Anastasia Starling era una asesina de élite, la número uno de su mundo. Hasta que la traición de su persona de confianza le costó la vida.
Pero la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, descubre que ha transmigrado al cuerpo de una joven noble huérfana: débil, cobarde y despreciada por todos. Una mujer convertida en sacrificio político por orden del Rey Felix, obligada a casarse con el hombre más temido del continente: Alessandro Magnus, el Gran Duque apodado el Ángel de la Muerte de Sangre Fría.
Un esposo que, según los rumores, no duda en cortar la cabeza de quien le desagrade.
Cualquier otra mujer temblaría de terror. Anastasia sonríe.
Porque dentro de su alma conserva un arsenal moderno —dagas de titanio, pistolas, granadas— almacenado en un misterioso espacio dimensional. Y décadas de experiencia como la asesina más letal de su era.
Lo que nadie espera es que esta "esposa sumisa" mate a veinte asesinos la noche de su boda, desarme conspiraciones políticas con la misma facilidad con la que prepara el té, y provoque al temible Gran Duque hasta hacerlo perder la compostura con una sola caricia.
Anastasia no vino a ser la pieza de ajedrez de nadie.
Vino a voltear el tablero.
Entre batallas sangrientas, intrigas palaciegas y una tensión romántica que arde con cada encuentro, Anastasia y Alessandro descubrirán que la línea entre el depredador y la presa nunca estuvo donde creían.
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UNA BOFETADA PARA ARKAN
—S-Solo le dije a la Consorte Elena que el Príncipe Heredero viajó al territorio de Magnus en secreto, Madam. ¡Se lo juro, solo eso! —respondió Maya con voz temblorosa, las lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos.
—Este collar queda confiscado, y a partir de esta noche serás trasladada a la sección de lavandería —sentenció Madam J sin un ápice de compasión.
—Pero Madam, el collar...
—¿O prefieres que informe de tu espionaje directamente al Emperador? La horca suena bien para una sirvienta traidora —la interrumpió Madam J con un tono plano pero letal.
Maya enmudeció por completo y solo pudo agachar la cabeza con resignación, lamentando su suerte: acababa de saborear la riqueza instantánea y debía perderlo todo en un instante.
Con pasos pesados y la cabeza gacha, Maya se alejó por el corredor.
* * *
La noche se hacía más profunda en el territorio de Magnus. En los pasillos del castillo, apenas iluminados por unas cuantas antorchas en las paredes, el silencio era absoluto.
La puerta de la habitación de Anastasia se abrió con lentitud, sin producir el menor sonido.
Anastasia salió, ya cambiada con una bata de dormir que envolvía su esbelta figura. Su largo cabello caía suelto, y sus ojos azules relucían afilados en la oscuridad de la noche.
Caminó con pasos tranquilos pero decididos hacia el lugar donde el Príncipe Arkan estaba encerrado.
Al llegar frente a la habitación de huéspedes convertida en celda, los seis Caballeros de Magnus que hacían guardia se irguieron de inmediato y desenvainaron sus espadas por reflejo.
¡SHING!
Sin embargo, al ver quién era la recién llegada, bajaron sus armas al instante y se inclinaron con respeto.
—Saludos, Su Excelencia la Gran Duquesa —dijo uno de los Caballeros en tono bajo, cargado de reverencia.
—Abran la puerta. Deseo ver a nuestro distinguido huésped un momento —ordenó Anastasia. Su voz sonaba impasible, pero cargada de una autoridad imposible de cuestionar.
Los Caballeros intercambiaron miradas fugaces, dudosos, pues la orden del Gran Duque había sido mantener a Arkan estrictamente encerrado.
Anastasia, al notar la vacilación, esbozó una sonrisa torcida.
—¿Qué pasa? ¿Temen que me lastime otra vez ese hombre débil de ahí dentro? Tranquilos, mi esposo ya sabe que vine aquí —mintió Anastasia con absoluta naturalidad.
Al escuchar que invocaba al Gran Duque, uno de los Caballeros se apresuró a tomar la llave grande que llevaba en el cinto.
—Entendido, Gran Duquesa. Adelante —dijo uno de los guardias.
Clic
La puerta se abrió. Anastasia entró con elegancia y les hizo una señal para que cerraran la puerta desde afuera.
Dentro de la habitación, Arkan, que no había podido conciliar el sueño en absoluto, saltó de la cama en cuanto oyó la puerta abrirse.
Su rostro desaliñado se tensó al ver que quien entraba no era Alessandro ni un sirviente, sino Anastasia.
—Anastasia... ¿tú? —dijo Arkan, con la voz ronca por la frustración.
Arkan caminó a paso rápido hacia Anastasia, la mirada llena de una mezcla confusa de ira y falsa esperanza.
Anastasia se detuvo justo frente a Arkan, cruzó los brazos sobre el pecho y observó a su ex prometido con una expresión de profundo desprecio. Pensar que la dueña original de este cuerpo se había enamorado de un hombre tan estúpido como Arkan le resultaba incomprensible.
—¿Qué tal las instalaciones de la habitación de huéspedes en la residencia de mi esposo? ¿Suficientemente cómoda para un prisionero político? —preguntó Anastasia en un tono tremendamente despectivo.
Al escuchar ese tono tan frío de Anastasia, la esperanza de Arkan de que ella hubiera venido a liberarlo se desmoronó al instante. La mandíbula se le volvió a tensar.
—¡Te has pasado de la raya, Anastasia! ¿Qué es lo que realmente quieres, eh? ¡¿Me calumniaste a propósito delante de Alessandro y ahora vienes a burlarte de mí?! —le gritó Arkan, tratando de intimidarla avanzando hacia ella.
Pero Anastasia no retrocedió ni un centímetro. Al contrario, dio un paso adelante, clavando la mirada directo en los ojos de Arkan con un destello absolutamente aterrador.
—¿Burlarme de ti? Ah, eso sería demasiado barato, Arkan —dijo Anastasia con una risa sardónica que sonó gélida en el silencio de la noche.
—Solo vine a ver qué aspecto tiene un augusto Príncipe Heredero del Imperio cuando se da cuenta de que su cerebro resulta ser más pequeño que un grano de trigo —continuó Anastasia con una sonrisa ladeada.
El rostro de Arkan se puso rojo de furia ante un insulto tan descarado. Levantó la mano derecha con la intención de agarrar a Anastasia por el hombro, cegado por la emoción.
—¡Cuida tus palabras, Anastasia! ¡Yo soy el futuro Emper...!
¡PLAF!
¡PLAF!
Antes de que la mano de Arkan pudiera siquiera rozar su bata, la mano de Anastasia se movió más rápido.
Dos bofetadas contundentes aterrizaron en la mejilla izquierda y derecha de Arkan.
Arkan quedó atónito. La cabeza se le fue hacia un lado por el impacto. Se llevó la mano a la mejilla, que le ardía y le palpitaba, y miró a Anastasia con los ojos desorbitados de incredulidad.
Los dos Caballeros personales de Arkan, sentados en un rincón de la habitación, casi se atragantaron de la impresión al ver a su príncipe abofeteado por una mujer.
—¡¿Tú?! ¡¿Cómo te atreves a abofetearme, Anastasia?! —siseó Arkan, la voz temblándole de una furia descomunal.
Anastasia sacudió la palma de su mano con calma, como si acabara de tocar algo tremendamente sucio.
—Eso fue por todo el espectáculo repugnante que montaste con Elena en la capital, Arkan —dijo Anastasia, el rostro ahora completamente inexpresivo, irradiando un aura de líder imponente.
—¿Crees que soy la Anastasia de antes? ¿La que lloraba cuando tú la desechaste por esa bastarda? ¿La que se arrodillaba solo porque le endulzabas el oído con palabras de amor podrido? —preguntó Anastasia, bajando la voz cada vez más, pero con una presión aplastante.
Arkan retrocedió un paso. El ardor en sus mejillas quedó eclipsado por el escalofrío que le recorrió la espalda al encontrarse con la mirada de Anastasia.
La mujer frente a él le resultaba completamente ajena. Ya no quedaba ni rastro de aquella mirada enamorada de la Anastasia de antes.
—N-No eres Anastasia. Anastasia no podría ser tan despiadada y cruel —murmuró Arkan, negando con la cabeza mientras su cuerpo temblaba levemente.
Anastasia avanzó, obligando a Arkan a seguir retrocediendo hasta que la espalda del hombre chocó contra el poste de la enorme cama detrás de él. Acercó su rostro y susurró justo frente a la cara de Arkan, que ya estaba empapada de sudor frío.
—Ahora soy Anastasia Magnus, Arkan, y en este territorio, las reglas del juego las dictamos mi esposo y yo, no tu padre, que está a punto de abdicar —susurró Anastasia con una sonrisa letal.
—¿Los mapas de defensa que buscas? Aunque los pusiera delante de tus ojos en este instante, jamás podrías sacarlos de este castillo con vida —continuó Anastasia, dándole palmaditas en la mejilla que acababa de abofetear con la punta de los dedos, de forma humillante.
Gulp
Arkan tragó saliva con dificultad. La garganta se le había secado por completo. Se sentía absolutamente indefenso bajo el dominio de su propia ex prometida.
—¡¿Entonces qué van a hacer conmigo?! ¡Mi padre destruirá Magnus si no regreso! —exclamó Arkan amenazante, intentando jugar su última carta, aunque la voz le temblaba.
Anastasia se apartó y soltó una carcajada cristalina, como si acabara de escuchar el chiste más gracioso del mundo.
no sea que se estropee 🤣🤣🤣😈😈😈😈
le faltó la palmadita en el hombro 😂😈😈😈😈
la paliza que le va a poner 😈😈😈😈
te van a dar la paliza de tu vida
te a reiniciar el Windows 🤦🤦🤦🤦😂😂😂😂😂
bien x pendejo
pero en vez de venenos está tiene armas