucía.
Los días han seguido pasando y veo mi matrimonio cada vez peor. Gonzalo está demasiado distante, bebe licor todo el tiempo, no conversa conmigo y, cuando lo hace, es para hacerme promesas que no está dispuesto a cumplir. Me duele el corazón, lo extraño; extraño mucho al hombre que me conquistó, al que se casó conmigo hace tres meses. ¿Qué le ha pasado? Ya hasta los detalles han ido desapareciendo y no sé qué pensar de él. Gonzalo jura por todos los santos que no hay otra persona, pero no le creo del todo; lo intento, pero no puedo.
He intentado de todo con él y nada me funciona. Ahora cada quien duerme en habitaciones separadas, y esto está rompiendo mi alma. No le he contado nada a mi familia; la única que sabe lo que está pasando es Eva, mi mejor amiga.
Vuelve a caer la noche y ceno sola en el inmenso comedor, después de esperar a mi esposo durante más de una hora. Media hora más tarde llega Gonzalo, y es una suerte que esta noche no venga bebido.
— ¿Podemos hablar? —le digo cuando se acerca.
— No quiero más reproches, Ani. Ya tengo suficiente con todo lo que está pasando en mi empresa.
— Pero si mi padre inyectó capital a tu negocio, ¿por qué siguen los problemas? —le pregunto.
— Invirtió en la de aquí, en Manhattan, donde mi padre está al frente, pero no en la de Brooklyn, y es allá donde están los verdaderos problemas. No entiendes: el maldito contador hizo una mala jugada, nos robó, nos estafó y se dio a la fuga. Debemos muchísimo dinero y eso no me deja enfocarme como quisiera en la empresa de aquí. Además, mi madre también pasa exigiendo dinero sin darse cuenta de la crisis que estamos atravesando.
Es cierto: a Belén, mi suegra, le gusta gastar sin medida; siempre quiere vestir con lo último de la moda, y su hija Susana ni se diga. Mi cuñada, tan bonita como es, también es muy vanidosa, aunque no la culpo: es lo que le ha enseñado su madre desde pequeña.
— Habla con papá. Estoy segura de que él puede ayudarte.
— ¡No! No le voy a pedir más dinero a mi suegro; va a pensar que soy un mantenido, un mediocre.
— Entonces, ¿qué piensas hacer? Quiero ayudarte, dime cómo.
— No te necesito.
— Me estoy cansando de tu actitud, Gonzalo. Quiero apoyarte y tú no me dejas. Has cambiado tanto; ya no eres el mismo chico entusiasta que conocí años atrás. Siempre estás amargado, ya no me buscas, no comemos juntos, ni siquiera me has dado un beso desde el día de nuestra boda. Han pasado tres meses y ni siquiera hemos consumado nuestro matrimonio.
— ¡¿Ese es el maldito problema?! ¿Ahora andas con ganas? No tengo cabeza para el sexo. ¡Entiéndeme, te lo suplico! Estoy pasando por una situación grave y tú solo piensas en eso.
— No es solo sexo, Gonzalo. Me casé llena de ilusiones y con todas las promesas que nos hicimos. Me duele tu indiferencia y tu falta de atención. Si seguimos así, creo que lo mejor será divorciarnos —hasta a mí me cuesta pronunciar esas palabras.
— ¡No! Ni lo pienses. Ani, sé que esto no es fácil, pero no me dejes. Todavía podemos arreglar las cosas. Cariño, te amo con toda mi vida, te necesito a mi lado. Si me abandonas, voy a terminar mal. Dame un poco de tiempo, te lo suplico. Te prometo que cambiaré; solo dame un poco más de tiempo, por favor —se arrodilla ante mí, aferrado a mi cintura, y yo solo lloro de dolor e impotencia.
¡Carajo! No sé qué hacer. Lo amo, pero esta situación me está acabando.
— No me prometas nada más, Gonzalo. Mejor hazte promesas a ti mismo. Y te advierto: me estoy cansando. No soy de hierro, soy de carne y hueso.
— Te entiendo, Ani, pero esta vez sí cumpliré, te lo juro. Seré el esposo que deseas.
— Si es verdad, lo primero que quiero es que dejes de beber; te estás haciendo daño a ti mismo. Demuéstrame que en verdad te importa este matrimonio, porque si no es así, no me importará incumplir el contrato que tu padre nos hizo firmar —en el fondo no sé si sería capaz de llegar hasta ahí.
Esa noche Gonzalo aceptó todo lo que le dije, menos hacer el amor. Dormimos juntos, pero ni siquiera nos dimos un beso. Y así continuamos durante el mes siguiente: ya no llegaba bebido a casa, los detalles volvieron, pero el hombre cariñoso y apasionado con el que me casé seguía sin aparecer. Aun así, yo seguía siendo paciente y le daba tiempo para que arreglara sus asuntos; estaba decidida a no fracasar tan pronto en mi matrimonio. Delante de mi familia fingía que todo marchaba bien, pero por dentro me estaba desmoronando pedazo a pedazo.
Todo esto me estaba llevando a tomar decisiones apresuradas y desesperadas, pero estaba dispuesta a no dejar que mi hogar se destruyera con tanta facilidad.
— Necesito que me ayudes a invertir en la empresa que tiene Gonzalo en Brooklyn, pero que sea algo anónimo. Bajo ninguna circunstancia puede enterarse de que he sido yo —le pido a mi asistente.
— ¿Estás segura de lo que vas a hacer?
— Sí. Él dice que está así por la crisis que atraviesa su negocio, así que intentaré ayudarlo para ver si esto da resultado. Porque, amiga, ya estoy a punto de tirar la toalla —le confieso a Eva.
— De verdad admiro tu paciencia. Si yo estuviera en tu lugar, hace días que lo habría puesto en la calle.
— A veces es lo que más ganas tengo de hacer, pero si le pido el divorcio, él se quedará sin nada: lo poco que tiene pasará a mi nombre en cuanto firme los papeles, es una cláusula del contrato que firmamos el día de la boda. Y no quiero dejarlo sin recursos; además, todavía lo quiero y guardo la esperanza de que esto cambie y volvamos a ser una pareja feliz.
— Está bien. Haré lo que me pides; ya tengo a alguien en mente. Mañana a primera hora te informaré de todo.
Eva también formó una hermosa familia.
La mamá de Eduardo se volvió a casar con un buen hombre es muy feliz.
Todos los que actuaron bien lograron sus objetivos ser felices.
Los que actuaron mal están pagando sus errores de una forma ú otra pero tuvieron que pagar......💔💋❤️
Qué esperaban de un matrimonio de un hombre de esa y una modelo joven que pudo traicionar al novios con su propio padre el papá de Eduardo fue capas de traicionar a su hijo por esa mujer capas de traicionar a su suegra y a su novio no tenía grandes valores humanos.......💔💋❤️