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Divorcio

Divorcio

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

Un divorcio es solo el principio

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sin moneda de cambio

Alberto se quedó de pie en la acera, con el frío de la noche calándole hasta los huesos y el peso de cuatro maletas de piel italiana que, de repente, se sentían como si estuvieran llenas de plomo. El sonido del cerrojo de la mansión al encajar fue como un disparo de gracia.

Se quedó mirando la madera oscura de la puerta, esperando —quizás por la costumbre de diez años de manipulación silenciosa— que ella la abriera, que saliera arrepentida, que el sarcasmo hubiera sido solo un arrebato. Pero la luz del vestíbulo se apagó, dejándolo a oscuras bajo el farol de la calle.

—Maldita sea, Elena... —susurró, pero su propia voz le sonó extraña, despojada de la autoridad que solía tener en la oficina.

Subió las maletas al auto de mala gana. Al entrar al vehículo, el olor del perfume de su socia, una mezcla empalagosa de vainilla barata, todavía flotaba en el asiento del copiloto. Hace unas horas le había parecido excitante; ahora, le revolvía el estómago.

Encendió el motor y manejó sin rumbo. Su mente era un caos de números y desastres. Elena no solo lo había echado de la casa; lo había desnudado profesionalmente. Recordó la mirada de ella en la escalera: no había odio, había algo peor. Había indiferencia.

Se estacionó frente a un hotel de paso, incapaz de ir al departamento de su socia. No quería verla. No quería oír su voz chillona celebrando que "por fin estarían juntos".

Sacó el sobre que Elena le había puesto en la mano. Al abrirlo bajo la luz mortecina del tablero, no solo encontró la demanda de divorcio. Había una nota pequeña, escrita de su puño y letra, con esa caligrafía perfecta que solía admirar:

"Revisé la cuenta de la tarjeta corporativa de este mes. Compraste un reloj de cinco mil dólares para ella el martes. Es gracioso, Alberto... ese dinero salió de la cuenta de ahorros que yo creé para nuestro fondo de retiro. Considera ese reloj como tu liquidación final. No esperes nada más."

Alberto golpeó el volante con rabia. Se dio cuenta, con una claridad terrorífica, de que Elena no solo se había encargado de la casa; se había encargado de él. Ella era el cerebro, el orden, el muro que lo protegía del mundo. Sin ella, él solo era un tipo con un traje caro y un ego inflado que estaba a punto de estallar.

Miró su reflejo en el retrovisor. Se veía viejo. Se veía solo. Y lo peor de todo: se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, no tenía a nadie que le dijera qué hacer a continuación.

Alberto se frotó la cara, soltando una risa nerviosa que resonó en el habitáculo del coche. El pánico inicial se transformó, en cuestión de segundos, en esa distorsión de la realidad que solo un narcisista de manual puede fabricar para no romperse.

—Claro —murmuró, enderezándose el cuello de la camisa—. Es un examen. Me está poniendo a prueba.

En su mente retorcida, la escena de la escalera no fue un adiós, sino una performance de alto nivel. Elena siempre había sido dramática, pensó. Seguramente leyó algún libro de empoderamiento femenino o vio una película de venganza y decidió aplicarla.

—Me quiere —se dijo a sí mismo, convencido—. Si no me quisiera, no se habría tomado la molestia de empacar mis maletas con tanta simetría. Eso es amor... o al menos obsesión. Y la obsesión es manejable.

Encendió la luz interior del auto y sacó su agenda. Empezó a trazar un plan basado en la lógica más absurda del mundo:

El factor "pobre de mí": Mañana no iría a la oficina. Se quedaría en este hotel de mala muerte (bueno, era un cuatro estrellas, pero para él era un establo) y le enviaría una foto de la habitación. "Mira dónde me has dejado, Elena. ¿Es esto lo que quieres para el hombre que construyó un imperio para ti?".

El regalo de "reconciliación": No flores. Elena era demasiado lista para flores. Le enviaría algo que ella "necesitara". ¿Quizás un nuevo sistema de seguridad para la casa? Sí, eso proyectaba que él seguía siendo el protector, incluso desde el exilio.

Deshacerse del "lastre": Sacó el celular y bloqueó a su socia. Así, sin anestesia. "Fue ella quien me sedujo, Elena tiene que entenderlo. Fui una víctima de su ambición corporativa". Ya podía visualizarse contándole esa historia a Elena entre lágrimas (falsas, pero efectivas).

—Dante Quintana es solo un espantapájaros —se burló, arrancando el coche para buscar una licorería—. Elena lo contrató para darme celos. Sabe que Dante es mi rival desde la universidad. ¡Es tan obvia! Me encanta cuando se pone competitiva.

Se imaginó entrando en la casa en un par de días, dándole un beso condescendiente en la frente y diciéndole: "Ya pasó el berrinche, mi amor. Gracias por recordarme lo sexy que te pones cuando estás furiosa. Ahora, dile a Quintana que envíe la cuenta y volvamos a lo nuestro".

Alberto se sentía un genio. Estaba tan hundido en su propia porquería que no se daba cuenta de que, mientras él planeaba su "triunfal regreso", Elena ya estaba cambiando el beneficiario de su seguro de vida.

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Eliette Maldondo Velazquez
muchas gracias por tu comentario ☺️
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
no se pero hasta aquí va muy tonta la novela he leído muchas novelas de ceos pero este es demasiado estúpido 🤣🤣😂
Dorkis Huerta
Buenas tardes,muy linda.
Belca
Ella lo amaba, porque tan frívola
Eliette Maldondo Velazquez: las circunstancias
total 1 replies
Belca
10 años y no hay hijos
Belca
Muy interesante el inicio
Danita 🥰
ahí estaban
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