Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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RECOMPENSA GENEROSA
NARRADOR
Charlotte estuvo dos días hospitalizada. Le habían asignado custodia policial y había recibido más analgésicos en esas 48 horas que en sus casi veintitrés años de vida.
Su padre, había estado tantas horas a su lado como su trabajo se lo había permitido y mientras ocupaba un sofá en la sala blanca y esterilizada seguía trabajando.
Su hija no sabía la gravedad de los problemas que existían y que la única solución la encontraría si conseguía un marido.
Pero Erick Thompson ya había sido eliminado como un posible candidato.
Joshua revisaba constantemente sus finanzas y buscaba soluciones que no involucraran a su hija. Pero no existían.
Ella, naturalmente, no quiso volver a su apartamento. Vivir sola le resultaba especialmente aterrador y su padre tampoco estaba dispuesto a arriesgar su seguridad. Era su única hija, lo más valioso de su vida.
Pero, un nuevo problema apareció.
No fue por el robo. Tampoco por el atacante desconocido. Mucho menos el dinero robado o las joyas sustraídas.
Charlotte tembló antes de bajar de la camioneta de su padre.
--Hija, ¿Sientes mucho dolor? ¿Estás mareada?
Con cuidado, Joshua se acercó a su lado y le ofreció su brazo porque era impensado que tocara la zona de sus costillas si se sentía mal. Era lo que más le dolía y lo que más tardaría en recuperarse.
--No es nada, papá
Charlotte quiso disimular su malestar. No lo consiguió. Tardó más de lo debido en ingresar al edificio y cuando lo hizo comenzó a sudar.
--Hija, estás temblando-- La voz de Joshua pareció lejana
Ella sentía que todo a su alrededor se volvía pequeño y que respirar estaba convirtiéndose en un gran esfuerzo. Estaba teniendo un ataque de pánico que no mejoró en el elevador, sino todo lo contrario.
--Hija, respira. Ya casi llegamos. Cuenta conmigo uno... dos... tres
Al salir del elevador, ella cerró los ojos un momento y los abrió únicamente para ver sus propios pies.
Entrar al penthouse la golpeó de una manera desconocida. No fue por la nostalgia de los recuerdos. Tampoco fue por haber perdido su independencia.
--No quiero volver a salir...-- Tomó una respiración profunda que le recordó sus costillas fracturadas-- Tampoco quiero estar aquí
Joshua la miró. Preocupado.
--¿Quieres que vayamos a un hotel?
--¡NO!
Que ella gritara no era habitual. No se enfadaba regularmente y cuando lo hacía prefería alejarse.
--Hija dime que está pasando. Entiendo si no quieres estar aquí, pero hemos estado en muchos hoteles
--Esto es aterrador-- Señaló las ventanas y su padre fue a cerrar las cortinas
--¿Te sientes mejor ahora?
Charlotte negó lentamente.
--La altura, papá. Es la altura
--No le temes a las alturas, cariño. Jamás lo hiciste
Charlotte recordó la sensación que experimentó aquel día en que fue atacada. La desesperación que sintió al no poder escapar porque solamente había una puerta porque si se lanzaba por la ventana equivaldría a suicidio.
Entonces Joshua lo entendió y por primera vez no supo cómo ayudarla porque su economía actual le impedía mudarse.
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Los días en el penthouse transcurrieron con lentitud dolorosa.
Las consultas médicas en la clínica fueron reemplazadas por visitas a domicilio.
Las clases presenciales en la universidad continuaron, pero excepcionalmente de manera online.
Charlotte no ponía un pie fuera del penthouse y hasta Pastelito parecía dispuesto a comportarse.
Lo único que no cambió fue la crisis financiera en la empresa, aunque Joshua trabajaba incansablemente para conseguirlo.
--Papá en exactamente siete semanas cumpliré veintitrés y ya habré terminado de estudiar. Podré trabajar desde aquí-- Ella sonrió levemente
--Lo hablaremos más adelante, cariño-- Le tomó la mano y evadió su mirada
--Podrás resolver el problema con ese dinero. Sabes que no me preocupa, papá
--Hija, termina de comer. Deberías descansar, ¿Si?
Charlotte se preocupó, pero no insistió. Si Joshua decidía evadir una conversación no habría nadie capaz de hacerlo cambiar de parecer. La única que lo conseguía era su madre, pero ella ya no estaba.
El problema no era la herencia, era la ausencia de marido y también que la empresa no se mantendría en pie por tres meses. Había exactamente para el pago de dos meses de sueldo a los empleados y también para los gastos mensuales referentes a los servicios. Nada más.
Hasta que la inversión que dejó la empresa al borde de la quiebra rindiera frutos pasarían algunos meses. Y todo, por demoras que no pudieron evitarse. No fue culpa de nadie.
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Las semanas transcurrieron. Charlotte rindió su examen final por medio de la webcam de su computadora. Había obtenido su diploma, uno que no recibiría personalmente y que le llegó por correo.
Joshua había pagado un sueldo a sus empleados y había hecho los recortes que pudo en los gastos de la empresa. No había bastado.
Debió volver a considerar a los posibles prometidos para su hija y eliminar a los que vivían en un edificio.
Los nombres se redujeron a cero. Nadie estaba dispuesto a mudarse. Eran hombres jóvenes que no querían una casa con una cerca blanca y un hermoso jardín. Y así estuvieran dispuestos a mudarse, él no podía pagar una casa. No en su economía actual.
Con todo el dolor de su alma, Joshua comenzaba a perder la esperanza de salvar la empresa, pero no sabía cómo decírselo a su hija.
Él había comenzado a ir a distintos bancos con la esperanza de obtener créditos. Si perdería la empresa, no lo haría sin agotar todas sus posibilidades.
Pero, de pronto llegó una llamada inesperada que lo cambió todo.
La policía se había comunicado. El FBI había tomado el caso del ataque de Charlotte y habían ofrecido una recompensa por las joyas.
Una de las joyas apareció tirada cerca del apartamento de Charlotte. Otra, había sido encontrada por alguien a la salida de un supermercado. Y la tercera la encontraron cerca de un cementerio. Claramente, el robo no parecía ser el motivo de la agresión, sino algo más oscuro.
Ahora la pregunta que todos se hacían era: ¿Quién estaba detrás del brutal ataque y por qué Charlotte fue la víctima? No era más que una universitaria sin enemigos, no había un ex novio celoso, tampoco tenía deudas ni adicciones.
Esta pareja ya está echa🤣.
que locura está novela