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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2: ALGO QUE NO ESTABA EN LA AGENDA

A las ocho y veinticinco de la mañana, Valentina ya había revisado tres veces la agenda de Maximiliano.

Todo estaba en orden.

La primera reunión comenzaría en cinco minutos.

Los documentos estaban organizados.

El café estaba listo.

Y ella había conseguido algo que, según Laura, no era precisamente sencillo: que el señor Blackwood tuviera diez minutos libres antes de su siguiente compromiso.

Valentina sonrió satisfecha mientras terminaba de responder un correo.

—Nada mal para mi segundo día —murmuró.

La puerta de la oficina se abrió.

Maximiliano salió con el teléfono en la mano.

—¿La reunión con los abogados sigue a las diez?

—Sí.

—¿Y la videoconferencia?

—A las once y treinta.

Él la miró.

—¿Algún cambio?

—Ninguno.

Maximiliano dejó el teléfono sobre el escritorio de ella.

—Quiero que cancele el almuerzo.

Valentina levantó la mirada.

—¿El almuerzo con los inversionistas?

—Sí.

—No puedo cancelarlo.

El silencio que siguió fue inmediato.

Maximiliano entrecerró los ojos.

—¿Perdón?

Valentina mantuvo la calma.

—No puedo cancelarlo porque usted mismo confirmó la reunión ayer. Además, vienen desde Bogotá exclusivamente para verlo.

—Entonces reprográmelo.

—Ya intenté hacerlo.

—¿Y?

—No aceptaron.

Maximiliano la observó fijamente.

—¿Y qué propone?

Valentina giró la pantalla hacia él.

—Reducir la reunión de una hora y media a cincuenta minutos. Ya confirmé que es posible. Después tiene treinta minutos antes de la siguiente reunión.

Él miró la pantalla.

Luego a ella.

—¿Cuándo hizo todo eso?

—Anoche.

—¿Anoche?

—Sí.

Maximiliano permaneció en silencio.

—¿Por qué estaba trabajando anoche?

Valentina se encogió de hombros.

—Porque quería tener la agenda lista antes de que usted llegara.

—Ese no era su horario.

Ella lo miró con cierta sorpresa.

No esperaba aquella pregunta.

—Lo sé.

—Entonces no vuelva a hacerlo.

—Entendido.

Maximiliano tomó nuevamente su teléfono.

—Y deje de trabajar después de su horario.

Valentina sonrió ligeramente.

—Lo intentaré.

Él se detuvo.

—No. No lo intente. Hágalo.

Ella soltó una pequeña risa.

—Sí, señor Blackwood.

Por alguna razón, aquella sonrisa se quedó en la mente de Maximiliano mientras caminaba hacia su oficina.

Entró.

Cerró la puerta.

Dejó el teléfono sobre el escritorio.

Y se quedó mirando por unos segundos la ciudad a través del enorme ventanal.

No entendía por qué aquella mujer conseguía alterar su rutina con tanta facilidad.

Había tenido decenas de asistentes.

Todas eficientes.

Todas preparadas.

Todas conscientes de quién era él.

Pero Valentina era diferente.

No intentaba impresionarlo.

No se intimidaba.

Y, peor aún...

Parecía no tener ningún interés en hacerlo.

Maximiliano regresó a su escritorio.

—Concéntrate.

Tenía una empresa que dirigir.

No tiempo para distraerse con su asistente.

---

Al otro lado del cristal, Valentina terminó de organizar unos documentos.

Laura apareció junto a su escritorio.

—¿Cómo va tu segundo día?

—Bien.

—¿Sobreviviste?

—Por ahora.

Laura soltó una carcajada.

—Te acostumbrarás.

—Eso espero.

—¿Y el señor Blackwood?

Valentina levantó una ceja.

—¿Qué pasa con él?

—Nada. Solo pregunto.

—Es exigente.

—Te lo advertí.

—Pero es justo.

Laura la miró con curiosidad.

—¿Ya te cayó bien?

Valentina negó rápidamente.

—Es mi jefe.

—Eso no responde la pregunta.

—No tengo tiempo para responder preguntas que no están relacionadas con el trabajo.

Laura sonrió.

—Definitivamente te vas a llevar bien con él.

Valentina volvió a su computador.

Pero, aunque no quería admitirlo, había algo que la inquietaba.

No era su dinero.

Ni su posición.

Ni siquiera su atractivo.

Era la forma en que Maximiliano la observaba.

Como si intentara descubrir algo de ella.

Y ella no estaba acostumbrada a sentirse observada de esa manera.

---

A las doce y cuarenta y cinco, Valentina entró a la oficina con una carpeta.

—Señor Blackwood.

Maximiliano levantó la mirada.

—¿Sí?

—Los documentos que necesita para la reunión de las dos.

Ella dejó la carpeta sobre su escritorio.

—Gracias.

Valentina se disponía a salir cuando él habló.

—Valentina.

Ella se giró.

—¿Sí?

—Siéntese.

Ella dudó un instante.

Después tomó asiento frente a él.

Maximiliano abrió la carpeta.

—Explíqueme esto.

Valentina se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Es el informe financiero del último trimestre. Esta parte corresponde a las inversiones inmobiliarias y esta otra...

Comenzó a explicarle cada punto con seguridad.

Maximiliano la escuchó atentamente.

No solo conocía su trabajo.

Lo entendía.

Y eso le gustó.

Más de lo que debería.

—¿Quién preparó este análisis?

—Yo.

—¿Usted?

—Sí.

Él dejó el documento sobre la mesa.

—Está muy bien hecho.

Valentina parpadeó.

No esperaba un cumplido.

—Gracias.

—No acostumbro decirlo cuando algo no está bien.

—Entonces tendré que esforzarme para seguir escuchándolo.

Una sonrisa apareció en el rostro de Maximiliano.

Esta vez no pudo evitarla.

Valentina la vio.

Y por primera vez comprendió que detrás de aquel hombre serio había alguien diferente.

Más humano.

Más cercano.

Sus miradas se encontraron.

Un segundo.

Dos.

Ninguno apartó los ojos.

Valentina fue la primera en hacerlo.

Se puso de pie.

—Si no necesita nada más...

—No.

Ella caminó hacia la puerta.

—Valentina.

Volvió a mirarlo.

—¿Sí?

Maximiliano estuvo a punto de decir algo.

Pero no encontró las palabras.

—Nada.

Ella salió.

La puerta se cerró.

Maximiliano se recostó en su silla.

Se pasó una mano por el cabello.

Aquello era absurdo.

No podía estar pensando tanto en una mujer que apenas llevaba dos días trabajando para él.

Sin embargo, cuando volvió a mirar hacia el escritorio de Valentina, ella estaba concentrada en su trabajo.

Y, sin saber por qué, Maximiliano sonrió.

Algo había cambiado.

Muy poco.

Casi nada.

Pero había cambiado.

Y lo más peligroso era que, por primera vez en mucho tiempo, había algo que no estaba en su agenda.

Valentina.

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