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Entre Dos Mundos

Entre Dos Mundos

Status: En proceso
Genre:Escuela / BL / LGBT
Popularitas:473
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Fernando Sanchez

Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.

NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

— Capítulo 3: El hombre que debía estar muerto

Mateo permaneció inmóvil frente a su padre.

La llamada había terminado, pero las últimas palabras de aquella voz seguían repitiéndose en su cabeza.

“Dile a tu hijo que deje de buscarme.”

Y después, el nombre que había salido de los labios de Carlos:

David.

Mateo miró a su padre.

—Papá… ¿David está vivo?

Carlos no respondió inmediatamente.

Se sentó lentamente en una de las sillas de la cocina y dejó el teléfono sobre la mesa.

—Eso es lo que parece.

Mateo se acercó.

—Pero dijiste que no sabías nada de él.

—Porque no sabía si estaba vivo.

—¿Y ahora?

Carlos levantó la mirada.

—Ahora sé que alguien que utiliza su nombre conoce lo que ocurrió hace tres años.

—No es solamente alguien utilizando su nombre.

—Mateo…

—Papá, escuchaste su voz.

Carlos permaneció en silencio.

Mateo tomó la hoja que había sacado del sobre.

—¿Qué dice exactamente?

Carlos la miró nuevamente.

—Dice que David guardó información suficiente para demostrar que yo no fui responsable de la desaparición del dinero.

—¿Y qué más?

Carlos dobló la hoja.

—Nada que podamos entender todavía.

Mateo extendió la mano.

—Déjamela.

Carlos se la entregó.

Mateo comenzó a leer.

Había una frase escrita a mano en la parte inferior.

“La transferencia fue solo una parte del plan.”

Mateo levantó la mirada.

—¿Qué significa esto?

Carlos negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Nunca viste esta letra?

Carlos tardó demasiado en contestar.

—Sí.

Mateo se quedó quieto.

—¿De quién?

Carlos miró hacia la ventana.

—De David.

A la mañana siguiente, Alexander llegó a la universidad antes de lo habitual.

Había dormido poco.

La conversación con Ethan seguía en su cabeza.

David estaba vivo.

O alguien quería que todos creyeran que lo estaba.

Cuando Mateo llegó, Alexander lo esperaba sentado en las escaleras.

—Hola.

Mateo se sentó junto a él.

—Hola.

Alexander lo observó unos segundos.

—¿Dormiste?

—Casi nada.

—Yo tampoco.

Mateo soltó una pequeña sonrisa.

—Supongo que estamos haciendo un buen trabajo arruinándonos el sueño.

Alexander sonrió.

—Al menos lo hacemos juntos.

Mateo apoyó su hombro contra el suyo.

—Mi papá recibió una llamada anoche.

La expresión de Alexander cambió.

—¿De David?

Mateo asintió.

—Dijo que está vivo.

—¿Estás seguro?

—Mi padre escuchó su voz.

Alexander se quedó pensando.

—Entonces Ethan tenía razón.

—¿Sobre qué?

—Sobre que nunca vio el cuerpo.

Mateo levantó la mirada.

—¿Crees que Ethan sabía que David estaba vivo?

—No lo sé.

—Tenemos que hablar con él.

—Sí.

Pero antes de que pudieran levantarse, alguien apareció frente a ellos.

Era Emma.

—¿Puedo sentarme?

Alexander hizo espacio.

Emma miró a ambos.

—Ryan me contó lo que ocurrió anoche.

Alexander frunció el ceño.

—¿Cómo se enteró?

—Porque Ethan llamó a Ryan después de hablar contigo.

Mateo y Alexander intercambiaron una mirada.

Emma continuó:

—Y hay algo más.

—¿Qué?

Emma sacó su teléfono.

—Ryan consiguió revisar la información del automóvil negro.

Alexander se incorporó.

—¿Encontró la placa?

—Sí.

Mateo preguntó:

—¿Y?

Emma mostró la pantalla.

—El automóvil está registrado a nombre de una empresa.

Alexander leyó el nombre.

Su expresión cambió inmediatamente.

—No puede ser.

Mateo miró la pantalla.

—¿Qué pasa?

Alexander respondió:

—Esa empresa pertenece a Whitmore Holdings.

La noticia cambió por completo el ambiente.

Daniel y Sophie se reunieron con ellos poco después.

—Entonces el automóvil que nos seguía pertenece a la empresa de tu familia —dijo Daniel.

Alexander asintió.

—Sí.

—¿Tu padre?

—No necesariamente.

Sophie intervino:

—Pero alguien dentro de la empresa lo está utilizando.

Mateo permaneció callado.

—O alguien quiere que pensemos que alguien de la empresa lo está utilizando.

Daniel lo miró.

—Eso también es posible.

Alexander tomó aire.

—Voy a hablar con Ethan.

—¿Ahora? —preguntó Mateo.

—Sí.

Mateo lo sujetó del brazo.

—Voy contigo.

Alexander sonrió ligeramente.

—No esperaba que dijeras otra cosa.

Ethan aceptó encontrarse con ellos en una cafetería cerca del campus.

Cuando llegaron, ya estaba sentado.

Tenía una expresión seria.

—No tenemos mucho tiempo —dijo.

Alexander se sentó frente a él.

Mateo ocupó la silla a su lado.

—Sabemos que el automóvil negro pertenece a Whitmore Holdings.

Ethan no pareció sorprendido.

—Lo imaginaba.

Alexander lo miró fijamente.

—¿Quién lo utiliza?

Ethan negó.

—No lo sé.

—Ethan.

—Te estoy diciendo la verdad.

Mateo intervino.

—David llamó a mi padre.

Ethan levantó la mirada.

Por primera vez parecía realmente afectado.

—¿Qué dijo?

—Que dejara de buscarlo.

Ethan se quedó completamente quieto.

—Entonces definitivamente está vivo.

Alexander preguntó:

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

Ethan bajó la voz.

—Porque David nunca habría utilizado una frase así si quisiera que creyéramos que estaba muerto.

Mateo frunció el ceño.

—¿Lo conocías bien?

Ethan sonrió con tristeza.

—Más de lo que debería.

—Entonces cuéntanos la verdad.

Ethan miró alrededor del lugar.

—David trabajaba para mi padre, pero no era simplemente un empleado.

—¿Qué era?

—Era quien encontraba los problemas antes de que se convirtieran en problemas.

Alexander entendió.

—¿Un investigador?

—Algo parecido.

Mateo preguntó:

—¿Y qué descubrió?

Ethan tardó en responder.

—Una serie de movimientos financieros que no tenían sentido.

—¿Los de la transferencia?

—Entre otros.

—¿Quién los hacía?

Ethan negó.

—No lo sabemos.

Alexander golpeó suavemente la mesa.

—Siempre dices que no sabemos.

—Porque esa es la verdad.

Ethan sacó un papel doblado del bolsillo.

—Pero David dejó esto.

Lo colocó sobre la mesa.

Mateo lo abrió.

Era una lista de fechas.

Había varias.

Pero una estaba marcada.

17 DE AGOSTO.

Debajo había tres palabras:

“No fue el primero.”

Mateo miró a Ethan.

—¿Qué significa?

—No lo sé.

Alexander señaló las demás fechas.

—¿Y estas?

—Son otros movimientos.

—¿De qué año?

Ethan respondió:

—Del año anterior.

Mateo sintió un escalofrío.

—Entonces esto comenzó antes de la noche del 17 de agosto.

Ethan asintió.

—Mucho antes.

Después de la reunión, Mateo y Alexander caminaron por el campus.

Ninguno habló durante varios minutos.

Finalmente Mateo rompió el silencio.

—Mi padre sabía más de lo que nos dijo.

Alexander lo miró.

—Sí.

—Pero creo que tenía miedo.

—Yo también.

Mateo se detuvo.

—¿Te arrepientes?

—¿De qué?

—De haberte metido en esto conmigo.

Alexander se acercó.

—No.

—Alexander…

—No me arrepiento.

Mateo bajó la mirada.

—Esto puede afectar a tu familia.

—Ya está afectando a mi familia.

—Y puede afectarnos a nosotros.

Alexander tomó su mano.

—Entonces lo enfrentaremos.

Mateo sonrió.

—¿Siempre tienes una respuesta?

—No.

—Parecía que sí.

—Estoy improvisando.

Mateo soltó una pequeña risa.

Por unos segundos pudieron olvidarse del misterio.

Solo eran ellos.

Dos estudiantes caminando por el campus.

Dos personas que habían empezado como desconocidos y que ahora estaban intentando construir algo juntos.

Alexander se inclinó y lo besó suavemente.

Cuando se separaron, Mateo sonrió.

—Eso sí fue una buena respuesta.

—La mejor que tengo.

Esa tarde, Carlos recibió otra visita.

Estaba en el pequeño taller donde guardaba algunas herramientas antiguas cuando escuchó una puerta abrirse.

—¿Quién está ahí?

Nadie respondió.

Carlos salió de la habitación.

Un hombre estaba de pie al fondo.

No podía verle claramente el rostro.

—¿Quién eres?

El hombre dejó un sobre sobre la mesa.

—David quiere que recuerdes algo.

Carlos se quedó helado.

—¿Qué?

—La noche del 17 de agosto no empezó en el almacén.

Carlos dio un paso hacia él.

—¿Qué quieres decir?

—Tú sabes dónde empezó.

Carlos negó.

—No.

—Sí lo sabes.

El hombre se dio la vuelta.

Carlos corrió hacia él.

—¡Espera!

Pero cuando salió, el hombre ya había desaparecido.

Carlos regresó lentamente al taller.

Abrió el sobre.

Dentro había una fotografía.

Era una imagen de tres años atrás.

Carlos reconoció inmediatamente el lugar.

No era el almacén.

Era el estacionamiento de una oficina.

En la fotografía aparecían Thomas y David.

Pero había una tercera persona.

Carlos acercó la fotografía a la luz.

Su rostro palideció.

—No…

En la parte trasera había una frase:

“Él estuvo allí antes que todos.”

Esa misma noche, Alexander recibió un mensaje de Ethan.

“No vengas a mi casa. Necesito verte en otro lugar.”

Alexander respondió:

“¿Dónde?”

La respuesta llegó unos segundos después.

“Universidad. Edificio de administración. Sala 214. 11:30 p. m.”

Alexander miró la hora.

11:04.

Mateo estaba junto a él.

—¿Qué pasa?

Alexander le mostró el mensaje.

Mateo lo leyó.

—¿Sala 214?

—Sí.

—¿Por qué tan tarde?

—No lo sé.

Mateo se quedó pensando.

—Voy contigo.

Alexander asintió.

A las 11:28 de la noche, ambos llegaron al edificio.

Todo estaba oscuro.

El campus parecía completamente vacío.

Subieron al segundo piso.

La puerta de la sala 214 estaba entreabierta.

Alexander empujó lentamente.

—¿Ethan?

Nadie respondió.

Entraron.

Había una mesa en el centro.

Sobre ella había una carpeta.

Alexander la abrió.

Dentro había documentos.

Muchos documentos.

Mateo tomó uno.

—Son registros financieros.

Alexander revisó otro.

—Son de Whitmore Holdings.

—Mira la fecha.

Alexander observó el documento.

16 DE AGOSTO — UN DÍA ANTES.

Entonces escucharon un ruido.

La puerta se cerró detrás de ellos.

Alexander corrió hacia ella.

Estaba cerrada.

—¡¿Quién está ahí?!

No hubo respuesta.

Mateo comenzó a revisar la carpeta rápidamente.

Encontró una última hoja.

Era una lista de nombres.

Carlos Rivera.

Thomas Miller.

Ethan Whitmore.

Richard Whitmore.

Y debajo…

David Anderson.

Pero había un sexto nombre.

Mateo se quedó inmóvil.

Alexander se acercó.

—¿Quién es?

Mateo levantó la hoja.

El nombre estaba escrito claramente.

VICTORIA WHITMORE.

Alexander sintió que se le cortaba la respiración.

—Mi madre…

Entonces las luces se apagaron.

Y desde algún lugar de la oscuridad, una voz susurró:

—Ahora ya saben demasiado.

Continuará….

1
Max
Pero si ya te lo dijo 👀
Max
Ya cállese señor 🤗
Max
Más inoportuno imposible 🤦‍♀️
Max
Juju alguien se está enamorando 👀
Max
Awww 🤭
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