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El Anillo De La Venganza

El Anillo De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4 — UNA TARDE DIFERENTE

“Hay momentos que parecen pequeños cuando los vivimos, pero que terminan quedándose para siempre en nuestra memoria.”

El viernes, cuando terminó la última clase, estaba guardando mis cuadernos cuando escuché la voz de Demián detrás de mí.

—Sophie, espera.

Me giré.

—¿Qué pasa?

Se acercó y sacó un pequeño papel de su bolsillo.

—Toma.

Lo recibí sin entender.

—¿Qué es?

—Una invitación.

Abrí el papel y encontré una dirección escrita a mano.

—¿Para qué?

—Mañana.

—¿Mañana qué?

—Mañana salimos.

Lo miré sorprendida.

—¿Tú y yo?

—Sí.

—¿Y adónde?

—Eso es sorpresa.

Sonreí.

—No me gustan las sorpresas.

—Esta te va a gustar.

Guardé el papel dentro de mi cuaderno.

—¿A qué hora?

—A las cuatro.

—Está bien.

Demián sonrió.

—Entonces nos vemos mañana.

Al día siguiente llegué diez minutos antes.

No sabía por qué había estado tan nerviosa durante toda la mañana.

Quizás porque nunca había tenido una salida así con alguien.

Miré la dirección nuevamente y esperé.

A los pocos minutos apareció Demián.

—Pensé que llegarías tarde —dijo.

—Yo pensé que tú llegarías tarde.

—Nunca te haría esperar.

Comenzamos a caminar.

Durante los primeros minutos no quiso decirme adónde íbamos.

—¿Falta mucho?

—Un poco.

—Demián.

—¿Qué?

—Me estás matando de curiosidad.

Se rio.

—Ten paciencia.

Finalmente llegamos a una pequeña plaza bastante tranquila.

Había árboles, una fuente y algunos bancos.

Me quedé mirándola.

—¿Aquí?

—Sí.

—Pensé que me llevarías a algún lugar elegante.

—Quería estar tranquilo contigo.

Aquella respuesta me sorprendió.

Nos sentamos y comenzamos a conversar.

Por primera vez tuvimos tiempo para hablar sin compañeros alrededor.

Me preguntó qué cosas me gustaban, qué quería hacer cuando terminara el colegio y cuáles eran mis sueños.

Yo también le hice preguntas.

Descubrí cosas de Demián que nunca había sabido.

Tenía planes para su futuro.

Le gustaba ayudar a los demás, aunque casi nunca lo demostraba.

Y cuando hablaba de su familia, su expresión cambiaba.

Parecía otra persona.

—Nunca pensé que fueras así —le dije.

—¿Así cómo?

—No sé… diferente.

—¿Eso es bueno?

—Sí.

Sonrió.

—Entonces me alegra.

Pasamos horas hablando.

En algún momento comenzó a oscurecer y nos levantamos para regresar.

Mientras caminábamos, Demián se detuvo frente a una pequeña tienda.

—Espera aquí.

Entró y salió unos minutos después con una bolsa.

—¿Qué compraste?

—Nada importante.

—Entonces muéstrame.

—Después.

Seguimos caminando.

Cuando llegamos al lugar donde debíamos separarnos, me entregó la bolsa.

La abrí.

Dentro había un pequeño detalle que había elegido para mí.

Lo miré sorprendida.

—¿Me lo compraste?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque quería hacerlo.

Sonreí.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme.

Guardé el regalo cuidadosamente.

—Fue una linda tarde.

—Para mí también.

Nos quedamos en silencio unos segundos.

—Nos vemos el lunes —dijo finalmente.

—Nos vemos.

Comencé a caminar, pero antes de alejarme escuché que me llamaba.

—Sophie.

Me giré.

—¿Sí?

—No olvides que mañana también puedes escribirme.

Sonreí.

—Lo recordaré.

Seguí mi camino.

Cuando llegué a casa, subí directamente a mi habitación y dejé el regalo sobre mi escritorio.

Me quedé mirándolo durante varios segundos.

Quizás para otra persona no habría significado demasiado.

Para mí sí.

Porque comenzaba a sentir que Demián me estaba dejando entrar en una parte de su mundo que nadie más conocía.

Y eso me hacía sentir especial.

Mucho más de lo que quería admitir.

Esa noche recibí un mensaje suyo.

“¿Llegaste bien?”

Sonreí antes de responder.

“Sí. Gracias por la tarde.”

La respuesta llegó casi inmediatamente.

“Me alegra. Buenas noches, Sophie.”

Apagué el teléfono y me quedé mirando el techo.

No podía evitar sonreír.

Todavía no sabía qué éramos.

Tampoco sabía qué pasaría después.

Pero por primera vez me permití imaginar que quizá podía existir algo entre nosotros.

Algo verdadero.

Algo que pudiera durar.

Y mientras yo cerraba los ojos pensando en aquella tarde, en otro lugar, una conversación completamente distinta estaba a punto de ocurrir.

Una conversación en la que mi nombre volvería a aparecer.

Solo que yo todavía no tenía idea de ello.

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