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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA NOCHE DE LAS RENDICIONES

​La oscuridad de la noche caía sobre la mansión San Román como un manto pesado, pero en el interior de la residencia la atmósfera estaba lejos de ser silenciosa o calmada. El trayecto en el Rolls-Royce blindado había transcurrido en un silencio absoluto, cortante y denso, roto únicamente por el sordo golpeteo de la lluvia fina contra los cristales oscuros. Ninguno de los dos pronunció una sola palabra, pero la tensión eléctrica que flotaba en el asiento trasero era tan palpable que parecía capaz de hacer estallar los vidrios.

​En cuanto el vehículo se detuvo frente a las puertas principales, Isaías bajó primero, caminando con pasos largos y decididos hacia el interior. No esperó a los mayordomos ni permitió que nadie se acercara a tomar sus abrigos. Su mandíbula estaba tensa, y cada músculo de su cuerpo respondía a la promesa silenciosa que le había hecho unas horas antes en el despacho de la torre corporativa.

​Verónica descendió del auto con una parsimonia exasperante. Caminó con la cabeza en alto, luciendo un abrigo largo de cachemira negra sobre los restos del vestido que él mismo había marcado con su deseo durante la tarde. Su mente funcionaba como un engranaje perfecto: sabía que estaba jugando con fuego, que había desafiado al depredador alfa en su propio terreno, pero la adrenalina de ese peligro era exactamente lo que la mantenía viva.

​Cruzaron el vestíbulo y subieron las escaleras directos hacia la suite máster sin encender más luces que la tenue iluminación automática de los pasillos.

​Apenas las pesadas puertas de madera se cerraron a sus espaldas con un golpe seco, Isaías se quitó el saco del traje y lo arrojó sin mirar hacia el sillón de la entrada. Se giró lentamente, apoyando las manos en su cintura, y fijó en ella unos ojos oscuros que parecían devorarlo todo a su paso.

​—Llegamos a nuestro destino, Verónica —dijo Isaías con una voz barítono, grave y ronca que retumbó en las paredes de la habitación—. Ya no hay oficinas, ni directivos, ni prensa sensacionalista afuera que pueda salvarte de lo que prometí.

​Verónica no retrocedió ni un solo centímetro. Se quitó el abrigo negro, dejándolo caer al suelo con elegancia despreocupada, y se cruzó de brazos, regalándole una sonrisa felina que desafiaba la autoridad del hombre más temido del país.

​—¿Salvarme? —respondió ella con un tono de voz suave, sutilmente burlón—. Disculpa San Román, pero aquí la única duda que tengo es si tus palabras van a estar a la altura de tus amenazas o si vas a quedarte sin aliento a mitad del camino como la última vez.

​El rostro de Isaías se endureció de golpe. Un gruñido sordo, casi animal, escapó de su garganta. La provocación había dado en el blanco exacto.

​En una fracción de segundo, antes de que Verónica pudiera dar un paso más, Isaías cruzó la distancia que los separaba con la velocidad de un felino. Sus manos grandes y fuertes se cerraron alrededor de su cintura, levantándola del suelo sin esfuerzo y arrojándola directamente sobre el centro de la cama king size, que crujió bajo el impacto de sus cuerpos.

​Isaías se cernió sobre ella como una sombra colosal, inmovilizándola con todo el peso de su torso musculoso. Sus manos apresaron las muñecas de Verónica, sujetándolas contra las sábanas a los lados de su cabeza con una fuerza inquebrantable, dominándola por completo.

​—Vas a aprender, Verónica de una vez por todas, con quién estás jugando —siseó Isaías contra sus labios, con la respiración caliente y agitada golpeando su rostro—. Hoy no va a haber tregua, ni sarcasmo, ni palabras bonitas. Soy yo o eres tú.

​Verónica sintió un escalofrío recorrerle la columna, una descarga eléctrica que le heló los dedos de los pies pero le encendió el fuego en las venas. Lejos de mostrar pánico o sumisión, abrió los ojos con una intensidad feroz, desafiándolo con una sonrisa salvaje en los labios.

​—Demuéstralo, macho alfa —susurró ella con la voz entrecortada por el propio deseo—. No me digas lo que vas a hacer... hazlo de una vez.

​El autocontrol de Isaías se hizo añicos en ese instante. Sus labios cayeron sobre los de ella en un beso brutal y desatado, un ataque voraz que devoraba cualquier intento de resistencia. Las manos de Isaías soltaron sus muñecas para recorrer con desesperación su cuerpo, rasgando lo que quedaba de su ropa interior con una urgencia febril, marcando cada centímetro de su piel con mordiscos suaves y succiones profundas que arrancaban gemidos involuntarios de la garganta de Verónica.

​La noche se convirtió en un torbellino de fricción, sudor y voluntades chocando en la oscuridad. Isaías la poseyó con una furia implacable, llevándola al límite absoluto de sus fuerzas, haciéndola gritar su nombre en la penumbra mientras las sábanas terminaban hechas un ovillo en el suelo. Cada embestida era una declaración de poder, pero también una rendición absoluta al magnetismo irresistible de una mujer que se negaba a doblegarse.

​Horas más tarde, cuando la tormenta de pasiones finalmente amainó y el silencio regresó a la suite máster, ambos yacían completamente agotados sobre las sábanas revueltas, con la respiración pesada y entrelazados de una forma que ninguno de los dos se atrevería a admitir en voz alta.

​Isaías tenía un brazo apoyado sobre la cintura de Verónica, sintiendo los latidos firmes de su corazón contra su pecho. Al girar el rostro, la vio con los ojos cerrados, con una sonrisa diminuta y triunfante dibujada en los labios.

​—Estuviste... cerca de cumplir tus amenazas, San Román —murmuró Verónica con la voz ronca, casi en un suspiro, abriendo un ojo para mirarlo de reojo—. Pero aún te falta práctica para vencerme por completo.

​Isaías soltó una carcajada ronca, negando con la cabeza mientras apretaba ligeramente su cuerpo contra el de ella en un abrazo posesivo que no admitía réplicas.

​—Duérmete Verónica —susurró él, rozando con sus labios la coronilla de su cabello—. La guerra de mañanas te va a necesitar despierta.

​Y por primera vez desde que firmaron el contrato, el silencio en la habitación no fue de tregua ni de negocio; fue el pacto silencioso de dos almas destinadas a incendiarse mutuamente.

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Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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