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El hombre que mantenía era un CEO

El hombre que mantenía era un CEO

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Intrigante / Mujer poderosa / Amor a primera vista / Equilibrio De Poder / Traiciones y engaños / Sustituto/a / Donde hubo fuego cenizas quedan / Amante arrepentido / Ella Mayor Que Él / Amor platónico / Completas
Popularitas:17.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Durante tres años, Ximena Salazar esperó a un esposo que huyó al extranjero con su amante la misma semana de la boda. Cuando Fernando regresa a Monteverde con esa mujer embarazada del brazo, Ximena deja de esperar.
Le devuelve el apellido, recupera todo lo que entregó a la familia Ayala y decide seguir adelante con el único hombre que nunca le ha pedido explicaciones: Adrián, el desconocido irresistible al que ha mantenido en secreto durante tres años.
Solo hay un problema.
Adrián no es pobre, ni indefenso, ni el amante discreto que ella creía tener bajo control. Es el heredero de los Bramonte, el magnate más temido de la Capital y un hombre capaz de poner de rodillas a una familia entera con una sola llamada.
Mientras su exmarido intenta recuperarla, una falsa heredera roba su nombre y la alta sociedad se empeña en destruirla, Ximena tendrá que revelar los secretos que lleva años ocultando. Porque ella tampoco es una mujer cualquiera.
Él podría darle un imperio.
Pero Ximena ya sabe construir el suyo.
Y Adrián solo quiere una cosa a cambio: que la mujer que lo “mantuvo” deje de tratarlo como un capricho y lo elija para siempre.

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Capítulo 19

Cap 19: Rasgar el vestido, romper la sangre

Susana no esperó a que Ximena cumpliera su amenaza. Golpeó una copa con la cucharilla, pidió silencio y subió a la pequeña tarima con paso triunfal.

—Familia, amigos, gente querida. Tengo un anuncio precioso que darles. —Buscó a doña Leticia con la mirada—. Mi mamá, que tiene el corazón más grande del mundo, ha decidido adoptar a Liliana como su ahijada. Como su hija de honor. Porque las familias de verdad no son solo las de sangre, ¿saben? Las familias de verdad se eligen con el corazón.

El salón rompió en aplausos.

Doña Leticia, sentada muy tiesa en su silla, se debatía por dentro como en un potro de tormento. Todavía quería a Ximena, a la niña que había criado en brazos, aunque jamás en la vida se lo confesara ni a sí misma. Odiaba a Rosaura con toda el alma, con un odio de veinte años. Y se sentía en deuda impagable con Susana, la hija de su propia sangre a la que había dejado crecer en la miseria y los golpes. Entre esos tres fuegos, apretó los labios hasta que se le pusieron blancos, se levantó con esfuerzo y dijo, con una voz que apenas le salía del pecho:

—Es cierto lo que dice mi hija. Bienvenida a esta familia, Liliana.

Lili se acercó con una charola de sidra sin alcohol, ofreció una copa a doña Leticia y otra a don Joaquín y, tomándoles las manos, se inclinó para recibir su bendición.

—Padrino. Madrina. —Su voz era pura miel derramada—. Gracias por recibir a esta huérfana que no tenía a nadie en el mundo.

A Ximena se le partió algo en el centro del pecho. Ver a la mujer que le había quitado el marido, recibiendo la bendición y llamando "madrina" a la que la había criado a ella, en su propio cumpleaños, delante de toda la sociedad, era una crueldad calculada al milímetro, con saña. Dejó la copa vacía sobre una mesa y caminó, sin prisa aparente, hacia la salida del salón.

Dos hombres corpulentos, de traje negro y auricular en la oreja, le cerraron el paso en la puerta. Guaruras. Contratados por Susana para que la fiesta no terminara hasta el último acto del espectáculo.

—Todavía no te vayas, hermana —canturreó Susana desde la tarima, disfrutando—. Si apenas empieza lo bueno.

Y ahí, atrapada entre los dos gorilas y toda la sala mirándola, a Ximena le regresó de golpe la primera vez.

Tenían quince años. Ella era la jefa de grupo y le tocó hacer una visita domiciliaria a una compañera que faltaba mucho. Llegó a un cuartucho de azotea, sin agua caliente, y encontró a doña Sonia moliendo a golpes a una Lili adolescente con el cable de la plancha, mientras el padre, un hombre baldado, lloraba impotente en su silla de ruedas contra la pared, sin poder mover un dedo para defenderla. Ximena se metió a jalones, a gritos, le arrancó el cable de la mano a la mujer, sacó a Lili de ahí y se la llevó. La invitó a comer. Le compró libros, uniformes, zapatos. Le consiguió una beca de internado completa. La protegió durante años, más que a nadie, más incluso que a su propia Noa. Le abrió su casa, su mesa, su nombre, su confianza entera.

Y así, exactamente así, le pagaba.

Lili bajó de la tarima y se acercó a ella, despacio, con las dos manos sobre el vientre abultado. Se detuvo justo al borde de la escalera de mármol que bajaba al vestíbulo. Ninguna de las dos oía a nadie más.

—¿Sabes por qué le abrí las piernas a Fernando aquel verano? —susurró Lili, con una sonrisa dulcísima y unos ojos que helaban la sangre—. Por envidia. Nada más por eso. Porque todo lo tuyo lo quería para mí. Tu vida, tu apellido, tu casa, tu hombre. Y lo conseguí, ¿ves? Todo. —Le clavó los cinco dedos en el antebrazo, con una fuerza que no cuadraba con su cara de ángel—. Y nunca, óyeme bien, nunca en tu vida vas a librarte de mí, Ximena.

Entonces, sin soltarle el brazo, Lili echó el peso del cuerpo hacia atrás.

Y se dejó caer ella sola por las escaleras de mármol.

—¡Me empujó! —gritó mientras rodaba, teatral, cubriéndose el vientre con los dos brazos—. ¡Ximena me empujó por la escalera! ¡Mi bebé, mi bebé!

El salón entero estalló en un alarido colectivo. Susana ya venía bajando a toda prisa, con sus guaruras, con los invitados que ella misma había seleccionado, con los celulares grabando.

—¡Yo lo vi todo! —chilló Susana, señalándola con el dedo—. ¡La empujó con las dos manos! ¡A una mujer embarazada! ¡Es una salvaje, siempre lo fue!

Don Joaquín se abrió paso entre la gente, lívido, mucho más preocupado por el escándalo que por nadie tirado en el suelo.

—Ximena. —La agarró del codo, siseando entre dientes—. Discúlpate. Ahora mismo. Delante de todos. Pide perdón, di que fue un accidente, y demos esto por terminado en paz, por el buen nombre de la familia.

—No me disculpo por algo que no hice —dijo ella, sin mover un músculo.

—¡Es una orden, Ximena!

Y en ese instante, a Ximena le volvió otro recuerdo, más frío todavía que el primero. Una noche, tres años atrás, los había oído a los dos hablando en el estudio, creyéndose solos. "La conservamos por la cara de la familia, nada más", había dicho don Joaquín. "El testamento ya está firmado ante notario. Todo, hasta el último peso, es para Susana, la de sangre. A la otra, un finiquito y que agarre su camino."

Ximena se soltó del codo de don Joaquín, con calma.

Se quedó muy quieta en el centro exacto del salón, bajo el candil, con cien pares de ojos encima. Luego, con las dos manos, agarró el vestido blanco por el escote —el vestido modesto que le habían mandado a propósito para humillarla— y lo rasgó de arriba abajo. La tela cedió con un chasquido seco que se oyó en todo el salón. Se lo arrancó de un tirón y lo dejó caer al suelo de mármol, quedando de pie en una combinación sencilla de seda color hueso, la espalda recta como una vara, la barbilla en alto, el collar Redención intacto en la garganta.

Un silencio total, absoluto, cayó sobre el Cumbre. Hasta la música se detuvo.

—Este vestido me lo dieron ustedes —dijo, con una voz que no temblaba ni una pizca—. Se los devuelvo aquí, en el suelo, delante de todos. Como les devuelvo todo lo demás que llevo puesto de esta familia.

Abrió el bolso, sacó el juego de llaves de la casa Salazar y lo dejó sobre el vestido rasgado. Después dio tres pasos hacia atrás, sin bajar la mirada.

—Ahí tienen la llave del techo que me dieron, del lugar donde comí y de la casa en la que me criaron. No puedo devolverles los años, pero tampoco voy a permitir que los usen como una deuda eterna. Ya no les debo absolutamente nada. Y ustedes ya no tienen una hija como yo. A partir de esta noche, delante de todos los que están aquí como testigos, no soy Salazar. Rompo todo vínculo con esta familia. Que quede claro y que se cuente.

Un murmullo espeso recorrió el salón. Aquello no era una rabieta de niña despechada; era una ruptura pública. La gente de la alta sociedad entendía de gestos, y ese gesto —las llaves sobre la tela devuelta, la voz que no temblaba, el apellido abandonado delante de todos— pesaba más que cualquier grito. Varias señoras se llevaron el pañuelo a los ojos sin saber muy bien por qué. Un empresario murmuró a su esposa que ninguna hija de sangre habría tenido esa dignidad.

Don Joaquín se puso blanco como la cera. Le tembló la papada. Quiso decir algo, una amenaza, una orden, pero se le atragantó ante los cien testigos, ante los celulares, ante la evidencia de que había perdido el control de su propia fiesta.

—Ximena —alcanzó a articular—. Si sales por esa puerta, se acabó. No vuelvas a poner un pie en mi casa. Dejo de tener una hija como tú.

—Ya lo dejó de tener hace mucho, papá —respondió ella, sin volverse—. Solo que hasta hoy no se había atrevido a decirlo en voz alta.

Doña Leticia, insólitamente, tenía los ojos anegados de lágrimas y una mano apretada con fuerza contra la boca, conteniendo algo que llevaba veinte años sin salir.

Ximena recogió su bolso del suelo con toda la calma del mundo, se irguió, y caminó hacia la puerta descalza de dignidad y entera de alma.

Los guaruras dudaron, miraron a Susana, no supieron qué hacer.

Pero antes de que Ximena llegara al umbral, las puertas dobles se abrieron de par en par desde afuera.

Un hombre le cortó el paso. Alto, vestido de negro, con un arete de zafiro brillándole en la oreja izquierda y una furia glacial trepándole a la cara al ver la tela blanca rasgada tirada a los pies de su mujer.

Susana, detrás, ahogó un grito y se llevó las dos manos a la boca.

—¡Es... es el heredero! ¡Es Adrián Bramonte!

1
Carmen Boggiatto
y Lili,? que pena 🤰sigue siendo mala
Carmen Boggiatto
hay Susanita, no aprendes nena!!!! cada maldad que planeas para Ximena, se vuelve en tu contra 🤣🤣
es dura de entender, pero bueno , veamos como termina esta mujer
Carmen Boggiatto
será que Adrián sea algo más de Wanda? a quien se párese Adrián , ? a alguien que ella amo ? y no fue correspondido
Mar Sol
Seguramente es Gael, el secretario de Adrián, su mano derecha, el que dijo eso.
Carmen Boggiatto
coincido con Mar sol, está haciendo su mejor trabajo actoral , haciendo creer que no sabe nada, que tiene miedo , no sabe el norte, sur este oeste que mejor , pero como x dinero baila el mono , y este mono hace mas que bailar
Mar Sol
Soledad, se expresa con enojo de Ximena como si le hubiera quitado algo, Adrián ya era para Ximena desde niños, no cuando la creatina, mustia de Cintia empezó a gustar de Adrián.
Carmen Boggiatto
tanta maldad x querer la herencia para ella sola , tanto odio😞
Mar Sol
Dios las hace y ellas se juntan, por que al igual que Wanda está loca, también esa mujer, Soledad, madre de Cintia.
Carmen Boggiatto
que poco tacto 😢
Mar Sol
Estoy en crisis nerviosa, escritora, le has dado un giro tremendo a la historia, muchas gracias.
Mar Sol
Escritora, no nos hagas esto, Ximena y Adrián, ya han pasado por mucho, ¿ahora esto?
Mar Sol
Un bebé que les dará alivio y al mismo tiempo, los pone en peligro, con locas como Wanda, mamá de Cintia y aliados.
Mar Sol
¡¡Ándale, cínica!! el chasco que se llevó, se le voltio el tiro, lo bueno es que ella desprecia a los que se dedican al mundo del espectáculo, así que si vió a su galán con Cintia, no le va afectar, jajajaja.
Mar Sol
Es despreciable Wanda, ya no tiene nada y sigue dañando a los demás, es ruin, nefasta, quiere la caída de su propia sangre a como de lugar.
Mar Sol
Par de locas, madre e hija ¿que les pasa? ¿acaso no han visto lo que le pasó a Susana? Cintia y esa señora Soledad, le están jugando al vivo.
Mar Sol
¿Es en serio? ¡¡Adrián es hijo de Wanda!!
Mar Sol
Es probable que si sea esa posibilidad, pero no con Adrián, seguramente es con Wanda, ella tiene una mala sangre.
Mar Sol
¡¡Que horror!! otra loca que también se unió al club, Cintia dirá lo que quiera, Ximena no le quitó nada, Adrián ya la tenía en la mira a Ximena desde que era niña.
Mar Sol
Ximena es astuta, con carácter que no presume, llevó a Susana a su ruina, Wanda salió raspada y eso puede ser peligroso, al verse afectada, atacará a Ximena, con alguna trampa, para dejarla en mal con Adrián.
Mar Sol
Es entendible la actitud de Damián, por que está enamorado de Ximena.
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