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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 24 LA REVELACIÓN DE LA REINA

Mia

El frío no venía del aire de la estancia; nacía en lo más profundo de mis propios huesos.

Desperté despacio, saliendo de una penumbra densa y pesada, con la sensación de haber sido arrastrada por la corriente de un río helado. Mis párpados pesaban como si estuvieran hechos de plomo y un latido sordo y constante retumbaba detrás de mis sienes.

El techo que se erguía sobre mí no era el del dormitorio común de las iniciadas, ni la choza de madera de las Comarcas; era una cúpula majestuosa de piedra labrada con relieves de roble y pan de oro. Las sábanas de seda que me cubrían eran tan suaves y livianas que apenas rozaban mi piel exhausta.

Traté de incorporarme de golpe, dominada por una ráfaga súbita de angustia al recordar el jardín, pero una mano de dedos finos, firmes y sorprendentemente cálidos se apoyó suavemente sobre mi hombro para detenerme.

—No intente levantarse aún, Mia. Tu cuerpo ha soportado un desgaste energético terrible.

Me congelé en el lecho.

A un costado de la gran cama real, erguida con una majestad sobria, silenciosa e imponente, se encontraba la Reina Elora. Llevaba una túnica de seda gris plateada que caía en pliegues perfectos hasta el suelo y sus ojos violetas me observaban en medio de la penumbra del aposento.

Miré a mi alrededor con el corazón desbocado. En la habitación no había nadie más. No estaba Aelion, no estaba Albus, no estaban los guardias de la corte ni los profesores de la academia.

—¿Dónde...? ¿Dónde está el príncipe? —articulé con un hilo de voz rasposo, buscando aire en vano mientras la sequedad me quemaba la garganta.

—Mi hijo aguarda afuera, custodiando el pasillo junto a su amigo —respondió Elora. Su voz no contenía la frialdad arrogante ni el desprecio con el que me juzgó semanas atrás en la plaza de mi pueblo, sino una gravedad densa, casi sagrada—. Aelion cree que sufrió un colapso arcano severo por el despliegue de su demostración. Le he ordenado salir de la habitación y despejar a todo el mundo para poder examinarla a solas. Él no sabe nada de lo que mi magia de diagnóstico ha revelado en su cuerpo.

Un temblor helado me recorrió la columna vertebral de arriba a abajo. Me llevé una mano temblorosa al abdomen por puro instinto, sintiendo que la tela de la túnica me ahogaba.

—¿Revelado...? —murmuré, sintiendo que el corazón me daba un vuelco mortal—. ¿Qué ocurre conmigo? ¿Se rompieron mis canales mágicos? ¿Destruí mi centro al convocar el fuego y la tierra?

La Reina Elora no respondió de inmediato. Se acercó un paso más a la cama y fijó su mirada violeta en la mano con la que yo apretaba mi propio vientre. Había en su rostro una conmoción profunda, una mezcla de asombro, tristeza y una melancolía tan desgarradora que me oprimió la garganta.

—Sus canales de magia están intactos, Mia —dijo la soberana, llamándome por mi nombre sin rastro de distancia aristocrática—. Lo que he detectado en sus entrañas no es una falla de su poder. Es el latido de la vida.

El aire en la habitación pareció volverse de plomo.

—¿Qué...? —susurré, parpadeando con lentitud, incapaz de procesar el eco de sus palabras.

—Está embarazada —sentenció Elora con una claridad atroz.

Las palabras cayeron sobre mi pecho con la fuerza de una montaña. Me quedé petrificada sobre las almohadas de seda, sintiendo que el pulso se me desbocaba hasta taparme por completo los oídos. ¿Embarazada? No. No, no puede ser. Es imposible.

Mi mente voló en un parpadeo frenético hacia la noche del Coto Real... hacia la penumbra de aquel refugio en el bosque donde Aelion, cegado por la fiebre y el brebaje afrodisíaco que le habían administrado, me tomó entre sus brazos. Una sola noche. Un único encuentro desastroso y ardiente que juré enterrar en el olvido para siempre.

—No... —negué con la cabeza, apretando las sábanas con los nudillos blancos—. Se equivoca... Su Majestad, se equivoca. Soy muy joven... yo no...

—La magia de la realeza para el diagnóstico no falla jamás, muchacha —la interrumpió la reina con voz pausada, e inclinándose ligeramente sobre el lecho, me miró con una intensidad que me desarmó por completo—. Y hay algo más. El pulso que emana de su vientre no es el de una sola criatura. Su energía y la del hombre que engendró este fruto han creado un milagro inusual. Lleva tres latidos en su interior. Está esperando trillizos.

—¡NO! —el alarido se me escapó de la garganta como un latigazo de puro terror.

Me llevé ambas manos a la boca mientras un ataque de pánico brutal me desgarraba por dentro. El techo de la cúpula pareció venirse abajo sobre mí. Tres. Tres niños. Tres vidas formándose al mismo tiempo dentro de mi cuerpo frágil.

El mundo se volvió una espiral de angustia e hiperventilación incontenible. La imagen de mi realidad se proyectó ante mí con la brutalidad de una condena: la miseria de las Comarcas, el invierno voraz que casi mata a mi tío, la persecución en la capital, la frialdad de este palacio... ¿Qué futuro podía ofrecerle yo a tres bebés? Yo no tenía un hogar, no tenía dinero, no tenía a nadie en el mundo. Si la academia descubría mi estado, me expulsarían a la calle como a una apestada. Y peor aún... si Aelion llegaba a saberlo...

El pánico a Aelion me ahogó la mente por completo. Si el Príncipe Heredero descubría que llevaba a sus hijos en mi vientre, me convertiría en una prisionera. Me encerrarían en una jaula, me arrebatarían a los niños al nacer para criarlos como bastardos de palacio o me destruirían bajo el peso de las intrigas de nobles como Isolda.

Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos en un torrente amargo y caliente, bañándome las mejillas mientras el aire se me escapaba en sollozos entrecortados.

—No puedo... —balbuceé, encogiéndome sobre las sábanas, abrazándome las rodillas con desesperación mientras mi cuerpo entero temblaba—. ¡No puedo hacer esto! ¡Soy una campesina! ¡No tengo nada! ¡No tengo un techo, no tengo familia, no tengo cómo alimentar a tres criaturas! ¡Me van a destruir!

La Reina Elora me observó en silencio. En sus ojos no había ni la más mínima sospecha sobre la identidad del padre; para ella, en su mente, yo era simplemente una joven iniciada de las Comarcas que traía consigo el secreto de un romance clandestino y apasionado de su pueblo natal, aquel novio humano al que yo había mencionado vagamente en el pasado para justificar mis ausencias.

—Mia, escúcheme... —habló la soberana, apoyando una mano suave sobre el borde de la cama.

—¡No! —supliqué entre lágrimas, mirando a la reina con la mirada desorbitada de un animal acorralado—. ¡No puedo tenerlos! ¡Fue un error! ¡No voy a traer a tres niños a pasar hambre, a ser despreciados o a vivir perseguidos! Su Majestad, se lo ruego... tenga piedad de mí. Deme una pócima, use su magia... haga lo que sea necesario, pero quíteme esto del cuerpo. Exijo abortar.

La palabra resonó en la penumbra del aposento con una vibración helada y siniestra.

La Reina Elora dio un paso atrás de golpe, como si mis palabras le hubieran asestado un golpe físico y certero en el pecho. Su rostro, habitualmente sereno, distante e inalcanzable, se contrajo en una mueca de pesar profundo y doloroso. Su mirada violeta brilló con una tristeza ancestral, la angustia de una mujer y de una madre que contemplaba la posibilidad de que tres vidas se extinguieran antes de ver la luz del sol.

—¿Interrumpir el embarazo? —preguntó Elora, y su voz tembló con un matiz humano, frágil y desolado que nunca antes le había escuchado a la gobernante de Aethelgard—. Mia... por favor. Te suplico que lo piense bien.

La soberana se inclinó nuevamente sobre mí, juntando las manos a la altura del pecho en un gesto de súplica sincera, despojada por completo de todo orgullo real o jerarquía.

—Sé lo que es el miedo —murmuró la reina, mirándome a los ojos con una ternura inesperada que me partió el alma—. Sé lo que es sentir que el destino le aplasta el pecho y que el futuro es un abismo sin salida. Pero lleva dentro tres vidas, tres almas bendecidas por la diosa que buscan abrirse paso en el mundo. No tome una decisión tan definitiva e irreversible desde el pavor de este momento. Piense bien lo que quiere hacer con esos bebés.

Elora tragó saliva, y una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla.

—No se imagina cuánto daría yo por tener la oportunidad de ver renacer la vida en mi vientre... cuántas noches he rogado a las estrellas por poder darle a mi hijo más hermanos, o por tener la dicha de sostener a mis propios nietos entre mis brazos. Es el regalo más sagrado que la tierra puede concederle a una mujer. Si es el dinero lo que le asusta, si es el refugio, si es el temor al rechazo o a la expulsión de la academia... yo misma le juro sobre mi corona que puedo asegurarle un retiro digno, un hogar seguro donde nadie la moleste y los recursos necesarios para que a usted y a sus tres hijos no les falte jamás nada. Pero no apague esos tres latidos por puro pánico. Ame a esas criaturas y protéjalas.

Las palabras de la reina me atravesaron el corazón como dagas afiladas. Escuchar su dolor y su anhelo sincero de ser abuela me destruyó por dentro, pero el pánico salvaje que me atenazaba las entrañas era mucho más feroz que cualquier promesa de refugio o de dinero.

¿Qué valdría la palabra de la reina cuando descubriera que esos tres niños no eran de un campesino humano, sino de su propio hijo, el Príncipe Heredero? ¿Qué garantía tenía yo de que no me los quitaría en cuanto nacieran para proteger la pureza del linaje elfo? La sola idea de que Aelion descubriera este secreto me aterrorizaba hasta la locura. Si no interrumpía esto ahora, estaría atada a él, a su palacio y a sus intrigas para el resto de mis días, siendo para siempre la sombra de su vida.

—No... —sollocé, negando con la cabeza violentamente mientras me cubría el rostro con las manos para ahogar los gritos de dolor—. No puedo. No los quiero... No quiero esta vida. No quiero despertar cada día con el miedo de que me los quiten o de que sufran la miseria de mi destino. Fue un error de una sola noche. Por favor, Su Majestad... si le queda algo de compasión por la chica a la que reprendió en el pueblo, ayúdeme a terminar con esto. Se lo suplico de rodillas.

La Reina Elora se quedó completamente inmóvil. La vi cerrar los ojos con una pena infinita, apretando los labios mientras otra lágrima resbalaba por su rostro. Escuchó la desesperación genuina en mi voz, vio la verdad inquebrantable de mi terror y comprendió que, por el momento, ninguna promesa, recurso o súplica podría cambiar la resolución de una muchhada acorralada por la soledad y la desesperanza.

Un silencio pesado, lúgubre y asfixiante llenó el aposento durante varios minutos que parecieron siglos.

—Si esa es su decisión final... —dijo la reina con un hilo de voz opaco que apenas quebraba la penumbra—, no la obligaré a llevar una carga que su espíritu rechaza con tanto tormento. No puedo forzarla a ser madre si solo siente abismo en su corazón.

Elora bajó las manos lentamente, adoptando de nuevo una compostura trágica y distante.

—Pero le exijo una cosa, Mia —continuó la soberana, mirándome con firmeza—. No tomaremos ninguna medida apresurada en esta noche de confusión. Mañana al amanecer, antes de que el sol despunte sobre las cumbres, antes de que comience el gran banquete real y antes de que la corte o mi hijo vuelvan a tener acceso a esta torre, traeré a mi sanadora personal de máxima discreción. Ella preparará la infusión y ejecutará el procedimiento para liberar su cuerpo con total seguridad. Nadie en la academia, ni en la corte, ni en el imperio sabrá jamás lo que ha ocurrido en esta habitación. Se lo mantendré en absoluta reserva, tal como me lo pide.

Un estremecimiento brutal me recorrió entera. La salida a mi pesadilla estaba concedida, pero en lugar de sentir alivio, sentí que un vacío helado y desgarrador se abría en el centro mismo de mi pecho.

—Gracias... —articulé en un susurro roto y ahogado, hundiendo el rostro en la almohada helada.

La Reina Elora caminó despacio hacia la pesada puerta de roble. Apoyó la mano en el cerrojo de hierro, pero antes de abrir para salir y devolverme a la soledad, se detuvo. Ladeó el rostro hacia mí, dejándome ver la sombra de un dolor profundo en sus ojos violetas.

—Descanse lo que pueda esta noche, Mia —murmuró la reina con la voz quebrada por la lástima—. Mañana la sombra habrá pasado... pero le ruego a los dioses que su corazón pueda encontrar algún día la paz que hoy le niega a su propio vientre.

La puerta se abrió un centímetro, lo suficiente para que la reina saliera, y se cerró de golpe con un chasquido seco que resonó en el cuarto como el cierre definitivo de un sarcófago.

Me quedé sola.

El silencio de la torre privada me envolvió como un manto de hielo. Llevé despacio ambas manos hacia mi abdomen, sintiendo la tibieza sutil que emanaba de mi piel, el latido imperceptible de tres vidas invisibles que mañana dejarían de existir por mi propia elección.

Me acurruqué en la inmensidad de la cama de seda, llorando en la oscuridad hasta quedarme completamente sin aliento. Lloré por la niña asustada que fui en las Comarcas, lloré por la sombra de Aelion que continuaba destruyendo mi existencia sin saberlo, y lloré por los tres hijos que jamás llegarían a sostener mis manos. Y allí, aislada en la cima del imperio, esperé la llegada del alba, atenazada entre el terror de mi destino y la culpa devoradora de mi propia decisión.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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