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El Eco Detrás De La Cortina

El Eco Detrás De La Cortina

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Edad media / Romance / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Para la alta sociedad de Mayfair, Lady Lysandra Ashford lo tiene todo: belleza, fortuna y un compromiso idílico con el codiciado Lord Lucian Prescott. Sin embargo, la ilusión se quiebra la noche en que descubre que su prometido solo buscaba ganar una apuesta de club y acceder a la riqueza de su padre. Con el corazón endurecido por la traición, Lysandra rompe el compromiso y jura no volver a entregarse a las redes del amor romántico.
​Obligada a regresar a los salones de baile para limpiar el nombre de su familia, su camino se cruza con el de Lord Gideon Ravenscroft, el nuevo e inmensamente rico Duque del Norte. A pesar de su imponente presencia física y su estatus inalcanzable, Gideon oculta un defecto catastrófico: una incapacidad total para desenvolverse en la hipocresía social de la capital. Lo que comienza como un pacto de conveniencia —donde ella le enseña a navegar por las garras de la aristocracia a cambio de mostrarse juntos— pronto despierta una atracción incontrolable.

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La devoción de los roces lentos

​Tras el anuncio formal del compromiso y la entrega del anillo de zafiro, Mayfair se convirtió en un hervidero de felicitaciones y preparativos. Sin embargo, para Lysandra y Gideon, el mundo exterior había quedado relegado a un murmullo distante. Lo que verdaderamente ocupaba sus mentes y hacía arder sus días era la constante, sofocante e irresistible cercanía que ahora disfrutaban como pareja prometida.

​El pacto de abstención física que habían acordado en el carruaje se convirtió rápidamente en un dulce tormento. Al estar oficialmente comprometidos, la supervisión social sobre sus encuentros se relajó considerablemente. Gideon la visitaba casi todas las tardes en la residencia Ashford, compartiendo larguísimas horas en el salón de música, en la biblioteca o en el invernadero.

​Cualquier gesto cotidiano se cargó de un magnetismo abrumador.

​Una tarde, mientras repasaban las invitaciones de la futura gala sobre la mesa del despacho, la mano de Gideon se posó sobre la de Lysandra para sostener la pluma. El contacto no fue rápido; la palma grande, tibia y levemente áspera del Duque permaneció sobre la piel suave de la joven durante varios segundos. Lysandra sintió cómo el aire se le atascaba en la garganta. Al alzar los ojos, encontró los ojos grises de Gideon mirándola no con la timidez de antes, sino con un hambre oscura, concentrada y transparente.

​—Te tiemblan los dedos, mi vida —susurró Gideon con esa voz grave que parecía retumbar directamente en las entrañas de Lysandra.

​—Es culpa tuya —respondió ella en un murmullo agitado, sin retirar la mano—. Estás demasiado cerca.

​Gideon no retrocedió. En su lugar, inclinó ligeramente la cabeza, permitiendo que su aliento cálido rozara la curva del cuello de Lysandra. Con una lentitud desesperante, el Duque deslizó su pulgar sobre la muñeca de la joven, sintiendo el latido desbocado de su pulso.

​—Cada minuto que paso a tu lado sosteniendo esta distancia me cuesta una fracción de mi cordura —confesó él, rozando con los labios la piel sensible justo debajo de su oreja, haciéndola estremecer violentamente—. Deseo memorizar cada pulgada de tu piel, Lysandra. Siento que me estoy consumiendo por dentro.

​Momentos como ese comenzaron a repetirse a diario. El simple acto de ayudarla a ponerse el abrigo de terciopelo se transformaba en minutos de agonía placentera, donde las manos de Gideon se demoraban en sus hombros, presionando con suavidad posesiva mientras el perfume de jazmines de Lysandra le embriagaba la razón. Las miradas cruzadas en los salones ya no eran discretas; eran promesas explícitas de pertenencia que hacían que a Lysandra le ardieran las mejillas y el pecho.

​La línea entre la contención y la entrega definitiva se rompió dos semanas después durante un atardecer de lluvia torrencial. Un diluvio estival había dejado los caminos de la ciudad impracticables, obligando a Gideon a quedarse a cenar en la residencia Ashford. Tras retirarse los sirvientes y retirarse el Conde a sus aposentos, ambos quedaron a solas en el refugio de la biblioteca privada, donde el crepitar de los leños en la chimenea era el único sonido que competía contra el golpeteo de las gotas sobre los ventanales.

​Lysandra vestía un vestido de casa en seda azul noche, con un escote favorecedor que dejaba al descubierto sus clavículas. Gideon había prescindido del saco y la corbata; su camisa de lino blanco estaba entreabierta en el cuello, revelando la firmeza de su torso.

​Gideon permanecía de pie junto al fuego, sosteniendo un vaso de licor que apenas había probado. Sus ojos grises, ardientes y oscuros, seguían cada movimiento de Lysandra mientras ella caminaba hacia él.

​—Debo marcharme a la habitación de invitados, Lysandra —dijo él con la voz rasposa, apretando los nudillos alrededor del vaso—. El aire entre nosotros está tan cargado que apenas puedo respirar. Si me quedo un minuto más... romperé la promesa que te hice.

​Lysandra se detuvo a pocos centímetros de él. Miró la boca de Gideon, los músculos tensos de su mandíbula y el temblor contenido en las manos de un hombre que podía derribar a cualquiera pero que se sometía voluntariamente a sus deseos.

​—No quiero que cumplas esa promesa, Gideon —dijo ella con una voz clara, suave y cargada de una determinación febril—. Ya no hay dudas en mi corazón. No necesito una ceremonia en la catedral para saber que mi cuerpo y mi alma te pertenecen. Te amo. Y no quiero pasar una sola noche más deseando lo que ya es nuestro.

​Gideon dejó caer el vaso sobre la mesa auxiliar con un golpe seco.

​—Lysandra... —advirtió él en un gruñido bajo, dando un paso posesivo hacia ella—. Si cruzas esta frontera, no habrá vuelta atrás. Te tomaré y serás mía de una forma que jamás podrías deshacer.

​—Tómame —respondió ella, alzándose sobre las puntas de sus pies y apoyando ambas palmas contra el pecho desnudo y cálido del Duque.

​Aquella invitación fue la chispa final. El autocontrol de Gideon saltó en mil pedazos.

​Con un gemido salvaje y ahogado, sus enormes manos rodearon la cintura de Lysandra, alzándola con una facilidad pasmosa y pegando la pelvis de la joven contra la suya. Sus labios se estrellaron contra los de ella en un beso voraz, profundo y dominante que le arrancó un suspiro de rendición pura a Lysandra. La lengua de Gideon reclamó su boca con una pasión diestra y devoradora, mientras sus manos se enredaban en el espeso cabello de la joven, soltando los alfileres y dejando caer las ondas oscuras sobre sus hombros.

​Gideon la trasladó hasta el amplio y muelle sofá de cuero que descansaba frente al calor dorado de la chimenea. La depositó sobre los cojines con veneración, colocándose entre sus piernas sin dejar caer todo su peso, pero acorralándola en un abrazo de puro fuego.

​Con dedos sabios y febriles, Gideon comenzó a desatar los cordones del vestido de Lysandra. Cada centímetro de piel que quedaba al descubierto era reclamado de inmediato por sus labios ardientes. Sus besos descendieron desde la curva de la mandíbula, trazaron un camino febril por el cuello y continuaron por el contorno de sus pechos, haciéndola arquear la espalda y clavar sus uñas en los hombros musculosos del Duque.

​—Eres mi reina, mi diosa, mi vida entera... —murmuraba Gideon contra la piel suave como la porcelana, entre jadeos entrecortados—. Bendita seas, Lysandra...

​Cuando la seda y el encaje cayeron por completo al suelo, la contempló bajo la luz danzante del fuego. Los ojos de Gideon brillaban con un amor adorador y una lujuria salvaje. Se despojó rápidamente de sus propias prendas, dejando ver un cuerpo esculpido por el trabajo, fuerte y majestuoso.

​El contacto inicial de su piel desnuda contra la de él provocó una descarga eléctrica que hizo temblar a ambos. Gideon avanzó con una paciencia infinita y una delicadeza venerativa, asegurándose de que cada caricia desperatara en Lysandra marea tras marea de placer sensual. Sus manos grandes recorrieron la cintura, los muslos y las caderas de la joven, enseñándole una geografía del deseo que ella jamás imaginó que existía.

​Cuando se unieron en un solo ser, un pequeño gemido de sorpresa fue sofocado de inmediato por un beso profundo y apasionado. Gideon comenzó un movimiento rítmico, firme y deliciosamente lento, ajustando cada embestida a los suspiros y estremecimientos de Lysandra. El dolor inicial fue sepultado instantáneamente por una ola de calor abrumador, íntimo y voraz.

​Lysandra se aferró a la espalda sudorosa de Gideon, rendida ante la fuerza irresistible y la devoción absoluta del hombre que la amaba con cada fibra de su ser. El ritmo se volvió más intenso, una danza salvaje y perfecta donde solo existían sus respiraciones agitadas, los susurros de amor eterno y el crepitar del fuego, culminando juntos en una cumbre abrasadora de placer y liberación que dejó a ambos colapsados el uno sobre el otro, abrazados en un triunfo total.

1
mar
me gusta esta novela ,, me llamo la atención el titulo y no me decepciono.
mar
hasta ahora veo una historia buena,la recomiendo
Gs GS Rubiisita
pinta bien me atrapó ,veamos que sigue☺️
Maredys Marquez
genial
Maredys Marquez
saludos amiga escritora felicidades lo que llevo leído de la obra me encanta..
lizro taon: ñm4tgf4w
total 2 replies
Gloria Rodríguez
Muy bonita
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