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SERAS MIA

SERAS MIA

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO / Mafia
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: La verdad de Victoria

Emma permaneció inmóvil.

El teléfono seguía en su mano.

La llamada había terminado, pero la voz de su padre continuaba resonando dentro de su cabeza.

«No confíes en nadie. Ni siquiera en tu madre.»

Victoria no decía una palabra.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

Adrián fue el primero en romper el silencio.

—Victoria...

¿Qué significa esto?

Ella bajó la mirada.

—Significa que llegó el momento de contarle toda la verdad.

Emma sintió que algo dentro de ella se rompía.

—¿Toda?

Victoria asintió.

—Toda.

—Entonces empezá por decirme quién me sacó del incendio.

Victoria cerró los ojos.

—Yo.

Emma quedó paralizada.

—¿Vos?

—Sí.

—¿Y por qué mi papá dijo que no confiara en vos?

Victoria tragó saliva.

—Porque no conocía toda la historia.

—¿Entonces estaba equivocado?

—No.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Qué querés decir?

Victoria se acercó lentamente.

—Tu padre tenía razones para desconfiar de mí.

Pero también tenía razones para confiar.

La verdad está en medio de ambas cosas.

Adrián observaba a Victoria con atención.

—No entiendo.

Victoria se sentó frente a ellos.

Parecía agotada.

Como si hubiera cargado aquel secreto durante demasiado tiempo.

—La noche del incendio, Alexander me llamó.

Me dijo que habían descubierto que alguien quería llevarse a Emilia.

Me ordenó que sacara a los tres niños de la mansión.

—¿A los tres? —preguntó Daniel.

—Sí.

A vos, a Adrián y a Emilia.

Daniel frunció el ceño.

—Entonces vos fuiste quien nos sacó.

—Sí.

Emma sintió que una imagen volvía a su mente.

Una mujer corriendo con ella en brazos.

Humo.

Gritos.

Un pasillo lleno de fuego.

Y después...

Una puerta.

—Te recuerdo... —susurró.

Victoria se acercó.

—¿Qué recordás?

—Me llevabas en brazos.

Estabas llorando.

Y alguien gritaba detrás de nosotras.

Victoria comenzó a llorar.

—Intenté llegar hasta tu padre.

Pero el fuego bloqueó el camino.

Entonces escuché disparos.

Emma cerró los ojos.

—¿Quién disparaba?

Victoria negó.

—No lo vi.

Solo escuché una voz.

—¿De quién?

—No lo sé.

Pero esa voz...

era de alguien que conocíamos.

Petrov dio un paso adelante.

—Victoria.

Hay algo que todavía no estás contando.

Ella lo miró.

—Lo sé.

Emma observó a ambos.

—¿Qué?

Victoria respiró profundamente.

—Cuando salimos de la mansión, no estábamos solos.

Había alguien esperándonos afuera.

—¿Quién? —preguntó Adrián.

—Un hombre enviado por Alexander.

Nos llevó a un vehículo y nos indicó dónde escondernos.

Pero antes de llegar...

Nos atacaron.

Daniel intervino.

—¿Y qué pasó conmigo?

Victoria bajó la mirada.

—Nos separaron.

—¿Quién?

—Los hombres de Helios.

Emma sintió un escalofrío.

—Entonces Helios sí fue responsable de nuestro secuestro.

—En parte.

—¿En parte?

Victoria asintió.

—Ellos querían a los tres.

Pero no para matarlos.

Querían estudiar el Proyecto Legado.

Emma frunció el ceño.

—¿Estudiarnos?

—No exactamente.

Querían utilizar nuestros vínculos familiares para activar un sistema que Alexander había creado.

Adrián recordó la consola.

—Las tres identidades.

Victoria asintió.

—Exactamente.

—¿Y por qué nosotros tres?

—Porque Alexander había dividido el acceso al legado.

Emilia tenía la llave principal.

Daniel tenía la segunda autorización.

Y vos, Adrián...

tenías el código de protección.

Adrián quedó en silencio.

Todo comenzaba a encajar.

—Por eso el sistema me reconoció como protector.

—Sí.

Emma se acercó a su madre.

—Entonces decime algo.

¿Por qué me dejaron con los Rossi?

Victoria bajó la mirada.

—Porque necesitaba que tuvieras una vida normal.

—¿Normal?

Emma soltó una risa amarga.

—No sabía quién era.

No sabía que tenía padres vivos.

No sabía que tenía una familia.

No sabía que me estaban buscando.

Victoria aceptó sus palabras sin defenderse.

—Lo sé.

Y lo siento.

Pero si te hubiéramos llevado con nosotros...

Te habrían encontrado.

Emma se quedó en silencio.

No podía odiarla.

Pero tampoco podía perdonarla todavía.

Había demasiado dolor.

De repente, Daniel habló.

—Hay algo que no entiendo.

Si Victoria nos sacó del incendio...

¿Quién me llevó después?

Victoria lo miró.

—No lo sé.

—Entonces alguien más estuvo allí.

—Sí.

Petrov levantó la cabeza.

—Yo sé quién fue.

Todos se giraron hacia él.

Emma frunció el ceño.

—¿Quién?

Petrov tardó unos segundos.

—Un hombre llamado Gabriel.

Adrián preguntó:

—¿Quién era?

—El segundo al mando de Alexander.

Y el único hombre que conocía todos los caminos secretos de la mansión.

Daniel se acercó.

—¿Dónde está?

Petrov negó.

—Desapareció la misma noche que ustedes.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Y nunca lo encontraron?

—No.

Pero hace tres años apareció una señal.

Adrián se tensó.

—¿Qué señal?

Petrov sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo.

—Una transmisión.

Una sola frase.

"La heredera todavía no está preparada."

Emma sintió que la piel se le erizaba.

—¿Hace tres años?

Petrov asintió.

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque no sabía quién estaba detrás de la transmisión.

Adrián tomó el dispositivo.

—¿Podemos rastrearla?

Petrov negó.

—Ya lo intentamos.

Pero hay algo extraño.

La señal apareció en tres lugares diferentes al mismo tiempo.

Emma frunció el ceño.

—Eso es imposible.

—Exactamente.

Daniel observó el dispositivo.

—A menos que fueran transmisiones falsas.

Petrov asintió.

—Eso pensé.

Victoria se levantó lentamente.

—Entonces alguien quería hacernos creer que Gabriel estaba vivo.

Adrián miró a Emma.

—O quería que buscáramos a la persona equivocada.

En ese momento, el teléfono volvió a sonar.

Todos se quedaron quietos.

Emma miró la pantalla.

No había número.

Solo aparecía una palabra:

HELios.

Adrián tomó el teléfono antes que ella.

—¿Quién habla?

Una voz masculina respondió.

—No estás hablando con quien creés.

Adrián frunció el ceño.

—¿Quién sos?

—Alguien que conoce la verdad sobre Victoria.

Emma se acercó.

—¡Quiero hablar con él!

La voz respondió:

—Claro, Emilia.

Pero antes necesito que sepas algo.

Tu madre no fue la única persona que te sacó del incendio.

Hubo otra.

Una persona que permaneció a tu lado durante años.

Una persona que conocés muy bien.

Emma miró a Adrián.

Después a Damián.

Finalmente a Petrov.

La voz continuó:

—Y cuando descubras quién es...

Vas a entender por qué tu padre nunca quiso que volvieras a casa.

La llamada se cortó.

Emma sintió un vacío en el pecho.

Adrián miró a todos.

—Esto no termina acá.

Petrov guardó silencio.

Pero Damián había comenzado a palidecer.

Emma lo notó.

—Damián...

¿Qué pasa?

Él levantó lentamente la mirada.

—Yo sé quién fue.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Quién? —preguntó Adrián.

Damián respiró profundamente.

—La persona que te sacó del incendio...

Fui yo.

El silencio fue absoluto.

Emma miró a Damián sin comprender.

—¿Vos...?

Damián bajó la mirada.

—Sí.

—¿Vos me sacaste del incendio?

—Sí.

Adrián avanzó hacia él.

—¿Cómo es posible? Eras apenas un chico.

Damián respiró profundamente.

—Tenía doce años.

Emma sintió que un recuerdo comenzaba a formarse.

Humo.

Una mano pequeña tomando la suya.

Una voz diciéndole:

—No tengas miedo. Salimos juntos.

Se llevó una mano a la cabeza.

—Yo te recuerdo...

Damián levantó la mirada.

—Lo sé.

—Eras vos.

—Sí.

Emma cerró los ojos.

La memoria volvió en fragmentos.

Ella estaba escondida detrás de una puerta.

Tenía miedo.

Damián había aparecido entre el humo.

La había tomado de la mano y la había llevado por un pasillo secreto.

Después habían llegado a una habitación subterránea.

Pero allí alguien los esperaba.

—¿Quién? —preguntó Emma.

Damián permaneció en silencio.

Victoria se acercó.

—Yo sé quién.

Todos la miraron.

—Gabriel.

Petrov abrió los ojos.

—¿Gabriel estaba allí?

Victoria asintió.

—Sí.

Él fue quien recibió a Damián y a Emilia después de sacarlos de la mansión.

Adrián frunció el ceño.

—Entonces Gabriel no desapareció esa noche.

—No.

Se llevó a Damián.

Y a Emilia.

El silencio volvió a apoderarse de la habitación.

Damián comenzó a recordar.

—Después de salir de la mansión, Gabriel nos llevó hasta un vehículo.

Yo tenía miedo.

Emilia estaba llorando.

Pero él nos prometió que nuestros padres vendrían por nosotros.

—¿Y qué pasó? —preguntó Emma.

—Nos llevaron a lugares diferentes.

A vos te entregaron a los Rossi.

A mí me llevaron a otra familia.

Daniel fue llevado por otro grupo.

Nos separaron para que nadie pudiera encontrarnos.

Emma sintió un nudo en la garganta.

—¿Y vos sabías quién era yo?

—Sí.

Pero me dijeron que si intentaba buscarte...

Nunca volvería a verte.

—¿Quién te lo dijo?

Damián levantó la mirada.

—Alekséi.

Adrián apretó los puños.

—Entonces trabajabas para él.

—Al principio.

Damián respiró profundamente.

—Pero con los años descubrí que Alekséi tampoco conocía toda la verdad.

Él recibía órdenes.

Al igual que nosotros.

Emma se acercó.

—¿De quién?

Damián la miró directamente.

—De Gabriel.

Petrov cerró los ojos.

—Lo sabía...

Victoria negó lentamente con la cabeza.

—No puede ser.

Gabriel era el hombre más leal de Alexander.

—Precisamente por eso nadie sospechó de él —respondió Petrov.

Adrián miró a Damián.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

—Hace tres años.

—¿Y qué te dijo?

Damián tardó en contestar.

—Me dijo que Emilia todavía no estaba preparada.

Emma sintió un escalofrío.

La misma frase que Petrov había recibido en aquella transmisión.

—Entonces era él.

Damián asintió.

—Sí.

De repente, Samuel se acercó lentamente.

—Eso cambia todo.

Adrián lo miró.

—¿Por qué?

—Porque Gabriel no podía haber dirigido Helios solo.

Petrov negó.

—No.

Tenía acceso a los archivos.

Conocía las rutas secretas.

Sabía dónde estaban los niños.

Y conocía las claves de Alexander.

Pero necesitaba alguien dentro de la organización.

Samuel palideció.

—Entonces había otra persona.

Emma observó a todos.

—¿Quién?

Nadie respondió.

Hasta que Daniel habló.

—La mujer que apareció en mis recuerdos.

Todos giraron hacia él.

—¿Qué mujer?

Daniel cerró los ojos.

—La que me sacó de la habitación.

La que estaba con Petrov.

Petrov quedó inmóvil.

—No.

Daniel lo miró.

—Sí.

Ahora recuerdo su rostro.

Era Elena.

Emma sintió un escalofrío.

—¿La directora de Helios?

Daniel asintió.

—Ella estaba allí.

De repente, todas las pantallas del laboratorio se encendieron.

Una imagen apareció.

Elena.

Su rostro estaba serio.

—Veo que finalmente comenzaron a recordar.

Emma dio un paso hacia la pantalla.

—¿Dónde estás?

—Muy lejos.

—¿Trabajás para Gabriel?

Elena guardó silencio.

Después respondió:

—Durante mucho tiempo.

Victoria cerró los ojos.

—Sabía que no podíamos confiar en ella.

Elena negó.

—No entienden.

Yo no trabajaba para Gabriel.

Trabajaba para protegerlos de él.

Adrián frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué estabas con él?

—Porque era la única forma de saber qué estaba planeando.

Emma se acercó a la pantalla.

—¿Dónde está mi padre?

Elena respiró profundamente.

—Alexander está vivo.

Victoria se llevó una mano al pecho.

Emma sintió que las piernas le temblaban.

—¿Dónde?

—En un lugar que Gabriel jamás podrá encontrar.

—Quiero verlo.

—Lo harás.

Pero antes tenés que encontrar la última llave.

Adrián preguntó:

—¿Qué llave?

Elena respondió:

—La que tiene Damián.

Todos miraron al joven.

Damián quedó completamente sorprendido.

—Yo no tengo ninguna llave.

Elena sonrió.

—La llevás con vos desde aquella noche.

Damián comenzó a revisar sus bolsillos.

Sacó un pequeño colgante que llevaba alrededor del cuello.

Emma lo reconoció.

—Eso...

—¿Qué?

—Mi papá tenía uno igual.

Damián observó el colgante.

Presionó una pequeña pieza.

El objeto se abrió.

Dentro había una diminuta llave de metal.

Todos quedaron en silencio.

Elena habló nuevamente.

—Esa llave abre la cámara donde Alexander escondió la prueba definitiva.

—¿La prueba contra Gabriel? —preguntó Adrián.

—No.

La prueba contra la persona que estaba detrás de Gabriel.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Hay alguien por encima de él?

—Sí.

Y esa persona...

Está mucho más cerca de ustedes de lo que imaginan.

La transmisión comenzó a perder señal.

Emma gritó:

—¡Elena!

Pero la pantalla se apagó.

Damián cerró el puño alrededor de la pequeña llave.

Adrián miró a Petrov.

—¿Dónde está esa cámara?

Petrov permaneció en silencio.

Emma se acercó.

—Petrov.

El anciano levantó la vista.

—Está debajo de la mansión Volkov.

Victoria palideció.

—No...

—¿Qué pasa? —preguntó Emma.

Victoria respondió:

—La cámara está debajo del lugar donde comenzó el incendio.

Adrián tomó su arma.

—Entonces volvemos a casa.

Damián miró la pequeña llave.

—Y esta vez...

Vamos a descubrir toda la verdad.

Pero antes de que pudieran salir, el teléfono de Emma recibió un último mensaje.

Solo contenía una fotografía.

Era una imagen reciente de Alexander.

Estaba vivo.

Y junto a él había una persona cuya identidad hizo que Emma dejara caer el teléfono.

Era alguien que todos creían muerto.

Continuará...

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Laura Castañon
como que clase de regalo
Laura Castañon
continuenla👏 porfis esta bien bonita
Laura Castañon: muchísimo
total 1 replies
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