Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Señor Esposo 3
Al día siguiente...
El duque Edward Montagu estaba preparado.
Muy preparado.
Antes de salir de su despacho incluso repasó mentalmente cada uno de los puntos.
[Babero.]
[Cucharadas pequeñas.]
[No apresurar.]
[Probabilidad alta de escupitajos.]
[Defender la cuchara.]
[Daños colaterales inevitables.]
Asintió para sí mismo.
[Estoy listo.]
Cuando llegó al jardín encontró exactamente la misma escena del día anterior.
Harriet estaba sentada sobre la manta.
Pero esta vez no jugaban.
Tenía un enorme libro ilustrado abierto sobre las piernas.
Edward se detuvo unos segundos observando.
Los niños apenas tenían casi un año.
No hablaban.
No sabían leer.
Entonces...
¿Por qué estaba leyendo con ellos?
Harriet levantó la vista.
Sonrió.
La misma sonrisa diplomática.
—Buenos días, señor esposo.
Edward respondió con idéntica cortesía.
—Buenos días... esposa.
Otra vez.
Las mismas sonrisas.
La misma cordialidad exagerada.
Y las mismas ganas de discutir.
Edward desvió la mirada hacia el libro.
Harriet señalaba un dibujo.
—Ár...
Hablaba muy despacio.
—...bol.
Eric la observaba completamente concentrado.
Luego señaló otro dibujo.
—Pe... ...rro.
Ellie intentó repetir algún sonido.
Solo consiguió un pequeño balbuceo.
Harriet sonrió con orgullo.
—¡Muy bien!
Edward frunció ligeramente el ceño.
[Pero...]
[No entienden.]
Harriet pasó la página.
Apareció un caballo.
—Ca... ...ba... ...llo.
Repetía lentamente.
Una y otra vez.
Como si esperara que en cualquier momento los niños respondieran.
Edward siguió observando.
[Ella sabe...]
[Que todavía no pueden hablar.]
Pero no parecía importarle.
Harriet seguía enseñándoles.
Después cerró el libro.
—Muy bien. Ahora toca jugar.
Sacó unas pequeñas figuras de madera.
Comenzó a hacer voces completamente ridículas.
Eric soltó una carcajada.
Ellie empezó a aplaudir con entusiasmo.
Edward sintió que aquella escena era extrañamente agradable.
Entonces apareció el mayordomo.
Con la puntualidad de siempre.
—Lady Harriet.
Ella levantó la vista.
Miró inmediatamente al duque.
Sonrió con desafío.
—Supongo... Que tiene trabajo.
Edward recordó inmediatamente la conversación de la noche anterior.
Y todas sus notas.
Esta era su oportunidad.
Enderezó la espalda.
—Tengo trabajo.
Harriet levantó una ceja.
Edward continuó.
—Pero puedo ayudar.
Silencio.
Harriet abrió ligeramente los ojos.
[No...]
[¿Aceptó?]
[de verdad?]
Por primera vez desde que lo conocía...
Había respondido exactamente lo contrario de lo que esperaba.
Edward sintió una pequeña satisfacción.
[Punto para mí.]
Los cuatro caminaron hasta un pequeño comedor.
No era el enorme salón donde el duque recibía invitados.
Era una habitación mucho más cálida.
Con grandes ventanales.
Una mesa pequeña.
Y mucha luz natural.
Los niños fueron acomodados en sus sillitas.
Edward respiró profundamente.
[Misión ducal.]
[Comienza.]
Tomó un babero.
[Primer paso.]
Se lo colocó cuidadosamente a Eric.
[Bien.]
Después tomó una cucharita.
[Pequeñas cantidades.]
Acercó lentamente el puré.
Eric abrió la boca.
Edward sonrió internamente.
[Funciona.]
Cinco segundos después...
El puré terminó directamente sobre la manga del duque.
Harriet mordió el interior de su mejilla.
[No te rías.]
[No te rías.]
[No...]
Eric soltó una carcajada.
Edward recordó inmediatamente sus apuntes.
"Alta probabilidad de escupir."
[El mayordomo tenía razón.]
Continuó.
Segundo intento.
Tercero.
Cuarto.
Poco a poco comenzó a tomarle el ritmo.
Mientras tanto...
Harriet alimentaba a Ellie con una naturalidad admirable.
Sabía exactamente cuándo esperar.
Cuándo ofrecer otra cucharada.
Cuándo distraerla.
Cuándo limpiar su carita.
Edward la observó un instante.
[Tiene experiencia.]
No podía negarlo.
Sin embargo...
Él tampoco lo estaba haciendo mal.
Al terminar...
Eric había comido casi todo.
Y Ellie también.
Claro...
El precio había sido alto.
Harriet tenía puré sobre una manga.
Un poco en el cabello.
Y una pequeña mancha en la mejilla.
Edward estaba incluso peor.
Tenía una diminuta marca de comida sobre el cuello.
Otra en la chaqueta.
Y una sospechosamente grande cerca del puño.
Harriet lo miró unos segundos.
Luego sonrió.
Esta vez...
Una sonrisa completamente sincera.
—Le fue bastante bien...
Hizo una pequeña pausa.
—...señor esposo.
Edward sintió una satisfacción difícil de explicar.
Como si acabara de ganar una importante batalla.
Asintió con discreta dignidad.
—Gracias.
[Pensando bien...]
[No estuvo tan mal.]
Harriet observó a los niños.
Después volvió a mirarlo.
—Entonces...
Edward sintió un mal presentimiento.
—¿Sí?
—¿También nos ayudará con el baño?
Silencio.
Edward imaginó inmediatamente a dos bebés moviéndose dentro de una tina.
Agua salpicando.
Jabón.
Toallas.
Caos.
[No.]
Negó con absoluta rapidez.
—Debo volver al trabajo.
Harriet sonrió.
—Entiendo.
Edward hizo una pequeña inclinación.
Y salió del comedor.
Con toda la dignidad posible.
Apenas desapareció por el pasillo...
Harriet soltó una carcajada.
—Sabía que diría que no.
Mary también rio.
—Pero al menos ayudó con la comida.
Harriet asintió.
—Sí.
Va aprendiendo.
Aquella misma noche...
Edward volvió a llamar discretamente al mayordomo.
El anciano apareció con una expresión perfectamente seria.
Aunque ya sospechaba el motivo.
—¿Su Excelencia?
Edward carraspeó.
—Necesito información.
—Por supuesto.
El duque respiró profundamente.
—¿Cómo... se baña a un niño pequeño?
El mayordomo bajó ligeramente la cabeza para ocultar la sonrisa que amenazaba con aparecer.
[Ya empezó la segunda misión.]
Edward tomó nuevamente papel y pluma.
—Comience.
El mayordomo respondió con total profesionalismo.
—Primero debe comprobar la temperatura del agua.
Edward escribió.
"Verificar temperatura."
—Después preparar la ropa limpia antes de comenzar.
"Organizar equipo previamente."
—Nunca dejar solo al niño.
"Jamás abandonar el puesto."
Edward asentía mientras escribía.
—¿Y si intenta ponerse de pie?
—Lo sostiene con firmeza.
Edward anotó.
"Evitar accidentes."
—¿Y si salpica?
El mayordomo sonrió.
—Lo hará.
Edward escribió resignado.
"Aceptar que habrá agua por todas partes."
Siguieron casi media hora más.
El duque hacía preguntas con la misma seriedad con la que preparaba una estrategia militar.
Cuando terminaron...
Revisó cuidadosamente todas sus notas.
Asintió satisfecho.
—Perfecto.
El mayordomo hizo una reverencia.
Mientras abandonaba el despacho pensó divertido:
[Pobre Lady Harriet...]
[Cree que está educando a un esposo orgulloso...]
[Y no sabe que, todas las noches...]
[El orgulloso duque Montagu está estudiando para no hacer el ridículo delante de ella.]