NovelToon NovelToon
Obsesión por la Niñera

Obsesión por la Niñera

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Mafia / Niñero / Romance de oficina / Completas
Popularitas:106
Nilai: 5
nombre de autor: Cintia _Escritora

Clara es una joven valiente que, tras la muerte de su padre y frente a las dificultades económicas de su familia, ve en un trabajo como niñera la oportunidad de cambiar la vida de todos. Es contratada para cuidar de Pedro, un niño pequeño y frágil, en la lujosa e imponente mansión de Enrico, un hombre rico, autoritario y enigmático.

Al principio, Enrico impresiona a Clara con su mirada intensa, sus reglas estrictas y su actitud distante, transmitiendo poder y control en cada gesto. Pero, a medida que Clara se acerca a Pedro, ganándose su confianza y demostrando dedicación y cariño, surge una tensión silenciosa entre ella y Enrico. Entre enfrentamientos y momentos de vulnerabilidad, nace la semilla de un sentimiento inesperado, delicado y peligroso, pues Enrico es tan intenso como misterioso.

NovelToon tiene autorización de Cintia _Escritora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

SR. ENRICO

La noche cae pesada sobre la mansión. El silencio es casi absoluto, excepto por el tic-tac amortiguado del reloj en el pasillo. Camino hacia la habitación de Pedro, como hago todas las noches, para asegurarme de que esté bien. Y claro, para mirar y pasar un ratito con mi niño.

Pero cuando abro la puerta, la visión me paraliza.

Pedro no está en su propia cama. Está encogido, acostado a su lado. Su rostro apoyado en su brazo, sus bracitos agarrados a su sapito, como si hubiera encontrado allí un refugio seguro.

Por un instante, siento algo raro: paz. Un calor extraño en el pecho, como si la presencia de ella realmente trajera equilibrio para mi hijo. Es bonito, casi perfecto.

Mi mirada se desliza hacia ella. Clara duerme de lado, el cabello suelto caído por la cama, los rasgos delicados iluminados por la débil luz de la lámpara. Hay una levedad en su expresión que calienta mi corazón, tiene algo único... algo que aún no sé qué es... pero que me conmueve demasiado.

Me acerco, despacio, estudiando cada detalle. Ella es... diferente. Irritantemente diferente. Carga una luz que no combina con esta casa, que no combina conmigo. Lo que me hace sentir que estoy perdiendo el control... y yo no puedo perder.

- ¿Srta?

- ¿Srta?

- Srta. Clara... despierte. Mi voz es firme.

Ella se mueve despacio, soñolienta. Parpadeando los ojos.

- ¿Sr? ¿Qué... qué pasó?

Con cuidado, desliza los brazos, toma al niño en brazos y lo lleva hasta su cama. El niño murmura, pero luego vuelve a dormir.

Cuando ella se gira, percibe mi mirada. Está en pijama, un tejido simple, pero que la deja vulnerable demasiado delante de mí. Tal vez ella perciba eso también, porque inmediatamente se pone un abrigo antes de acercarse.

- ¿Qué pasó? Pregunta nuevamente en tono bajo.

- Necesitamos conversar. No espero respuesta. Apenas me giro y sigo por el pasillo.

Ella me acompaña en silencio, los pasos leves detrás de los míos. Bajamos hasta la cocina. El ambiente es amplio, frío, iluminado apenas por las luces amarillas sobre la encimera de mármol, ideal para evitar acercamientos innecesarios.

La encaro de frente.

- ¿Qué cree que está haciendo?

- ¿Yo? ¿Yo estaba durmiendo?

- Srta., usted está mimando demasiado a mi hijo.

Ella frunce el ceño.

- ¿Mimando? Él es un niño, Sr. Enrico. Necesita cariño. Necesita seguridad.

- Mi hijo NUNCA durmió en la cama de una niñera.

- Si tiene que dormir, que sea con el Padre de él. Respondo seco.

- La rutina existe por un motivo. Si continúa así, va a arruinar al niño.

Ella cruza los brazos, encarando mi mirada como si no tuviera miedo.

- Amor nunca arruinó a nadie. Lo que arruina es la ausencia de él. El señor habla de disciplina, de rutina perfecta, pero... disculpe, es hipocresía. Dice que hace todo pensando en Pedro, pero solo toma decisiones estúpidas.

Mi sangre hierve.

- Cuidado con las palabras, jovencita.

Ella no retrocede. Su coraje me irrita.

- Nadie tiene la culpa si el Señor no fue amado. Pero Pedro no necesita pagar ese precio.

El aire entre nosotros pesa. Yo me acerco, un paso, ella da media vuelta para salir. Sin pensar, sujeto su brazo y la jalo. El movimiento la hace perder el equilibrio. En un reflejo, la sujeto por la cintura.

Por algunos segundos, el tiempo para. El calor de su cuerpo tan próximo, el perfume suave, los ojos azules desorbitados que encuentran los míos. Hay algo allí... algo que no puedo permitir.

Rápidamente la enderezo, apartando las manos.

- Usted es testaruda. Insolente. Digo, recuperando el tono frío.

- No lo soy. Solo estoy haciendo lo mejor para Pedro.

- Srta. yo soy padre soltero, crío a Pedro desde que nació. Sé cómo criar a mi propio hijo.

Ella me encara, la voz firme, pero con un tono de curiosidad.

- ¿Padre soltero?

Desvío la mirada, hablé de más. Pero da igual, en un momento ella iba a acabar sabiendo. Entonces continúo...

- La madre de él se fue. Nos abandonó para vivir con otro hombre.

Ella respira hondo.

- ¿Cuándo?

- Cuando Pedro tenía tres meses.

Sus ojos se llenan de una tristeza que no es de ella, es por nosotros.

- Entonces... él prácticamente nunca convivió con la madre.

Un nudo prende mi garganta. Odio esa sensación. Odio sentirme expuesto. Pero ella me mira con tanta empatía, con tanta... humanidad, que por un segundo casi cedo.

Casi.

Endurezco el rostro, retrocediendo un paso.

- Mire, usted necesita respetar los límites y cuidar de su vida. Corto, seco.

- Haga su trabajo y no sobrepase los límites.

Giro la espalda, saliendo de la cocina antes de que ella intente decir algo más.

Mientras camino por el pasillo oscuro, siento mi corazón acelerado. No por lo que dije... sino por la forma en que ella me miró. Como si hubiera visto un dolor que yo mismo escondo de mí.

Y eso... eso es peligroso demasiado.

Entro en mi habitación, cierro la puerta con llave. Me acuesto, para dormir... mis pensamientos... solo tiene a ella. ¡Clara! Qué olor bueno, qué piel suave... aquellos labios.

Cuando me doy cuenta, estoy sujetando mi miembro y masturbándome.

- ¡Maldición, Enrico! ¿Qué está sucediendo?

Yo paro, respiro hondo.

- ¡Maldición! Necesito controlarme. Maldición, ella es solo una maldita niñera y nada más... nada.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play