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El Amor Del Duque - Reencarnación (BL)

El Amor Del Duque - Reencarnación (BL)

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Alfonso en su soledad como empresario lee una historia de romance entre un duque y su princesa pero entre las intrigas y el romance se enamora de un personaje secundario, el Príncipe Anthony, quien reprime sus sentimientos para que el hombre que ama y su hermana sean felices, pero todo cambia cuando Alfonso reencarna en el duque y en la primera oportunidad expresa sus sentimientos por el príncipe.

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Capítulo 18: La Llegada al Palacio Real y las Miradas Cómplices

​El Palacio Real de la capital se erigía sobre una meseta elevada que dominaba toda la ciudad imperial. Era una obra maestra de la arquitectura renacentista, con torres de piedra blanca pulida, cúpulas doradas que reflejaban la luz del sol poniente y extensos jardines amurallados que servían de esparcimiento para la más alta aristocracia del reino.

​La llegada del Duque de las Tierras del Norte provocó un hervidero de murmullos entre los nobles y cortesanos agrupados en el gran patio de honor. Los rumores que Lord Alberto y Cedric habían sembrado durante meses dibujaban a Fernando como un hombre físicamente deteriorado, mentalmente inestable y al borde de la ruina tras su caída del caballo.

​Sin embargo, la figura que desmontó frente a la escalinata principal destruyó instantáneamente cada una de esas calumnias.

​Fernando vestía una majestuosa casaca de terciopelo negro con bordados imperiales de hilo de plata, calzas oscuras de corte perfecto y botas altas de cuero lustrado. Su presencia física, imponente y musculosa, combinada con una postura erguida, la barbilla alzada y una mirada de acero penetrante, proyectaba una autoridad aplastante que dejó mudos a los condes y barones presentes. El antiguo ejecutivo corporativo, habituado a dominar juntas de directivos multimillonarios, caminaba entre la nobleza con una elegancia intimidante.

​A la entrada del Salón del Trono, la familia real aguardaba para la recepción oficial.

​En el centro se encontraba el Rey, un hombre anciano de barba canosa y corona pesada. A su derecha, vistiendo un vestido de seda escarlata con encajes de encanto desarmante, estaba la princesa Antonella. Y a su izquierda, impecable en su uniforme de gala azul rey con charreteras doradas, se hallaba el príncipe Anthony.

​Alfonso, en el cuerpo del duque, sintió que el tiempo se detenía cuando sus ojos se cruzaron con los del príncipe.

​Anthony lucía deslumbrante. Su cabello dorado brillaba bajo los candelabros de cristal y su rostro fino conservaba la belleza melancólica que tanto fascinaba a Fernando. Sin embargo, al cruzar sus miradas, el príncipe no pudo evitar que un estremecimiento de emoción recorriera todo su cuerpo. Sus labios temblaron levemente y un sutil rubor escarlata tiñó sus pómulos antes de que lograra recuperar la compostura diplomática.

​Fernando avanzó por la alfombra roja, hincó una sola rodilla en el suelo frente al soberano y bajó la cabeza con respeto calculado.

​—Su Majestad Imperial —pronunció Fernando con su profunda y resonante voz de barítono—. El Duque de las Tierras del Norte se presenta ante el trono para rendir tributo, entregar los informes de la corona y reafirmar la lealtad de mi casa hacia vuestro reinado.

​—Ponte de pie, Lord Fernando —respondió el Rey con voz senil pero complacida—. Nos llena de alivio ver que los informes sobre la gravedad de tu salud eran exageraciones infundadas. Tu presencia en este palacio demuestra la fortaleza de tu estirpe.

​—Agradezco sus palabras, Sire —dijo Fernando poniéndose de pie—. Mi salud es impecable y la administración del norte está más sólida que nunca.

​La princesa Antonella dio un paso adelante, desplegando un abanico de plumas blancas mientras escudriñaba a Fernando con una mirada de extrema astucia analítica.

​—Bienvenido a la capital, Duque Fernando —saludó la princesa con tono dulce pero inquisitivo—. Mi hermano Anthony y yo estábamos muy consternados cuando supimos de tu accidente. De hecho, Anthony no pudo contener la angustia y viajó hasta tu finca sin esperar la autorización del consejo.

​Anthony apretó los puños tras su espalda, sintiendo que el corazón le daba un vuelco por la mención de su hermana. Fernando, manteniendo una serenidad absoluta, giró el rostro hacia el príncipe.

​—La lealtad y la preocupación de Su Alteza el Príncipe Anthony son gestos que mi casa jamás olvidará —respondió Fernando, sosteniendo la mirada dorada de Anthony con una intensidad tan profunda que el príncipe sintió un calambre eléctrico en el vientre—. Su visita fue el aliciente definitivo para mi pronta recuperación.

​Tras la ceremonia de bienvenida y la entrega formal de los documentos de impuestos, el Mayordomo Real guio a Fernando hacia sus aposentos temporales en el ala de los invitados de honor.

​Por estricto protocolo de estado —dada la antigua y oficial amistad de la infancia entre el duque y el heredero—, la suite asignada a Fernando era la residencia de visitantes contigua a los aposentos privados del príncipe Anthony. Ambas estancias estaban divididas únicamente por un alto muro de piedra con una pesada puerta de roble tallado, un pasaje privado que solía utilizarse en el pasado para que los jóvenes nobles estudiaran juntos sin la interrupción de la guardia.

​Al quedarse solo en la inmensa habitación, Fernando contempló la puerta de madera que lo separaba de Anthony. Una sonrisa confiada y llena de anticipación iluminó su rostro. La noche apenas comenzaba.

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