NovelToon NovelToon
Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Ecos del pasado

Sara permaneció sentada en su cama durante varios minutos, incapaz de volver a dormir.

El sueño seguía tan vivo en su memoria que podía recordar hasta el eco de los pasos de la pequeña Eris en aquel enorme salón de mármol. No había visto una diosa orgullosa ni una sembradora de conflictos. Había visto a una niña sola.

—¿Por qué soñaría con eso...? —murmuró.

Instintivamente llevó la mano al bolsillo donde guardaba el Medallón de la Discordia. La piedra violeta estaba tibia.

Por un momento sintió el impulso de arrojarlo por la ventana.

Pero otra voz, suave y persistente, susurró en su mente:

"Aún no."

Sara retiró la mano de inmediato.

—No... esto no es normal.

Aquella fue la primera vez que reconoció claramente que el medallón estaba influyendo en ella.

En el Olimpo, Atenea regresó al salón del consejo.

Zeus permanecía observando el Espejo del Mundo, mientras Hermes caminaba de un lado a otro con evidente inquietud.

—¿Alguna novedad? —preguntó Atenea.

Zeus no apartó la vista del espejo.

—Sara ha empezado a notar que algo no está bien.

Atenea dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.

—Eso significa que el medallón todavía no controla completamente su voluntad.

—Pero el tiempo se acaba —respondió Zeus—. Solo quedan siete días para que termine el castigo de Ares y Afrodita... y no sabemos cuánto resistirá.

Hermes levantó una mano.

—Tengo una idea.

Los dos lo miraron.

—No podemos acercarnos directamente a Sara, pero... ¿y si alguien de confianza la ayuda a descubrir la verdad?

Atenea comprendió inmediatamente.

—¿Hades?

Hermes sonrió.

—Él ya conoce el medallón y Sara confía en él.

Zeus guardó silencio unos segundos.

—Es arriesgado.

—Todo lo es ahora.

Finalmente, el rey de los dioses asintió.

—Entonces que Hades actúe... pero sin romper el equilibrio del mundo mortal.

En el Inframundo, Hades recorría los Campos Elíseos acompañado por Perséfone.

Las almas descansaban en paz bajo un cielo eternamente dorado.

Era uno de los pocos lugares donde incluso los dioses encontraban tranquilidad.

Perséfone rompió el silencio.

—¿Vas a volver al pueblo?

Hades asintió.

—Hoy mismo.

Ella sonrió con dulzura.

—No solo porque Zeus lo pidió.

Hades bajó la mirada.

—No.

Perséfone soltó una leve risa.

—Sabía que lo admitirías tarde o temprano.

El dios del Inframundo permaneció callado unos instantes.

—Sara tiene una capacidad extraña.

—¿Para qué?

—Hace que uno quiera protegerla... incluso cuando sabe que ella sería capaz de protegerse sola.

Perséfone sonrió.

—Eso ocurre con las personas que tienen un corazón sincero.

Mientras tanto, en el pueblo, Sara ayudaba a Daniel a reparar la cerca del huerto.

El niño notó enseguida que su hermana estaba distraída.

—¿Otra pesadilla?

Sara dejó el martillo sobre el suelo.

—Sí.

Daniel frunció el ceño.

—¿Con los dioses?

Ella negó lentamente.

—Con Eris.

El niño abrió mucho los ojos.

—¿La mala?

Sara asintió.

—Pero era una niña.

Daniel quedó pensativo.

—Tal vez estaba triste.

Sara sonrió con ternura.

—Eso mismo pensé.

El medallón vibró levemente.

"No sientas compasión."

"Ella quiere destruir todo lo que amas."

Sara cerró los ojos un instante.

No.

Sentir compasión no significaba justificar las acciones de Eris.

Podían coexistir ambas cosas.

Alguien podía haber sufrido...

Y aun así ser responsable del daño que causaba.

Era una idea difícil, pero Sara se aferró a ella.

Por primera vez, el susurro del medallón perdió fuerza.

Muy lejos del pueblo, Eris caminaba sola por un antiguo templo abandonado.

No podía dejar de pensar en lo ocurrido.

—¿Cómo pudo verla...?

El recuerdo de su infancia jamás había escapado del medallón.

Aquello era imposible.

Con un movimiento de su mano hizo aparecer el antiguo artefacto... o mejor dicho, una proyección mágica conectada con él.

Las grietas brillaban con intensidad.

La voz encerrada en su interior habló nuevamente.

—La portadora no responde como esperabas.

Eris frunció el ceño.

—Lo sé.

—Su corazón no rechaza el dolor ajeno.

Ni siquiera el tuyo.

La diosa golpeó una columna con el puño.

La piedra se agrietó.

—¡No necesito su compasión!

La voz permaneció en silencio unos segundos.

Luego respondió:

—Precisamente por eso... eres vulnerable a ella.

Eris desapareció antes de escuchar una palabra más.

No quería admitirlo.

Pero aquella respuesta la había herido.

Al caer la tarde, Hades regresó al pueblo bajo la identidad de Adán.

Sara estaba organizando unas cajas de semillas cuando lo vio acercarse.

—¡Adán!

Después sonrió con vergüenza.

—Perdón... Hades.

Él respondió con una ligera inclinación de cabeza.

—Cuando estemos solos puedes llamarme como prefieras.

Sara dejó las cajas y caminaron hasta el viejo puente.

Durante varios minutos ninguno habló.

Finalmente Hades rompió el silencio.

—No has dormido bien.

Sara lo miró sorprendida.

—¿Se nota tanto?

—Tus ojos siempre muestran lo que intentas ocultar.

Ella soltó una pequeña risa.

—Creo que empiezo a entender por qué eres tan buen juez de las almas.

Hades sonrió apenas.

Era un comentario sencillo.

Pero hacía siglos que nadie hablaba de su labor con tanto respeto.

Sara respiró hondo.

—He tenido sueños muy extraños.

—¿Sobre qué?

Ella dudó.

No sabía si debía contarlo.

Sin embargo, algo le decía que podía confiar en él.

—He soñado con Eris.

Hades no mostró sorpresa.

Solo escuchó.

—La vi cuando era una niña.

Estaba sola.

Todos la rechazaban.

Pensé que era una pesadilla... pero parecía un recuerdo.

El dios permaneció en silencio.

Aquello confirmaba lo que temía.

El medallón estaba cambiando.

—¿Crees que estoy volviéndome loca?

—No.

Respondió con absoluta seguridad.

—Creo que estás viendo cosas que otros no pueden ver.

Sara bajó la mirada.

—Entonces... ¿por qué siento tanta tristeza por ella?

Hades observó el río.

—Porque comprender el dolor de alguien no significa aprobar sus decisiones.

Sara levantó lentamente la cabeza.

Aquellas palabras coincidían exactamente con lo que había pensado esa mañana.

—Eso mismo sentía...

Hades la miró con serenidad.

—No permitas que nadie te convenza de que la compasión es una debilidad.

Ni siquiera un dios.

Sara sonrió.

Por primera vez en varios días sintió que el peso sobre su pecho disminuía.

Desde el Olimpo, Ares y Afrodita observaban aquella conversación a través del Espejo del Mundo.

Ares suspiró.

—Hades la está ayudando.

Afrodita sonrió.

—Me alegra.

Ares la miró de reojo.

—¿No tienes celos?

Ella soltó una pequeña carcajada.

—No.

¿Por qué debería tenerlos?

—Porque pasa mucho tiempo con ella.

Afrodita negó con dulzura.

—Si alguien protege a la persona que quiero mientras yo no puedo hacerlo...

Lo único que puedo sentir es gratitud.

Ares sonrió.

—Supongo que tienes razón.

Sin embargo, ninguno de los dos notó un pequeño destello violeta que apareció durante un instante en el borde del Espejo del Mundo.

El Medallón de la Discordia seguía buscando una grieta.

Y aunque Sara comenzaba a resistir su influencia...

Los corazones de los dioses también podían ser alcanzados.

En las sombras del Olimpo, Eris observó ese pequeño destello y sonrió de nuevo.

—Si no puedo romper a Sara...

Entonces romperé a quienes la aman.

Y esa vez, su mirada se dirigió directamente hacia Ares, Afrodita... y Hades.

Porque el siguiente objetivo del medallón ya no sería un corazón mortal.

Sería el de los propios dioses.

Fin del Capítulo 23.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play