Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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UNA NUEVA MISIÓN
NARRADOR
Llegó el momento de la cena, Colter miró que ella no cocinaba y se puso él mismo a la tarea.
Ella se acercó con el mismo sigilo con el que pediría un favor imposible, pensando que debía demostrar dulzura y poner los mismos ojos que Pastelito cada vez que lo regañaba por romper algo.
--Callahan-- Él gruñó
--No empieces a fastidiar porque no me gusta que me molesten mientras cocino
--A mi tampoco me gusta
--Porque tu no cocinas
--Viví sola, Callahan, ¿No lo sabías?
Él se detuvo un momento y la miró.
--Felicitaciones, sigues viva-- Ella gruñó y dió un pisotón. Eso era lo que hacía cuando sentía tanta rabia y buscaba mantener el control
--Entonces cuéntame qué cocinabas
Charlotte sonrió.
--Iba mucho al supermercado-- Él solo hizo mmm-- Compraba unas pizzas congeladas que son deliciosas, también sobres de...
Él hizo un sonido que podría fácilmente ocultar una risa.
--Eso no es cocinar. Déjame adivinar, tenías un microondas y lo usabas más que al secador de cabello o a tu maquillaje
--Bueno, ¿Quién vive sin un microondas además de ti?
--Alguien que cocina de verdad y no compra solamente alimentos congelados
--Ahora me dirás que no se cocinar
--Porque no sabes. Por eso lo hago yo y porque me gusta comer con seguridad sin correr el riesgo de intoxicarme
--Estaba intentando tener una conversación contigo. No colaboras
Se alejó. Tenía que encontrar la manera para que la llevara al pueblo. ¿Cómo? No tenía idea.
Entonces en medio de la cena fue sorprendida por su marido.
--¿Sabes conducir?
--Vas a prestarme la camioneta para ir al pueblo. Eso es inteligente de tu parte, aunque necesito saber cómo llegar exactamente porque no he...
--Ni loco. ¿Tienes licencia?
--No
--¿Por qué no y por qué no tienes auto?
--Vivía muy cerca de la universidad. Podía ir caminando. El supermercado estaba a pocas calles. Nunca necesité un automóvil
--Bien. Mientras vivas aquí eso no cambiará
--Necesito ir al pueblo, ¿Tendrás la amabilidad de llevarme?
--Algún día. Tal vez te vayas antes
--Tendré una crisis si no me llevas
--Tendrás una crisis. Será tu problema
Ella juró que él ocultó una sonrisa y eso valía más que una declaración de guerra. Un pensamiento cruzó por su mente: aquí no sufriré sola, tú lo harás conmigo.
--Necesito que me digas dónde hay señal
Colter la miró.
--Resuélvelo sola, princesa
Entonces, Charlotte supo que tenía una misión sumamente importante.
Cuando se fue a la cama dejó su celular cargando. Si su marido insufrible no le decía dónde encontrar señal, ella lo haría por sus propios medios, aunque tuviera que buscar en cada rincón del rancho y fuera de él.
Por la mañana, Colter la vio en la cocina preparando café.
--Buen día
--Excelente. Es un día maravilloso-- Ella sonrió con peligro al terminar
--No te metas en problemas, que tú bebé se mantenga quieto. Necesito conservar a los peones
--Auméntales el sueldo. Les agrado
--Te ven como a un pedazo de carne y muchos de ellos no han comido en bastante tiempo
--No es mi culpa ser hermosa
--Ponte algo que marque menos tu trasero si vas a salir-- Recomendó con el mismo entusiasmo con el que hablaría del clima
--Así que también estuviste mirándome
--Porque estabas vestida de blanco y ese color nadie lo usa aquí, princesa
--Me da igual. Yo también te miro, solamente porque vistes espantoso y porque no sabes planchar
Él preparó su desayuno. Sin darle importancia.
Charlotte esperó media hora para que su marido se fuera del rancho y comenzara a trabajar con los animales. Estuvo tentada a entrar en su habitación para saber que escondía, pero no lo hizo.
Pastelito corrió a la puerta y ella le puso alimento en su plato para distraerlo y salió. Con el celular en la mano.
Estaba usando un conjunto deportivo rosa chicle, uno de sus preferidos.
--Buen día-- Uno de los peones la saludó inclinando su cabeza y quitándose el sombrero
--Buen día, ¿Cómo te llamas?
--Daniel-- Respondió el muchacho de alrededor de veintiocho años
--Charlotte-- ¿Sabes dónde puedo encontrar señal?
El muchacho la miró.
--Tendrá que caminar mucho, señorita. Pocas veces hay señal cerca del último corral
Charlotte miró hacia donde el señalaba y le regaló una de sus sonrisas ensayadas.
--Voy hacia allí entonces, gracias
"Por Dios que belleza de hombre, vestido de cowboy, pero esa sonrisa era de comercial y además súper educado".
Comenzó a caminar. Después de quinientos metros nada, ni una triste barra de señal en su teléfono.
Los peones la seguían saludando, todos con educación y una sonrisa. Le decían señorita. Eso significaba que su marido no había dicho que se había casado. Perfecto. Mientras menos gente supiera de su desdicha mejor sería.
Colter miró de nuevo, algunos peones de pie, embobados mirando hacia un lugar lejano. Entonces vio una figura vestida de rosa que caminaba con su teléfono en alto.
Le habló a uno de los peones más jóvenes. Dio una orden.
--Si señorita bonita-- le dijo en respuesta a él
Colter gruñó en respuesta y apretó la mandíbula.
Solamente días habían pasado desde la boda y había comprobado que ella estaba dispuesta a enloquecerlo porque primero no quería salir del rancho y después... estaba fuera a las siete de la mañana con el teléfono en alto.
Después notó que un peón se presentaba ante ella, señalaba hacia un lugar lejano y que ella le sonreía.
"No le gusta el rancho, me critica a cada minuto del día, pero está encantada con los peones cercanos a su edad"-- Pensó
Lo único que faltaría sería que ella siendo su mujer, tuviera un romance con uno de los trabajadores. A Jack Callahan le daría un infarto si eso sucediera y sus hermanos probablemente se burlarían de él hasta que se olvidaran del asunto, pero como tenían buena memoria siempre lo recordarían.
Él no tuvo más opción que acercarse.
--Callahan. No estoy molestando a nadie-- Pasó por su lado con la intención de alejarse
--Es temprano para que me molestes y los peones están distraídos
--Yo los veo felices. Todos sonríen y son educados. ¿El único que carece de modales eres tú?
--Te ven con hambre
--¿Esa es mi culpa?
--Eres mi mujer. Ten un poco de respeto
--Me casé contigo. No soy tuya, recuérdalo
Ella siguió caminando, buscando señal. Ignorándolo, porque tenía una misión más importante.
--Sube-- Él apareció a su lado en el caballo negro que tanto amaba
Ella saltó hacia atrás al ver al animal.
--Ni loca
--Llegarás más rápido
Aquello casi logró convencerla, pero cuando vio al animal y a la bestia que lo montaba con más detenimiento decidió seguir caminando.
--Te estoy hablando
--No voy a lidiar con dos bestias a esta hora. Necesito perfume y señal para conseguirlo
--Estás demente
--Y tu eres un amargado, pero no me estoy quejando