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EL SECRETO DE LA DOCTORA

EL SECRETO DE LA DOCTORA

Status: Terminada
Genre:Aventura / Mundo de fantasía / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Una traición que rompió sus ilusiones. Una noche que cambió su destino. Un secreto que el tiempo no pudo borrar.
Durante dos años, ella defendió sus propios límites frente a las constantes exigencias de su pareja. Guiada por sus convicciones y el apoyo de sus amigas, se negó a ceder ante la presión de los noviazgos modernos… hasta la noche del cumpleaños de él, cuando decidió dar el paso por convicción y sorprenderlo.
Pero la verdadera sorpresa la esperaba tras la puerta de la habitación: su novio en la cama con su propia secretaria.
Con el autocontrol y la frialdad que solo un estudiante avanzado de medicina domina en situaciones límite, no hubo gritos ni lágrimas. Sacó su teléfono, grabó la evidencia y se marchó con el corazón destrozado. Horas más tarde, perdida en la ciudad, terminó en un bar exclusivo con música y karaoke donde el alcohol anestesió el dolor, entregándose por primera vez a los brazos de un enigmático desconocido.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: A las ocho en punto

El segundero del reloj de pared en el vestíbulo de cirugía avanzaba con una puntualidad quirúrgica.

Elena revisó por tercera vez la historia clínica del paciente de las nueve y media, aunque ya conocía los valores de memoria: bilirrubina en descenso, coagulograma dentro de los parámetros esperados y vías periféricas permeables. Había dejado a Emma en el jardín de infantes anexo para el personal médico —la pequeña había entrado feliz, luciendo su mochila con forma de koala y despidiéndose con un beso ruidoso en la mejilla—, pero la mente de Elena no lograba asentarse en su rutina de siempre.

La piel de su mandíbula aún recordaba la aspereza tibia del pulgar de Víctor la noche anterior.

A las siete y cincuenta y ocho, el pasillo se llenó de ese murmullo sutil que precedía siempre a las figuras de autoridad imponente. Elena levantó la vista justo cuando las puertas vaivén del ala administrativa se abrieron.

Eran exactamente las ocho en punto.

Víctor no vestía el traje gris de la tormenta ni el porte distante del inversionista que venía a evaluar costos. Llevaba un pantalón de paño oscuro, una camisa azul marino impecable con el cuello ligeramente desabrochado y un sobretodo negro abierto que enfatizaba la amplitud de sus hombros. En su mano izquierda sostenía una carpeta de piel marrón y dos vasos térmicos de una cafetería lejana, la misma donde el café no sabía a máquinas hospitalarias.

Caminó directo hacia la estación de enfermería sin desviar la mirada hacia los saludos corteses del personal. Se detuvo frente al mostrador donde Elena estaba parada, apoyando los dos vasos sobre la madera pulida.

—Té negro con una rodaja de limón. Sin azúcar —dijo él con esa voz grave que vibraba en el pecho de Elena antes de llegar a sus oídos.

Elena parpadeó, sorprendida por la precisión del pedido.

—¿Cómo sabes cómo tomo el té?

—Hice preguntas discretas a cierta abogada que no tiene pelos en la lengua —respondió Víctor con una media sonrisa que apenas curvó la comisura de sus labios—. Y consideré que después de una guardia y una noche como la de ayer, un café de máquina sería un insulto a tu concentración.

Elena tomó el vaso tibio entre sus dedos, sintiendo cómo el calor le aflojaba la tensión de los hombros.

—Gracias —dijo en voz baja, antes de adoptar su postura profesional—. Pero si estás aquí por la auditoría de la fundación, la sala de conferencias está en el ala este.

—No estoy aquí por la auditoría, Elena —Víctor dio un paso al costado, señalando con la cabeza hacia el despacho de ella—. Estoy aquí para hablar del sábado. Y prefiero hacerlo donde no haya seis enfermeras y dos residentes conteniendo la respiración fingiendo que clasifican gasas.

Elena miró de reojo a su alrededor; efectivamente, el personal de planta disimulaba una curiosidad voraz detrás de planillas médicas. Tragó saliva, asintió y abrió la puerta de su oficina, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

Al cerrarse la puerta, el bullicio del hospital volvió a desvanecerse.

Víctor no se sentó. Dejó la carpeta sobre el escritorio y se giró para mirarla. La luz de la mañana entraba limpia por la ventana, resaltando las motas plateadas en sus ojos grises y las líneas firmes de su mandíbula.

—El sábado es el día libre de Emma, ¿verdad? —preguntó él.

—Sí. Salgo de guardia el viernes por la noche y tengo todo el fin de semana sin cirugías programadas.

—Bien. Quiero que pasemos la tarde juntos —propuso él con una serenidad que no admitía espacio para el rechazo—. No en un restaurante elegante ni en un club privado. Hay una finca a cuarenta minutos de la ciudad que pertenecía a mi abuelo. Tiene jardines abiertos, caballos tranquilos y mucho espacio para que Emma corra sin la sombra de este hospital.

Elena frunció el ceño con prudencia, apoyando la espalda contra el borde del escritorio.

—Víctor, un viaje fuera de la ciudad...

—Es el lugar perfecto para decírselo, Elena —la interrumpió él, bajando la voz hasta convertirla en una súplica íntima y firme a la vez—. Dijiste que querías hacerlo juntos, sin dramatismos y en un entorno tranquilo. No podemos decírselo en el pasillo de una clínica ni en la puerta de tu edificio. Ella necesita un espacio seguro donde pueda procesarlo, hacer preguntas y ver que nada malo está pasando.

Elena apretó los labios. Tenía razón. La intuición médica y maternal le decía que Víctor estaba eligiendo con un cuidado meticuloso cada detalle para proteger la psique de la niña. El hombre que demolía empresas en la bolsa estaba midiendo cada milímetro de sus pasos para no asustar a una pequeña de cuatro años.

—¿Y tú estás listo para lo que ella pregunte? —lo desafió ella, clavándole la mirada—. Los niños no tienen filtro. Te va a preguntar por qué no estuviste en sus cumpleaños anteriores, por qué no la cargaste cuando aprendió a caminar y por qué no vivías con nosotras.

Una sombra de dolor genuino atravesó los rasgos severos de Víctor, pero no parpadeó.

—Le diré la verdad: que su papá estaba perdido, que tardó demasiado en encontrar el camino de regreso, pero que ahora que está aquí, no se volverá a marchar jamás.

Elena sintió que el aire se volvía espeso. El nudo en su garganta amenazó con quebrar su armadura de nuevo, pero se obligó a mantener la calma.

—De acuerdo. El sábado a las once —concedió ella—. Pero si veo que se agobia, nos volvemos en el acto.

—Trato hecho —Víctor dio dos pasos hacia ella, acortando la distancia hasta que sus cuerpos quedaron a apenas un suspiro de rozarse. La miró a los ojos con una intensidad que parecía quemarla viva—. Y sobre nosotros, Elena...

—Víctor, por favor —susurró ella, dando un paso atrás instintivo, aunque la pared del escritorio le impidió retroceder más—. Aquí adentro soy la jefa de cirugía.

—Y aquí adentro eres la mujer más fascinante que he conocido —replicó él, apoyando una mano sobre la madera del escritorio, a solo centímetros de la cadera de ella, dejándola encerrada entre su presencia y la madera—. Puedes ponerte todas las batas blancas que quieras, doctora Rivas. Pero cada vez que me miras a través de un cristal o me desafías en este despacho, sé perfectamente que no me has olvidado. Ni un solo día.

La puerta se abrió repentinamente tras dos golpes rápidos.

Martina entró con el ceño fruncido y un teléfono en la mano, deteniéndose en seco al ver la proximidad entre ambos. Una chispa de burla divertida encendió los ojos oscuros de la abogada.

—Lamento interrumpir la... sesión clínica matutina —soltó Martina con ironía mordaz—, pero el juzgado acaba de ratificar la orden de restricción contra Julián Castro. Tiene prohibido acercarse a trescientos metros de Elena, de Emma y de este sanatorio bajo pena de arresto inmediato.

Víctor se enderezó con una lentitud glacial, sin mostrar la menor vergüenza ni incomodidad por haber sido sorprendido. Miró a Martina y asintió con aprobación.

—Excelente trabajo, abogada Silva. Asegúrese de que una copia de esa orden esté en el control de seguridad de todas las propiedades vinculadas a mi nombre.

Martina enarcó una ceja, intrigada por la última frase, pero no dijo nada.

Víctor tomó su carpeta, miró a Elena una última vez a los ojos con una promesa silenciosa y caminó hacia la puerta.

—Te recojo el sábado a las once, doctora Rivas. No te olvides de llevar ropa cómoda.

Cuando la puerta se cerró tras su paso imponente, Martina soltó un silbido bajo y cruzó los brazos, mirando a Elena con una sonrisa cargada de complicidad.

—Bueno... parece que el señor del paraguas vino para quedarse. ¿Piensas contarme qué acaba de pasar aquí o tengo que interrogar a los residentes que estaban espiando por la rendija?

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Gloria Grijalba
exelente
Jos Qui
yo no me confiaría de ese una persona que se siente humillada se vuelven más peligrosos 😳😳
maylen urquiza
simplemente maravillosa novela sin tantos dramas una narración exquisita y todo fluyó de maravilla gracias por deleitarnos con una obra tan perfecta como esa que nos sigas deleitando con tus obras nuevas y muchos éxitos tu carrera gracias
Maria Laura Perez: muchas gracias, a mí me gustan las novelas sin tantas vueltas 😍
total 1 replies
Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Ada Zulma Lopez
MAGNÍFICA,, FASCINANTE NOVELA TRAMA ,NARRACIÓN UNA IMAGINACIÓN BONITA 😉 HASTA SE PODRIA DECIR CON REFLEXIÓN EN LA REALIDAD FELICITACIONES ESCRITORA GRACIAS POR COMPARTIR 🫂 😊 ✨️🌹🌟👌👏👏
Maria Laura Perez: 🥰 Gracias por tu aliento
total 1 replies
Ada Zulma Lopez
JAJAJA 😂 ES SÍ Ó SÍ NO TIENE DUDAS QUÉ LA DESEA EN SU VIDA😂 ;:::: ES UN DULCE DE LECHE🥹DE ESOS POCOS QUE HAY EN LA VIDA 💛
👌👏👏👏🌟🌹✨️💛
Maria Laura Perez
🤭el tiempo y las situaciones a veces son inmanejables y siempre exigen respuesta, de la forma y la manera que sea , culpable o inocente... gracias
Ada Zulma Lopez
No puede exigir nada El no prometió nada y se quedo con su inocencia, ella no pidió, nada ,porque el tiene tanta ???🤷
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