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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

MICHAEL

El abogado fue claro en lo que iba a suceder, pero la revisión fue peor de lo que esperaba. No dolía físicamente ni la total desnudez ante personas completamente desconocidas que me examinaban minuciosamente como a un objeto —tomando fotos, anotando cada hallazgo, sujetando con guantes mis partes íntimas en busca de evidencia—, sino la vergüenza de no tener ningún recuerdo que ofrecer en mi defensa sobre lo que ocurrió con Tianna. Luego sacaron varios tubos de sangre para finalizar con una muestra de orina, la cual recolecté con la puerta abierta pues los policías no me quitaban los ojos de encima, vigilando cada movimiento que hacía como si esperaran que huyera por una tubería o la hendidura del aire acondicionado. Ya sabían que me encontraba ahí voluntariamente, pero eso no parecía importar: me miraban con un asco reservado solo para los depredadores sexuales. Me colocaron una etiqueta invisible que quemaba más que las esposas sobre las muñecas antes de trasladarme a una celda fría donde tengo que esperar un careo con la víctima, además de los resultados de todos los análisis y pruebas, lo que puede tomar de uno a siete días para que un juez fije una fianza si no hay algo que me incrimine directamente.

Cuando se abrió la puerta, no fui capaz ni siquiera de levantar el rostro para ver a mi abuela, la cual me abrazó con su amor incondicional; mucho menos logré dar la cara a los Bodra, aunque Isa se acercó para decirme que todo iba a estar bien...

Sentado en este banco de cemento, se me funde el cerebro intentando forzar una memoria que no existe; procuro reconstruir la noche desde que subí con esa mujer de vestido rojo ajustado, perfume de vainilla y mirada coqueta, pero las imágenes son como una niebla mental: vagas, borrosas y confusas donde los rostros no tienen facciones y sus voces son solo ruidos distorsionados...

—¿Por qué no escuché a mi pececita? —susurro, observando mi encierro.

¡Hoy es su cumpleaños! Y yo estoy aquí encerrado entre estas malditas cuatro paredes, como un criminal sin memoria, rezando para que la buena crianza de mi abuela no me haya permitido hacer algo atroz a Tianna aun estando drogado... Me cubro el rostro con desesperación, deseando en el fondo de mi corazón que todo esto sea solo un mal sueño del que en cualquier momento voy a despertar, pero me asaltan las imágenes que me mostraron cuando pidieron mi declaración: su vestido rasgado, sus piernas marcadas, el cabello despeinado, golpes en la cara, mordiscos en sus pechos, sus partes íntimas con múltiples fisuras...

¡Oh, Dios! Te suplico, te imploro que no me hayas permitido dañar a esa mujer de esa horrible manera...—pido con un dolor que me oprime el corazón.

 ISMARA

No dejo de pensar en la abuela Carmen ni en cómo estará Micky. Sin alcanzar a pegar un ojo, tampoco me sale de la cabeza qué era lo que quería probar el abuelo Ismael al dejarme conducir su auto.

Mi celular se encuentra sobre la mesa de noche cuando empieza a vibrar. Lo tomo apresuradamente y veo un mensaje de texto de Ethan:

«Rescatar a tu amigo debería valerme al menos elegir el restaurante, ¿no crees, niñita?»

—Maldito idiota arrogante, como si no tuviese suficientes problemas en este momento... —digo en voz alta.

Tocan a la puerta.

—Adelante...

—Isa, baja a comer, tus tíos te están esperando —susurra Victoria, un poco distante.

—Vicky, ¿fuiste tú la que le dijo al abuelo?

—No, no fui yo...

—¡Él está enojado conmigo, aunque no lo admita!

—No lo sé, Isa... ¡Está más callado de lo normal! —suspira con tristeza al bajar el rostro.

—Ummm, está bien, ya bajo...

En mi mente no deja de dar vueltas que cuando le confiese toda la verdad al abuelo, ese silencio va a ser todavía peor que la bomba de Hiroshima. Victoria sale de mi habitación, dejándome con los pensamientos aún más enmarañados que antes.

El móvil vuelve a vibrar:

«Es de poca educación dejar a tu salvador en visto.»

Resoplo sofocada. Me recojo el cabello en una coleta y me lavo la cara para verme un poco más fresca, pues no he dormido ni cinco minutos desde que llegué a pasar las vacaciones de la universidad.

Al aproximarme a las escaleras, inicia el coro:

«Cumpleaños feliz, te deseamos a ti, cumpleaños Ismara, cumpleaños feliz...»

El abuelo sostiene mi pastel favorito esperando a que apague las velas. Una vez lo hago, mis tíos me abrazan dándome sus mejores deseos entre cálidos apapachos.

—¡Gracias, no se hubieran molestado!

—¿Cómo que no? Solo una vez se cumplen dieciocho años... —dice el tío Polo, entregándome una caja preciosa de herramientas de las mejores marcas, completamente surtida y grabada con mis iniciales.

—¡Gracias, tío Polo! —lo abrazo eufórica.

—El mío es un poco menos ostentoso, pero va con mucho cariño... —dice el tío Rolo, dejando en mis manos una bolsa de regalo con una chaqueta de cuero personalizada, junto a unos anteojos negros antirreflejos y unos guantes de conducción.

—¡Gracias, tío Rolo!

—No necesitas agradecer nada, pequeña —responde, besando mi cabeza con cariño.

—Bueno, bueno, bueno... Yo este año confieso que tengo en mente algo diferente para esta encantadora princesa —confiesa el tío Agus.

—¿A qué te refieres, viejo alcahuete? —gruñe entre dientes el abuelo, elevando una ceja y mirándolo como si las miradas mataran.

—Ya que Isa es una joven mayor de edad —y muy hermosa, por cierto—, pienso llevarla a que le realicen un cambio de look con spa, mascarillas, uñas y todo eso que se hacen las mujeres para embellecerse, con asesoramiento personal de acuerdo a su edad.

—¿Qué pasa, tío Agus? ¿Acaso me veo tan mal?

—¡No, princesa, eso jamás! Pero eres preciosa y te estás desperdiciando entre estos viejos fósiles. Es bueno que también conozcas el mundo que te rodea a través de tus propios ojos, que experimentes, disfrutes y, lo más importante, que vivas sin remordimientos.

—¡No le metas ideas, Agus! —soltó con brusquedad el abuelo.

—Ningunas ideas, Ismael. Ella está en todo su derecho de decidir qué quiere hacer con su vida porque nosotros ya vivimos. ¿O es que acaso ya lo olvidaste?

—Ummm... Ismara Isabella Bodra, ¿qué piensas de lo que dice tu tío Agus? ¿Hay algo que me quieras decir? —pregunta el abuelo.

—¡Ah! —exclamo, entrando casi en pánico por su mirada de tiburón blanco.

—Creo que no es el momento para acosar a Isa. Hoy es su cumpleaños y su mejor amigo no pudo estar aquí para celebrarla en esta fecha tan importante —interviene Victoria.

—Okey, okey, okey... Vicky tiene razón. Pero yo no te he comprado nada, ya que quiero saber: ¿qué es lo que en realidad te gustaría que te regale?

Siento que mi rostro pierde el color de manera instantánea, por lo que solo alcanzo a balbucear:

—¡Nada, abuelo! Estoy agradecida con todo lo que has hecho por mí en todos estos años.

—Ummm... ¿Estás segura de que no te gustaría, no sé, tal vez... que te regale un auto?

—¡¿Qué?! —abro los ojos sorprendida por sus palabras, pero dudo.

—No, Tito Isma, no te molestes. Ya estás haciendo mucho por Micky...

—Ummm, déjame ver... ¿Estás segura de que no quieres un Koenigsegg Jesko Absolut, como dice Agus?

—¿O el SSC Tuatara, Hennessey Venom F5 o el Bugatti Chiron Super Sport 300, como dice confiado Pablo?

En ese momento estoy bebiendo una gaseosa y por poco la escupo, tosiendo desconsoladamente. Victoria se acerca a darme golpecitos en la espalda mientras murmura:

—¡Tranquila, mi ángel, todo a su tiempo!

—Gracias, abuelo, estoy bien...

Sin embargo, el aire se puede cortar con tijera por lo tenso que está el ambiente entre Agus y el abuelo, quienes se conocen desde niños.

—Okey... ¿Entonces no hay otra cosa que quieras? —insiste entrecerrando los ojos.

—Nada...

Aunque en el fondo deseaba cualquiera de esos autos veloces que mencionaron, mi respuesta lógica es un rotundo no.

—Tú dirás, Isa, si quieres que visitemos a mi amiga en el spa después de partir el pastel para que te relajes un poco de lo que está atravesando tu amigo —propone el tío Agus. Mis tíos me conocen muy bien y, con solo verme, se dieron cuenta de que todo anda mal.

—Listo, me gusta la idea de pensar en otra cosa...

—Compra todo lo que quieras con la tarjeta que te regalé el día que entraste a la universidad y luego vemos formalmente lo de tu regalo de cumpleaños, Ismara —dice el abuelo bastante serio.

—Gracias, Tito Ismael...

Él solo mueve la cabeza en señal de afirmación, dejando en el aire una tormenta que apenas comienza.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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