Rebelde, inteligente y apasionada. Emma de la Rivera nunca ha permitido que nadie controle su destino. Pero cuando Damián Thorne se cruza en su camino, el choque de dos voluntades inquebrantables se vuelve inevitable. Él está acostumbrado a dominarlo todo; ella, a no doblegarse ante nadie. ¿Podrá Damián domar el espíritu de Emma, o terminará cayendo en su propia trampa?
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Capítulo XXI La advertencia
Don Roberto Alarcón se encontraba en su despacho con el ceño fruncido, escuchando los informes que le leía su abogado sobre la inesperada presencia de Damián Thorne en la ciudad. Furioso, le dio un golpe seco a su escritorio de caoba persa con el puño cerrado.
—¿Desde cuándo está en el país ese imbécil? —preguntó Roberto fuera de sí.
—Tiene un poco más de un mes, señor —respondió el abogado con la voz temblorosa.
—¿Y por qué demonios hasta ahora me entregan esto? —volvió a exigir, clavándole una mirada amenazante.
—Thorne ha estado moviéndose desde las sombras. Su nombre no ha figurado en ningún documento legal ni en registros corporativos públicos hasta hace apenas unos días —explicó el hombre, intentando mantener la compostura.
La conversación fue interrumpida por la entrada intempestiva de uno de los jefes de seguridad de la mansión Alarcón.
—Señor... —dijo el hombre inclinando la cabeza.
—Espero que el mundo se esté acabando para que te atrevas a entrar así a mi despacho —escupió Roberto, rojo de ira.
—Lo siento, señor. Pero es un asunto urgente sobre el joven Rodrigo. Fue grabado en un centro comercial acosando a la hija menor de la familia De la Rivera —explicó el guardia, entregándole una tablet con el video circulando en redes sociales.
Roberto miró las imágenes durante tres segundos antes de lanzar la tablet contra el piso, haciéndola pedazos contra el mármol.
—¡Ubiquen a ese descerebrado de mi hijo y que se presente ante mí en este preciso instante! —ordenó el patriarca, haciendo temblar las paredes del despacho.
No pasó mucho tiempo para que Rodrigo apareciera en la estancia, intentando mantener una postura firme que se desmoronó apenas vio el rostro desencajado de su padre.
—¿Tienes la menor idea de lo que acabas de hacer? —escupió Roberto encarándolo—. ¡Montas un espectáculo grotesco en público reclamándole a una cualquiera frente a tu propia prometida!
—Padre, déjame explicarte...
—¡Cállate! —lo cortó Roberto con un rugido—. ¿Sabes cuántos millones costará limpiar tu estupidez y borrar esas imágenes de la web antes de que afecten las acciones de la empresa? Pero claro que no lo sabes, si lo único que sabes hacer es gastar mi dinero y comportarte como un imbécil impulsivo.
—Yo... me haré cargo de eso ya mismo —balbuceó Rodrigo, dando un paso atrás.
Roberto perdió la paciencia por completo. Agarró a Rodrigo por la solapa de la chaqueta con una fuerza implacable y lo encaró a escasos centímetros de él.
—No vas a hacer nada, porque solo empeoras todo lo que tocas —murmuró Roberto con una voz helada que hizo estremecer a Rodrigo—. Te me vas a alinear hoy mismo. Vas a acelerar tu boda con Samantha y te vas a mantener alejado de esa otra muchacha De la Rivera, no permitiré que manches mi apellido por culpa de esa mosca muerta. Si vuelvo a ver tu nombre envuelto en un escándalo que beneficie a los Thorne, te juro por mi vida que te desheredo y te dejo en la calle sin un solo centavo. ¿Entendiste? —, amenazó el patriarca alejándose un poco de su hijo.
Rodrigo asintió en silencio, tragando saliva con pánico, sabiendo que su padre hablaba completamente en serio.
Roberto volvió a perder la paciencia por completo. Camino nuevamente hacia su hijo rodeando el escritorio con pasos pesados y estampó una bofetada sonora en el rostro de Rodrigo que hizo retumbar el despacho.
Rodrigo se llevó la mano a la mejilla, en shock y con la respiración agitada, sosteniéndole la mirada a su padre entre el miedo y la humillación.
—No te atrevas a llevarme la contraria, porque solo empeoras todo lo que tocas —escupió Roberto encarándolo a escasos centímetros, con la vena del cuello a punto de estallar—. Busca a Samantha y pídele perdón, y le dirás que te mantendrás alejado de su hermana. Es hora de que asumas tu responsabilidad y que te unas a mí para destruiruir a Damián.
—Padre, pero esa mujer me engañó, se vendió a...
—¡Me importa un demonio lo que haya hecho esa infeliz! —interrumpió Roberto con un rugido que hizo temblar las paredes—. Lo único que me importa es el apellido Alarcón y la reputación de esta familia. Si vuelvo a ver tu nombre envuelto en un escándalo mediático, o si permites que un advenedizo como Damián Thorne nos use de burla en la prensa, te juro por mi vida que te quito las cuentas, la dirección de proyectos y te dejo en la calle sin un solo centavo. ¿Entendiste?
Rodrigo apretó los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula. Trago saliva con dificultad, sintiendo cómo el despecho y la ira le quemaban por dentro.
—Entendido, padre —balbuceó finalmente, bajando la cabeza.
—Ahora lárgate de mi vista y soluciona el desastre con Samantha antes de que su padre decida cancelar las alianzas —ordenó Roberto dándole la espalda.
Rodrigo salió del despacho hecho una furia, azotando la puerta de roble a su paso. Las venas de sus sienes palpitaban violentamente. No solo odiaba a su padre por tratarlo como a un inútil, sino que la rabia hacia Emma y hacia el hombre misterioso que la protegía había alcanzado su punto de ebullición.
Mientras caminaba hacia su auto, sacó el teléfono y marcó el número de Samantha. Estaba dispuesto a usar a los De la Rivera para averiguar exactamente quién era el sujeto que se estaba interponiendo en su camino, sin sospechar siquiera que la sombra que amenazaba con destruirlo era la de su propio hermano.