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La Esposa Que Cambió Las Reglas

La Esposa Que Cambió Las Reglas

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Romance
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Durante siete años, Amelia Ferrer creyó que estaba construyendo un matrimonio y un futuro junto a Esteban Llorente. Renunció a sus propios sueños para convertir la empresa familiar de su esposo en un imperio, convencida de que algún día ambos compartirían el éxito que habían levantado juntos.
Todo cambia cuando descubre que Esteban y su madre llevan meses preparando un divorcio cuidadosamente planificado. No solo pretenden separarse de ella: quieren borrar cualquier rastro de su trabajo, apropiarse de sus aportes y dejarla sin un solo derecho sobre la empresa que ayudó a crear.
Amelia firma el divorcio sin discutir. Lo que nadie imagina es que una antigua sociedad fundada por su padre conserva, sin que ella lo sepa, derechos sobre uno de los activos más valiosos del Grupo Llorente.
Ese descubrimiento llama la atención de Gael Santoro, heredero de uno de los conglomerados empresariales más poderosos del país.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El hombre que Catalina protegió

El silencio que siguió a la confesión de Catalina fue más violento que cualquier grito. Amelia permaneció inmóvil, mirando a la mujer que durante semanas había sido una de las pocas personas cuya palabra todavía consideraba confiable. Ahora descubría que también ella había escondido una parte fundamental de su vida.

—Tú lo escondiste —repitió Amelia.

Catalina asintió lentamente.

—Sí.

Gael dio un paso hacia su madre.

—¿Dónde está?

Catalina lo miró.

—No puedo decírtelo.

—Después de todo lo que acabamos de descubrir, ¿todavía vas a seguir ocultándolo?

—Si te digo dónde está, lo pondré en peligro.

Amelia sintió que la rabia le subía por el pecho.

—¿Más peligro del que ya está?

Catalina sostuvo su mirada.

—No entiendes.

—Entonces explícame.

Victoria permanecía unos metros más atrás, observando la escena con una expresión que había perdido toda su seguridad anterior. Incluso ella parecía estar descubriendo información que no conocía.

Esteban, en cambio, permanecía completamente tranquilo.

—Déjala hablar —dijo.

Amelia se volvió hacia él.

—Tú no tienes derecho a decirme qué hacer.

Esteban no respondió.

Catalina respiró profundamente.

—Leonardo me pidió que lo ayudara a desaparecer.

—¿Cuándo?

—Después de que descubrió que la red R había penetrado su organización.

Gael frunció el ceño.

—¿Y tú aceptaste?

—Sí.

—¿Por qué?

Catalina miró a Elena.

—Porque sabía lo que estaba en juego.

Elena dio un paso hacia ella.

—¿Y por qué nunca me lo dijiste?

—Porque Leonardo me pidió que te protegiera también.

Elena cerró los ojos.

—Me hiciste creer que estaba sola.

—Era la única forma de mantenerte fuera del radar.

Amelia negó lentamente con la cabeza.

—Todos ustedes hablan de protección como si eso justificara destruir la vida de los demás.

Catalina se acercó.

—No intento justificarlo.

—Entonces dime la verdad.

Catalina permaneció callada unos segundos.

Finalmente, sacó un teléfono del bolsillo y lo colocó sobre una caja metálica.

—Leonardo está vivo.

—Eso ya lo sabemos.

—Está en un lugar seguro.

—¿Dónde?

—En una clínica privada.

Gael frunció el ceño.

—¿Por qué una clínica?

Catalina respondió:

—Porque resultó herido cuando intentaron trasladarlo fuera del país.

Amelia sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Está grave?

—No en este momento.

—¿Qué significa eso?

—Que sobrevivió, pero su estado sigue siendo delicado.

Amelia se quedó sin palabras.

—Quiero verlo.

—No todavía.

—No te lo estoy preguntando.

Catalina sostuvo su mirada.

—Si vas ahora, alguien podría seguirte.

Gael intervino.

—Entonces no iremos directamente.

Catalina lo miró.

—¿Qué propones?

—Una ruta falsa.

Gabriel comprendió inmediatamente.

—Podemos hacer que parezca que Amelia y yo salimos hacia otro lugar mientras ella se traslada por una segunda ruta.

Catalina negó.

—La red tiene gente observando los movimientos de la Torre.

—Precisamente por eso.

Esteban se acercó.

—No servirá.

Todos lo miraron.

—¿Por qué? —preguntó Gael.

—Porque ellos no están vigilando la Torre.

Esteban hizo una pausa.

—Están vigilando a Amelia.

Amelia sintió un escalofrío.

—¿Desde cuándo?

—Desde que presentaste el reclamo del Proyecto Legado.

—¿Y cómo sabes eso?

Esteban la miró directamente.

—Porque fui yo quien recibió la orden de vigilarte.

Victoria giró hacia él.

—Papá, nunca me dijiste eso.

—Porque no necesitabas saberlo.

Victoria apretó los labios.

—¿Entonces todo este tiempo...?

Esteban no respondió.

La expresión de Victoria cambió.

—Me utilizaste.

—Te di una oportunidad.

—Me hiciste creer que esta era mi guerra.

—Era tu guerra.

—No. Era la tuya.

Esteban permaneció en silencio.

Amelia observaba la discusión con atención. Por primera vez comprendía que Victoria tampoco tenía el control absoluto de la situación. Había sido una pieza dentro de una estructura mucho más grande.

—¿Qué quiere R? —preguntó Amelia.

Esteban respondió:

—El Proyecto Legado.

—¿Para qué?

—Para terminar lo que comenzaron hace quince años.

Elena se acercó.

—No.

Esteban la miró.

—Sabes que es verdad.

—No permitiré que vuelvan a utilizarlo.

—Ya lo están utilizando.

Amelia intervino:

—¿De qué hablan?

Elena respiró profundamente.

—La investigación que dio origen al Proyecto Legado nunca estuvo terminada.

—¿Qué falta?

—La última fase.

Gael preguntó:

—¿Y quién la tiene?

Elena miró a Amelia.

—Tú.

Amelia sintió que el corazón se le detenía.

—¿Yo?

—Tu padre nunca te lo dijo porque no quería que nadie pudiera utilizarte para llegar hasta ella.

—¿Qué tengo?

Elena se acercó.

—La memoria.

Amelia miró el dispositivo que había guardado después de salir del laboratorio.

—¿La memoria que encontré en la caja?

—Sí.

—Pero solo contiene la grabación de mi padre.

Elena negó.

—No.

Tomó el dispositivo.

—Tiene una segunda partición.

Gael se acercó.

—¿Estás segura?

—La programé yo.

Elena conectó la memoria a una computadora portátil que Gabriel había llevado consigo.

Aparecieron dos carpetas.

Una contenía el video.

La segunda estaba protegida con contraseña.

—¿Cuál es la contraseña? —preguntó Gabriel.

Elena miró a Amelia.

—La fecha de nacimiento de tu hija.

Amelia se quedó inmóvil.

—¿Por qué la de mi hija?

—Porque Leonardo quería que solo tú pudieras abrirla.

Gabriel introdujo la fecha.

La carpeta se desbloqueó.

Había decenas de archivos.

Planos.

Investigaciones.

Patentes.

Contratos.

Y un documento titulado:

PROYECTO LEGADO — FASE FINAL.

Gael comenzó a leer.

—Esto es enorme.

Amelia se acercó.

—¿Qué dice?

—Habla de una tecnología capaz de almacenar grandes cantidades de energía sin las pérdidas convencionales.

Elena asintió.

—Ese era el objetivo original.

—¿Y la última fase?

—Crear un sistema capaz de distribuirla sin depender de las redes tradicionales.

Gael levantó la mirada.

—Eso cambiaría el mercado energético.

—Completamente.

Amelia comprendió entonces por qué tantas personas estaban dispuestas a matar por aquel proyecto.

—¿Y por qué mi padre lo ocultó?

Elena respondió:

—Porque descubrió que la tecnología podía utilizarse para controlar infraestructuras completas.

—¿Controlarlas cómo?

—Apagándolas.

El silencio fue absoluto.

Gabriel cerró lentamente la computadora.

—Si alguien obtiene esto...

—Podría provocar apagones masivos —dijo Gael.

—Y mucho más —añadió Elena—. En las manos equivocadas, podría convertirse en una herramienta de presión internacional.

Amelia miró a Esteban.

—¿Y tú querías entregárselo a R?

Esteban negó.

—Yo quería impedir que lo obtuvieran.

Victoria lo miró con incredulidad.

—Entonces ¿por qué hiciste todo esto?

—Porque necesitaba acercarme a la única persona que podía abrir la última fase.

Amelia sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—Yo.

Esteban asintió.

—Tú.

Gael dio un paso delante de ella.

—No vas a acercarte a ella.

Esteban lo observó.

—No necesito hacerlo.

Señaló a Amelia.

—Ella ya abrió la puerta.

Amelia comprendió entonces algo aterrador.

La demanda.

El matrimonio.

La exposición pública.

La batalla por el Proyecto Legado.

Todo había llevado exactamente al punto donde se encontraban ahora.

—El matrimonio —dijo lentamente—. ¿También estaba dentro de sus planes?

Esteban guardó silencio.

Gael lo miró con dureza.

—Responde.

—No.

Amelia sintió un extraño alivio.

Esteban continuó:

—El matrimonio fue una variable que no controlamos.

Victoria lo miró.

—¿Entonces cómo explicas la cláusula de cinco años?

Esteban volvió el rostro hacia ella.

—Porque Leonardo y Catalina la diseñaron mucho antes de que Amelia y Gael se conocieran.

Amelia miró a Catalina.

—¿Es verdad?

Catalina asintió.

—Sí.

—Entonces mi matrimonio no fue utilizado para activar el Proyecto Legado.

—No.

—La cláusula estaba esperando que ocurriera.

—Exactamente.

Gael miró a Amelia.

La expresión de ambos cambió.

Por primera vez entendieron que su matrimonio no había creado aquella situación.

Había sido la llave que una generación anterior había dejado preparada.

Pero todavía quedaba una pregunta.

Amelia se volvió hacia Catalina.

—Llévame con mi padre.

Catalina negó.

—No.

—¿Por qué?

—Porque primero tenemos que sacar a todos de aquí.

Un ruido seco resonó en el almacén.

Después otro.

Gabriel se acercó a una ventana.

—Tenemos vehículos afuera.

Gael se puso inmediatamente delante de Amelia.

—¿Cuántos?

—Cinco.

Esteban palideció.

—Nos encontraron.

Victoria dio un paso atrás.

—¿Quiénes?

Esteban respondió:

—R.

Las luces del almacén se apagaron.

Esta vez nadie dudó.

Habían llegado.

Gabriel sacó su teléfono.

—No hay señal.

Catalina tomó a Amelia del brazo.

—Tenemos que irnos.

—¿Y mi padre?

—Primero sobrevivimos nosotros.

Una explosión sacudió el edificio.

El suelo tembló bajo sus pies.

Amelia perdió el equilibrio.

Gael la sujetó antes de que cayera.

—¿Estás bien?

—Sí.

Otra explosión se escuchó afuera.

Elena miró hacia la puerta.

—Ya no vienen por el proyecto.

Amelia la miró.

—¿Entonces por qué?

Elena observó la memoria que Gabriel todavía tenía en la mano.

—Vienen por ti.

Y en ese instante, una voz desconocida resonó por los altavoces del almacén.

—Amelia Ferrer.

Ella levantó la cabeza.

—Entréganos la memoria y nadie más tendrá que morir.

Gael apretó la mandíbula.

Amelia miró a su madre.

Después a Catalina.

Finalmente, miró a Gael.

—¿Qué hacemos?

Gael sostuvo su mirada.

—Lo que hemos hecho desde que empezó esto.

—¿Qué?

Él tomó su mano.

—Cambiamos las reglas.

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Mirta Bernaccki
q novela rara. puros suspenso. m está aburriendo bastante. muertos vivos, mentiras cosas ocultas.bastante macabra
Mirta Bernaccki
dicen q hay un infiltrado en la compañia de Gael. no quiero pensar mal pero Gabriel m resulta sospechoso
Mirta Bernaccki
hasta ahora lo q leí m parece muy interesante. sigamos leyendo haber que pasa
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