Daniel siempre decía que su superpoder era encontrarle el chiste a cualquier tragedia. Si se quemaba la cena, era "una oportunidad para probar el carbón gourmet". Si llovía a cántaros y se inundaba la calle, "un parque acuático gratuito". Sonreír era fácil. Era su escudo, su forma de mantener el mundo a una distancia segura donde nadie pudiera ver lo que realmente guardaba en el pecho
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capítulo 22 dudas
Daniel sintió que el mundo real se detenía y que el suelo bajo sus pies se abría en un abismo negro. Las palabras de Camila se quedaron flotando en el aire del departamento como una sentencia de muerte para la felicidad que él apenas había empezado a saborear hacía una hora en el auto. «Estoy embarazada, Alex... Es tuyo».
Miró la hoja de papel clínico que Alex sostenía entre las manos, y luego miró el rostro desencajado de su amigo. La dolorosa ironía de la situación le golpeó directo en el estómago: había pasado años esperando su oportunidad, y justo el día en que Alex finalmente abría los ojos y lo elegía, el destino venía a encadenarlo de por vida a la mujer que lo había traicionado.
Sintió el impulso primitivo de salir corriendo, de encerrarse en su cuarto, de gritar. Pero el pánico absoluto mutó rápidamente en su viejo y conocido mecanismo de defensa. El escudo se levantó por inercia, aunque esta vez las piezas estaban tan rotas que apenas lograban encajar.
Daniel obligó a los músculos de su rostro a moverse. Intentó sonreír con sarcasmo, ladeando la cabeza como si estuviera viendo una comedia barata de televisión, pero la máscara resultó demasiado pesada. No hubo risa ruidosa, no hubo gestos exagerados.
—Vaya... —soltó Daniel, pero su voz sonó cansada, arrastrada, desprovista de cualquier rastro de la energía brillante que siempre lo caracterizaba—. Esto sí que es un giro de guion digno de una telenovela de las de la tarde, Camila. Felicidades. Tu sincronización es impecable
Alex volteó a mirarlo de golpe, con los ojos abiertos de par en par, llenos de una muda súplica que Daniel no pudo soportar. Ver la culpa y la confusión en los ojos del chico que amaba le dolió más que el propio golpe de la noticia.
—Dani, no... —intentó hablar Alex, dando un paso hacia él, estirando la mano.
Daniel dio un paso sutil hacia atrás, esquivando el contacto de una manera casi imperceptible pero devastadora.
esto no era mas que un recordatorio de que nunca debió haber creído real. Un hijo lo cambiaba todo. Un hijo significaba que Camila estaría en la vida de Alex para siempre, que habría visitas, un hogar que reconstruir por responsabilidad y un lazo inquebrantable en el que él, "el amigo bromista", simplemente no tenía un plano asignado.
—Tienen mucho de qué hablar —continuó Daniel, manteniendo esa sonrisa falsa y cansada que no lograba ocultar la dolorosa resignación en sus ojos verdes
—. Este departamento se está quedando un poco chico para tanto drama. Voy a... ir a dar una vuelta. Necesito comprar más cartón balsa para la entrega de mañana.
Tomó sus llaves de la barra de la cocina con dedos torpes que se negaban a obedecerle. No miró a Camila, y evitó a toda costa volver a cruzar la mirada con Alex, sabiendo que si se quedaba un segundo más allí dentro, vería cómo la estructura que acababa de diseñar en su mente se venía abajo por completo frente a ellos