Lucía Atelier, ejecutiva sofisticada pero ciega de amor, se entrega en secreto a Gabriel, un rudo piloto de pruebas. Ella cree vivir un romance salvaje, pero él la usa por ambición para robar los secretos industriales de su familia y arruinarla. Cuando Marcos, hermano de Lucía, descubre la relación e investiga al mecánico, lo acorrala. Desesperado, Gabriel secuestra a Lucía en una mansión aislada para exigir un rescate millonario. Al descubrir el chantaje, ella huye, pero Gabriel la atropella en la carretera y la deja por muerta. En la noche, Dante, el gélido y magnético líder del sindicato criminal más poderoso, la rescata y la cura en secreto. Lucía despierta con amnesia y surge entre ellos un tórrido y apasionado romance. Al recuperar la memoria y recordar la traición, Dante no solo la ayuda a regresar con su influyente familia, sino que la reclama como su mujer ante los Atelier. Con su poder letal, el mafioso removerá el cielo y la tierra para cazar a Gabriel y vengar a su reina
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CAPITULO 23. EL REGRESO DE LA HEREDERA
El sol de la tarde se filtraba con una timidez dorada entre las colinas del sur, despidiendo una de las épocas más intensas en la intimidad de la mansión. Lucía Atelier permanecía de pie frente al espejo de la suite principal, terminando de abrochar los botones de una impecable chaqueta de sastre en color verde botella. Su porte refinado y sofisticado, habitualmente seguro y decidido, había recuperado toda la fuerza de su herencia familiar. Ya no había dudas ni negrura en sus ojos claros; el flash de la carretera desierta le había devuelto su identidad por completo, pero la amarraba de forma inmanente al hombre de piedra que la esperaba en el porche de cristal.
Se giró despacio, entrelazando sus dedos fríos, y caminó hacia los pasillos de mármol para bajar al salón principal. Allí la aguardaba Dante. El imponente líder de las sombras vestía un perfecto traje sastre sastre en color marino oscuro bajo su abrigo de lana, manteniendo una estampa de una frialdad analítica absoluta. Al notar sus pisadas, Dante fijó sus ojos oscuros en las pupilas de ella con una fijeza posesiva y exigente.
—Estoy lista, Dante. Es hora de volver a casa —anunció Lucía con una voz clara, nítida y segura, dando un paso firme hacia él—. Necesito que mis padres y mi hermano Marcos sepan que estoy viva, pero quiero que vengas conmigo. No voy a regresar a mi antiguo mundo sin el hombre que se ha convertido en mi verdadero santuario.
Dante asintió con una rigidez de piedra en sus facciones afiladas, esbozando una gélida sonrisa de medio lado que denotaba que la decisión de la joven marcaba el inicio de su propia ley en la superficie. La tomó de la cintura con un agarre grande, firme y posesivo, atrayéndola contra su pecho musculoso para transmitirle un calor abrasador, antes de guiarla hacia el patio exterior, donde el súper lujoso sedán de alta gama negro aguardaba con el motor encendidoí. El trayecto de regreso se desarrolló en un absoluto silencio, con el automóvil blindado devorando los kilómetros de asfalto agrietado hacia el reencuentro definitivo.
A muchos kilómetros de allí, la quietud de la casa familiar de los Atelier se vio rota de golpe por el ronco, majestuoso y potente zumbido del motor que se detuvo frente al porche principal. En el interior del gran salón, la tristeza y el dolor seguían pesando sobre los hombros del clan. Brandon y Monique estaban sentados en el sofá abrazados, mientras conversaban con Marcos y Sara quienes habían acostumbrado a pasar mucho tiempo con ellos intentando llenar el vacio que sentían ante la ausencia de Lucia.
El chirrido de los pasos sobre la madera del recibidor hizo que todos levantaran la cabeza de golpe, con las pulsaciones acelerándose en un compás desbocado.
La puerta noble se abrió de par en par. Lucía Atelier cruzó el umbral, deteniéndose en mitad del salón con una sonrisa trémula y los ojos claros inundados de lágrimas de pura emotividad humana. El shock en la estancia fue absoluto, destructivo y desgarrador. Monique soltó un grito ahogado de puro pánico, poniéndose en pie de un salto antes de desmoronarse hacia adelante para envolver el cuerpo de su hija menor en un abrazo fuerte, posesivo y bañado en un llanto inconsolable.
—¡Lucía! ¡Mi pequeña, estás viva! ¡Dios mío, estás viva! —sollozaba Monique de la de la forma más desgarradora, mientras Brandon se incorporaba con una rigidez de piedra, uniendo sus brazos fuertes alrededor de ellas con una agitación que le hacía temblar los hombros anchos.
Marcos Atelier dio un paso al frente con la mirada desorbitada y el rostro pálido como el mármol, cayendo de rodillas al lado de su hermana para aferrarla por las manos con una furia protectora inmensa. Toda la familia, rota de desespero durante meses, se quebraba de pura felicidad en mitad del salón, atrapada en un torbellino de alivio y lagrímas.
Fue en ese preciso segundo de conmoción colectiva cuando la imponente silueta de Dante avanzó desde la penumbra del recibidor, plantándose en el centro de la estancia. El líder de las sombras barrió el espacio con una fijeza oscura y exigente en sus pupilas que denotaba que no aceptaba comandos de sastre ni protocolos ajenos a su ley.
Marcos se puso en pie muy despacio, recomponiendo su estampa robusta frente al desconocido, entornando los ojos con una seriedad aplastante.
—¿Quién es usted? ¿Qué hace en mi casa y de dónde ha sacado a mi hermana? —preguntó Marcos con una voz nítida, rasposa y de una seguridad implacable.
Dante dio un paso al frente, acortando la distancia física con el heredero de tú a tú, sosteniéndole la mirada de piedra sin pestañear. Colocó su mano grande sobre el hombro de Lucía con una delicadeza extrema y una posesividad exigente que la joven aceptó bajando la barbilla con una sumisión instintiva.
—Mi nombre es Dante Ferraro, y soy el hombre que recogió a tu hermana rota y desahuciada en la grava del arcén la madrugada en que vuestro piloto de confianza la atropelló para dejarla morir —anunció Dante con una voz profunda que heló el aire del salón—. La he curado en secreto, la he protegido, adorado y amado desde el prime segundo en que la encontré, a partir de este momento, la reclamo como mi mujer delante de su familia. Su seguridad y su vida ahora me pertenecen, tanto como yo le pertenezco a ella en mitad de la penumbra.
Un silencio sepulcral de lo más asfixiante se instaló en el salón. Brandon y Marcos intercambiaron una mirada de puro shock al escuchar el apellido y comprender que estaban frente al líder del sindicato criminal más poderoso y letal de la ciudad, un hombre tan salvaje, implacable y territorial como los propios hombres Atelier. Sin embargo, al ver la forma tan posesiva y protectora con la que Dante ceñía la cintura de Lucía y el fuego del amor real que destellaban las pupilas de la joven, el clan supo en sus adentros que estaban ante el hombre adecuado para blindar su destino.
Dante endureció las facciones, y un rencor ciego transformó sus líneas afiladas en una sentencia de muerte que hizo temblar las entrañas de los presentes.
—Sé perfectamente que habéis pagado cien millones de euros por un chantaje contable que os ha dejado ciegos en los muelles —sentenció Dante con un murmullo ronco y potente—. Pero la traición de ese infeliz no va a quedar impune. Os doy mi palabra de honor de que yo mismo os voy a traer la cabeza de Gabriel en una lona negra. A partir de esta misma noche, voy a activar todas mis conexiones con las bandas mafiosas de cada rincón del extranjero para iniciar una búsqueda implacable que removerá el cielo y la tierra. El traidor no va a tener ningún desguace donde esconderse de mi furia. La cacería internacional acaba de comenzar.