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Prometida con un Salvatierra, deseando al otro

Prometida con un Salvatierra, deseando al otro

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Dejar escapar al amor / Hija rica en bancarrota / Romance oscuro / Completas
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Estoy comprometida con Sebastián Salvatierra. El problema es que el único hombre que todavía sabe cómo hacerme perder el control es Gael, su medio hermano… y mi exnovio.
Tres años atrás abandoné a Gael sin despedirme y desaparecí de su vida. Creí que un heredero como él no tardaría en olvidarme.
Me equivoqué.
Para pagar el tratamiento de mi abuela, acepté un compromiso por conveniencia con Sebastián Salvatierra. No había amor entre nosotros, solo un acuerdo que beneficiaba a nuestras familias. Todo debía ser sencillo.
Hasta que Gael regresó de Estados Unidos la noche de nuestra fiesta de compromiso.
Ahora estudia en mi universidad, controla cada lugar al que intento escapar y disfruta llamándome cuñadita mientras se acerca demasiado. Dice que solo quiere vengarse por haberlo abandonado, pero sus manos, sus celos y la forma en que todavía recuerda cada reacción de mi cuerpo cuentan una historia diferente.
Sé que debería mantenerme lejos.
Sé que pertenece a la misma familia del hombre con quien voy a casarme.
Pero cada vez que Gael me toca, recuerdo que antes de convertirme en la prometida de un Salvatierra, fui completamente suya.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

¿Acusarme con quién?

Nunca había conocido a un hombre tan descarado.

—Adelante. Dile a Sebastián todo lo que hacemos.

Sabía que Gael estaba cansado de esconderse y deseaba que nuestra relación se hiciera pública.

Entonces podía revelarla. Podía ignorar mi situación dentro de aquel círculo y no preocuparse por el daño a mi reputación.

Cuanto más lo pensaba, más me enfurecía. Volví el rostro para que no viera mis ojos enrojecidos.

—Me equivoqué. No voy a decirle nada.

En cuanto Gael comprendió que estaba a punto de llorar, se disculpó sin discutir.

En realidad, Sebastián no tendría mucho tiempo para contar el secreto si alguna vez llegaba a descubrirlo.

Gael apoyó la barbilla en mi hombro y frotó el rostro contra mí. Sus ojos ocultaban demasiadas emociones reprimidas.

¿De verdad estaba prohibido matar a alguien?

Me lavé las manos y cubrí con maquillaje las marcas del cuello. A través del espejo observé a Gael, todavía pegado a mi espalda.

Acaricié su cabello.

—Tenemos que irnos.

Negó con la cabeza y volvió a esconder el rostro en mi cuello.

—Voy a acompañarte hasta la residencia.

Cualquier minuto adicional a mi lado lo hacía feliz.

—No puedes. ¿Qué pasará si nos ven?

Gael chasqueó la lengua.

No tener un lugar oficial era insoportable.

—¿Qué tiene de extraño que camine junto a mi cuñada?

Técnicamente, contaba con una excusa.

Me volví y lo miré con severidad.

—Está bien —cedió, bajando la cabeza.

El heredero orgulloso se encogía como un perro regañado cada vez que yo levantaba la voz.

No pude evitar sonreír. Acaricié el borde enrojecido de sus ojos.

—Puedes seguirme desde lejos. Solo procura que nadie te descubra, ¿sí?

—Sí.

***

La noche de otoño era fría.

Gael llevaba una chamarra negra, las manos en los bolsillos y una paleta de fresa entre los labios. Caminaba varios metros detrás de mí.

Su rostro indiferente rechazaba cualquier intento de acercamiento. No quedaba rastro del perro obediente de unos minutos antes.

Había demasiados estudiantes frente a la residencia de mujeres. Gael se mantuvo alejado, esperó hasta verme entrar y se volvió para marcharse.

—¡Miren! Es Gael Salvatierra.

—Otra vez vino a la residencia. Seguro dejó a su novia.

—Dicen que sale con Renata Montes. La verdad, no cualquiera está a la altura de ese hombre.

—Entonces Renata terminará casándose con Sebastián.

Gael soltó una risa fría.

¿Renata casada con Sebastián?

Renata debía tener mucho valor para permitir que los rumores llegaran tan lejos.

Se recargó contra una pared, bajó la cabeza y dejó que el cabello ocultara sus ojos. Envió su ubicación a Mateo.

*Ven por mí.*

No tenía prisa. Rompió la paleta con los dientes, encendió un cigarro y escuchó las conversaciones.

—Los Montes y los Salvatierra tienen un acuerdo matrimonial. Técnicamente Valeria está comprometida con Sebastián. Por un momento creí que esa mujer problemática terminaría casándose con él.

—Con Renata aquí, ¿de verdad piensas que elegirían a Valeria?

—Gael es muy atento. Siempre acompaña a su novia hasta…

El motor de un automóvil interrumpió la conversación.

Gael salió lentamente de la esquina. Sostenía el cigarro entre los dedos y recorrió con una mirada helada al grupo que había estado insultándome.

Las estudiantes quedaron mudas.

Acababan de comentar la vida amorosa de Gael frente a él.

No se molestó en responderles. Apagó el cigarro y lo arrojó al bote de basura cuando su teléfono vibró.

*Investigador: Ya tengo la información.*

Gael abrió la puerta del copiloto y subió al auto de Mateo.

Su amigo silbó.

—Jimena vino a buscarme otra vez. ¿Quieres saber qué dijo?

Gael ni siquiera levantó los ojos. Escribió una respuesta en la pantalla.

—Admitió que tiene una debilidad enfermiza por Nicolás y te pidió que lo dejaras en paz —continuó Mateo—. Considera esto una súplica de mi parte también.

Los herederos de las tres familias más poderosas parecían condenados a sufrir en el amor de una forma distinta.

—Está bien.

Gael se abrochó el cinturón y esperó el siguiente mensaje del investigador. Cuando apareció, sus pupilas se dilataron.

*Investigador: Sebastián y la señorita Montes firmaron un contrato adicional al compromiso.*

¿Un contrato?

Entonces no manteníamos una relación normal.

Gael tomó la computadora de Mateo del asiento trasero, abrió su correo y apoyó una mano bajo la barbilla mientras golpeaba el teclado con la otra. El anillo sencillo de su índice reflejaba pequeños puntos de luz.

Esperó hasta que llegó un nuevo correo.

Era una copia completa del acuerdo.

Leyó cada página con rapidez. Al encontrar las condiciones escritas con claridad, una sonrisa comenzó a crecer en su rostro.

*Ambas partes deberán respetarse y no podrán mantener ningún contacto físico.*

Gael rio.

Nunca se habían acostado.

Sebastián ni siquiera me había tocado.

Por supuesto que su niña buena no podía abandonarlo porque se enamoró de un hombre como aquel.

Solo estaba atrapada por las circunstancias.

Gael inventó para mí todas las explicaciones que necesitaba. No importaba que lo hubiera dejado ni las palabras crueles con las que terminé nuestra relación. Mientras no amara a otro hombre, él podía perdonarlo todo.

Terminó consolándose a sí mismo.

Una alegría obsesiva apareció en sus ojos. Levantó la mano y besó el anillo.

Lo habíamos hecho juntos durante nuestro segundo aniversario y prometimos permanecer unidos para siempre.

Cuando rompimos, yo había llorado, asegurado que nunca lo amé y arrojado el anillo al mar.

Por suerte, Gael jamás creyó aquellas palabras.

—El contrato dura tres meses…

Leyó la frase en voz baja. Sus ojos se estrecharon.

Demasiado tiempo.

Cerró la computadora después de reflexionar y marcó un número.

—Renata quiere ser la señora Salvatierra. Haz que se acerque a Sebastián.

Lo ideal era que Sebastián cancelara el compromiso por voluntad propia. Así Gael podría ocupar su lugar sin permitir que nadie hablara mal de su princesa.

Antes de terminar, añadió:

—También voy a tomar el control de la filial del Grupo Salvatierra.

***

—¡Renata se cambió a la Facultad de Finanzas!

—Hace unos meses sus admiradores decían que se había inscrito en una escuela de actuación de París porque era muy profesional. ¿Y ahora qué?

—¿De verdad creíste que le importaba estudiar? Solo quiere atención.

—Tal vez vino por Gael. Una actriz y un heredero… Me encanta esa pareja.

Renata no apareció en la universidad después de formalizar el traslado, pero los rumores continuaron durante días.

Durante el descanso, escuché sin reaccionar mientras ordenaba mis lápices. Después rompí dos bocetos recientes y los arrojé a la basura.

—¡Vale!

Camila miró los papeles con dolor.

—¿Por qué los rompiste?

—¿Qué tienen de especial?

Camila fingió secarse las lágrimas.

—Dos estudiantes de Deportes ofrecían quinientos pesos por cada dibujo en la cuenta anónima del campus.

Buscó la publicación.

—Qué extraño. Ya no está.

La había visto pocos minutos antes y todavía no conseguía los datos de contacto.

—No violaba ninguna regla… —murmuró.

Continué afilando un lápiz junto al bote de basura.

—Hoy desaparecieron muchas publicaciones —siguió Camila—. También borraron todas las que aseguraban que Gael y Renata salían en secreto.

La mano me tembló y el lápiz se partió.

Guardé la navaja, fingiendo que el comentario no significaba nada.

¿Gael había intervenido?

Sonó la campana.

—Los juegos universitarios comenzarán pronto —anunció el profesor—. Necesitamos participantes. Nuestra facultad recibió siete lugares para el equipo de animación.

El salón celebró la noticia.

La presentación del último año había aparecido en televisión nacional. La universidad la utilizaba para promocionar la energía y el talento de sus estudiantes, y por eso buscaba participantes en Bellas Artes.

—Las solicitudes están aquí. Anoten sus nombres.

La hoja desapareció bajo una multitud de manos.

—No se olviden de la carrera de tres mil metros —suplicó el representante del grupo.

Nadie le prestó atención. Todas querían presentarse ante las cámaras y destacar entre las candidatas.

—Las demás facultades solo recibieron dos lugares —dijo Camila mientras escribía su nombre—. Aquí tenemos siete. Tal vez hasta yo quede seleccionada.

Un compañero que llevaba meses enamorado de ella intervino con torpeza.

—Con ese cuerpo, te conviene más sentarte en las gradas a comer.

—Nadie pidió tu opinión —replicó Daniela.

Incluso yo, que normalmente evitaba los conflictos, me volví hacia él.

—Hablas demasiado para alguien que no se atrevió a inscribirse en los tres mil metros.

Camila lo ignoró y consiguió otras dos solicitudes.

—Daniela, Vale, participen conmigo.

—Yo no —respondió Daniela—. Esto es perfecto para Valeria. En su preparatoria era capitana del equipo de animación.

—Es verdad.

Camila recordó otro rumor.

—Tú y Gael estudiaron en la misma escuela, ¿no? Entonces debes saber quién fue su primera novia.

En Ensenada todos habían oído historias sobre aquel primer amor. A los dieciséis años, Gael afirmaba que algún día se casaría con ella. Después terminaron de forma repentina.

Bajé la mirada y apreté el lápiz.

—Dicen que hizo de todo para conquistarla —continuó Camila—. Una vez esperó toda la noche bajo la lluvia invernal solo para pasar la Navidad con ella. También pedaleaba treinta minutos cada mañana para acompañarla a la escuela.

Daniela se tapó la boca.

—¿Gael era así de romántico? No puede ser.

—Es verdad —murmuré.

En la preparatoria tenía una reputación terrible. Fumaba, se peleaba y actuaba como si ninguna regla pudiera contenerlo. Muchos lo llamaban un muchacho peligroso.

Yo era tímida y obediente. Al principio cambiaba de camino cada vez que lo veía. No sabía cómo terminé llamando la atención del joven al que todos temían.

Desde entonces, no importaba adónde fuera; al levantar la cabeza siempre encontraba a Gael bloqueándome el paso.

Era altísimo, con el cabello plateado recargado contra alguna pared. Cuando me veía, silbaba y sonreía.

—Hola, preciosa.

Recordar aquel tono descarado me hizo sonreír.

El primer amor podía ser muy dulce.

Una vez, durante una discusión, le dije que aceptaría una cita si era capaz de esperarme hasta el día siguiente. Gael pasó toda una noche de Navidad bajo la lluvia y el viento.

—Quiero ver al heredero rebelde comportándose como un romántico —exclamó Camila—. Dinos quién era ella. Aunque sea enséñanos una fotografía.

Los recuerdos felices se habían convertido en arrepentimiento.

Negué con la cabeza.

—No lo sé.

Camila se desinfló.

—La protegió muy bien. Nadie consigue averiguar nada sobre ella.

Le devolví la solicitud.

—¿Está en blanco? ¿No vas a presentarte?

—No tengo tiempo para los ensayos. Necesito trabajar.

Era una excusa. En realidad, no quería regresar a la vida que había tenido en la preparatoria.

Camila entregó la hoja con decepción. Después revisó las demás disciplinas.

—¿Carrera de autos?

Levantó la voz.

—La competencia nacional reservó un lugar para nuestra universidad. ¿Tenemos a alguien capaz de participar?

El salón se quedó en silencio.

Todos pensaron en el mismo nombre.

Gael Salvatierra.

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