Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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ARRUINAR CITAS
KRISTEN WHITAKER
Dante cumplió con lo pactado cuando entregó el trabajo de química que yo le había hecho y obtuvo un nueve. No podía hacerlo perfecto porque sería sospechoso que un burro como él hiciera algo excelente. Nadie se lo creería.
Él estaba satisfecho. Pero eso no quitaba la incomodidad que cada vez crecía más dentro de mí. No me gustaba que él supiera cosas mías.
Que hubiera estado presente cuando menstrué por primera vez, que hubiera visto mi ropa interior y me hubiera ayudado en mi momento más vulnerable me sabía amargo.
Ahora estaba lo de ese chico insistente que había querido besarme dos veces...
No. Él no tenía que saber nada sobre mí.
El problema era que yo no tenía información sobre ningún secreto suyo. Eso era una desgracia. Él llevaba ventaja, aunque jamás se lo diría en voz alta y, para alguien tan competitiva como yo, eso era imperdonable.
Entonces, un día, lo vi en la heladería a la que todos solíamos ir. No estaba solo. Estaba con Kimberly y vi el momento exacto en que él la besaba.
--¡Qué asco! Preferiría besar una cucaracha-- Dije
Tina, mi amiga, me miró y soltó una risa.
--Bueno... Kimberly está a gusto-- Comentó sin dejar de mirar
--Ya sabes que ella no es precisamente la más inteligente. Eso lo explica todo
Y era cierto. Esa muchacha tenía una habilidad impresionante para reprobar cada materia, incluida Educación Física.
Ella era un desastre académico y él... una persona desastrosa. Hacían buena pareja por razones obvias.
--Hacen buena pareja-- Le dije, convencida
--No creo que dure. Ella es muy buena persiguiendo chicos, tan buena que al cabo de una semana o dos nadie quiere verla
--Eso es lo que ha hecho Dante conmigo durante años para hacerme la vida imposible
Tina soltó una carcajada y entramos a la heladería.
Dante me miró. No dije nada. Se me antojaba un helado de fresa. Por algún motivo, siempre pedía lo mismo y estaba segura de que nunca me cansaría de ese sabor porque era mi preferido desde que tenía memoria.
No transcurrieron ni cinco días cuando lo vi intercambiando saliva con otra chica. Esa conducta comenzó siendo una novedad y después se convirtió en un hábito que yo ignoraba.
Pero, por desgracia, él jamás logró dejar de molestarme por muchas citas que tuviera.
Llegué a rogar que, por favor, encontrara novia. Lo necesitaba desesperadamente para que así dejara de molestarme.
Hasta que tuve una salida con alguien que me agradaba, Santiago.
Era un chico lindo, simpático, inteligente, aunque no para decir que era un genio... lo suficiente para aprobar con poco más de lo requerido.
Acepté porque era divertido y alguien fácil para conversar. No por interés romántico.
Me puse mis chancletas cómodas. Era un par bajo, a prueba de todo. Específicamente de esos que gritaban "verano", porque podían mojarse sin romperse, llevarse a la piscina, usarse con un vestido fresco o con un simple jean corto y no defraudaban.
A medida que me convertí en adolescente, dejé de lado los vestidos con adornos y la perfección en mi look.
A las malas aprendí que, para sobrevivir a mi molesto vecino, tendría que llevar atuendos cómodos y funcionales o pasar vergüenza.
El día de la cita quise confiar en el universo y en que Dante no sabría nada para ir a molestarme, pero el universo conspiraba contra mí.
Fuimos a la heladería y, después de nuestros helados, Santiago compró dos batidos y nos fuimos a la plaza.
Allí apareció Dante.
¿Lo peor? Se puso a conversar con mi cita sobre refacciones para su bicicleta porque, al parecer, ese chico también era bueno personalizándola, tal como varios otros de nuestra edad.
Le dediqué una mirada a Dante. Luego me acerqué a Santiago y le di un beso en la mejilla a modo de despedida.
--¿Te vas?-- Me preguntó, rascándose el cabello
--Sí
--¿Podemos salir de nuevo?-- Preguntó con interés
--No. No suelo tener citas con mis amigos. Creí que sería más divertido, pero no lo fue
Me alejé, dejándolo decepcionado.
¿Saben qué es lo peor?
Dante me siguió y se rio todo el camino.
--¿Por qué no vas con Santiago? Se te notaba muy interesado en él y muy divertido a su lado. Si me fui fue para no ser el mal tercio en una pareja tan prometedora
Él enrojeció.
--No te sonrojes. No le diré a nadie que te gusta él y que por eso apareciste como un novio celoso en nuestra cita con la patética excusa de refacciones para tu bicicleta
--¡Estás equivocada! ¡No los estaba siguiendo!
--Me da igual
Recuerdo haberme puesto mis auriculares e ignorarlo. Comprendí tarde que a él no se lo podía ignorar así como así.
Pasó por un charco en su bicicleta justo a mi lado y me salpicó las piernas con barro.
¿Entienden por qué debí comenzar a usar atuendos cómodos?
--¡TE ODIO!-- Le grité
Él me miró con una sonrisa y siguió hacia su casa.
Disfrutaba sacándome de quicio. No había otra justificación para todo lo que hacía.
Pero... yo ya tenía una venganza en mente.
Si él arruinó mi cita y, además, me embarró, yo también ejecutaría mi venganza arruinando dos citas suyas.
Tenía que prestar atención para no perderme información valiosa y Tina sería mi aliada porque ella se enteraba de absolutamente todo. Siempre tenía más información que un diario.
Fue así como me enteré de que Dante tendría una cita en su casa, pocas semanas después.
Lo vi por mi ventana preparando su habitación, limpiando y ordenando, cuando sabía perfectamente que él no haría eso sin obligación.
Sus padres no estaban.
¿Acaso pensaba tener sexo?
Entré por su ventana cuando se fue. Llevé en mis manos las sábanas que ya no usaba porque eran de cuando tenía aproximadamente siete años. Unas de color rosa con unicornios y nubes.
Cambié las de Dante.
Entonces noté que tenía una caja de preservativos sobre su escritorio y los miré con asco.
Así que Dante ya estaba pensando en sexo seguro.
No sabía si aquello me daba más asco o vergüenza. Lo único que tenía claro era que no quería pensar demasiado en ello.
Me fui, dejando la decoración infantil de niña detrás.
Entré a mi habitación y me mantuve alerta.
Cuando Leyla fue a la habitación con él... bueno... la cita fue demasiado breve.
Vi un cartel en la ventana de Dante, pegado con cinta.
ESTO ES GUERRA, WHITAKER.
Cuatro palabras que me arrancaron una sonrisa. Él había arruinado mi cita, una que estaba resultando bastante bien, ¿Por qué yo no podía darle una cucharada de su propia medicina?
Sonreí desde mi ventana y le enseñé el dedo medio luego de pegarle una imagen que imprimí de unicornios, nubes y arcoíris con su nombre en mayúsculas.
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏