Valeria Montenegro lo tenía todo: éxito profesional, riqueza, una familia amorosa, un matrimonio estable y una vida perfecta a los ojos de todos. Pero por dentro, su alma se consumía en un vacío profundo y doloroso. Atrapada en una existencia ordenada y predecible, sentía que solo existía, no vivía. Buscaba desesperadamente pasión, emoción y un sentido que nunca encontró en su mundo humano, incluso cuando tomó la valiente decisión de romper con todo para buscar su propio camino. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Una noche de tormenta, un accidente fatal le arrebató la vida justo cuando estaba a punto de empezar de nuevo. En sus últimos momentos, su alma gritó un deseo desesperado: "Haré lo que sea, iré a donde sea, con tal de sentir algo real, aunque sea oscuridad, aunque sea muerte".
Su petición fue escuchada.
NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23: El secreto del pasado.
La sala del trono se fue vaciando lentamente, pero el aire seguía cargado, pesado, como si la amenaza de Valerius hubiera quedado flotando entre las columnas de piedra negra, grabada en cada símbolo antiguo, en cada sombra que se alargaba por el suelo. Los nobles y señores se marcharon en silencio, con las cabezas bajas, las miradas llenas de dudas y miedos, murmurando entre ellos palabras que no llegaban a nuestros oídos pero que yo podía imaginar perfectamente: miedos, sospechas, comparaciones, preguntas sobre mi poder, sobre mi origen, sobre si realmente era segura para el reino.
Azrael seguía de pie junto a mi trono, con la postura rígida, los ojos grises fijos en la gran puerta por donde había desaparecido su enemigo, con esa furia fría y contenida que conocía tan bien, esa furia que no gritaba ni se desesperaba, pero que era mucho más peligrosa, porque significaba que estaba planeando, que estaba calculando, que estaba preparando el momento exacto para golpear y destruir para siempre.
—No te dejes engañar por su marcha —dijo él en voz baja, sin apartar la vista de la puerta, sus palabras cortando el silencio que habíamos dejado atrás—. Valerius no se rinde. Nunca se ha rendido en milenios. Hoy perdió la batalla de palabras, perdió la oportunidad de asustarte o de destruirte, y eso le duele más que cualquier herida física. Pero ahora será peor. Ahora sabrá que no eres una niña asustada, que no eres débil, que no eres una simple humana que traje aquí por capricho. Ahora sabrá que eres una amenaza real para él. Y eso significa que atacará más fuerte, más sucio, con todo lo que tiene. Usará todo lo que sabe, todo lo que tiene, todo lo que ha escondido durante siglos para intentar derribarte.
Se giró hacia mí, y vi en su mirada una mezcla de orgullo y de dolor, de preocupación y de amor infinito. Se acercó, me tomó las manos entre las suyas, y sentí su calor, su fuerza, su energía fluyendo hacia mí para calmarme, para darme seguridad.
—Lo que hiciste hoy… cómo te enfrentaste a él, cómo hablaste, cómo usaste tu magia… fue increíble, Lysandra. Hiciste lo que yo no podía hacer sin parecer un tirano, sin parecer que imponía mi voluntad a ciegas. Hiciste que te respetaran. Hiciste que te temieran. Y eso es bueno. Pero también es peligroso. Porque ahora eres el objetivo principal. Ya no soy yo quien está en el centro de su odio. Eres tú. Y hará cualquier cosa para destruirte. Cualquier cosa.
—Que lo intente —respondí, apretando sus manos, levantando la barbilla con esa seguridad que ahora sentía nacer de lo más profundo de mi ser—. Ya no me asusta, Azrael. Ya no me asusta él, ni sus sombras, ni sus mentiras. Porque sé quién soy. Sé lo que tengo. Y sé que mientras estemos juntos, nada puede tocarnos. Pero… hay algo que no entiendo.
Hice una pausa, mirando hacia el vacío, recordando todo lo que me había contado, todo lo que había pasado, todo lo que Valerius había dicho y hecho desde el primer momento.
—Dices que es antiguo, que es poderoso, que conoce todos los secretos… pero hay algo más. Hay algo que no me has contado. Él no me odia solo porque sea tu esposa, o porque tenga poder nuevo. Su odio es más viejo, más profundo, más… personal. ¿Qué pasó entre vosotros, Azrael? ¿Qué hay en el pasado que él usa ahora para intentar destruirnos?
Azrael suspiró, un suspiro profundo, cargado de siglos de historia, de dolor, de errores y de consecuencias. Soltó mis manos y caminó despacio hacia el centro de la sala, hacia la tarima donde estaban los tronos, y se sentó en el borde, mirando al frente, perdido en recuerdos que parecían dolerle solo de pensarlos.
—Tienes razón —dijo, con voz grave y suave a la vez—. Hay algo más. Algo que nunca te he contado porque esperaba que nunca tuvieras que saberlo, porque esperaba que ese secreto se quedara enterrado para siempre en las sombras donde nació. Pero Valerius no lo dejará así. Él lo usará. Lo usará contra ti, contra mí, contra todo lo que hemos construido. Y tienes derecho a saberlo. Tienes derecho a conocer la verdad, por dolorosa que sea.
Hizo una pausa, y yo me levanté de mi trono, caminé hacia él y me senté a su lado, esperando, escuchando, dispuesta a todo, incluso a escuchar cosas que me dolieran o que cambiaran lo que pensaba.
—Hace mucho tiempo, mucho antes de que existieran los reinos tal como los conocemos, mucho antes de que yo fuera el Rey, mucho antes de que tú nacieras… —empezó a contar, con voz lejana, como si estuviera viendo todo de nuevo ante sus ojos— …este lugar era un caos. Un lugar de oscuridad pura, de magia salvaje, de criaturas que no obedecían a nada ni a nadie. Y entre todos esos seres, había uno que destacaba por encima de todos: Valerius. Él era el más fuerte, el más astuto, el más cruel. Él gobernaba este lugar a su manera, imponiendo su fuerza, su voluntad, su oscuridad. Y todos le temían. Todos le obedecían.
»Y entonces llegué yo. Llegué enviado por el equilibrio, por las fuerzas que sostienen todo lo que existe, para poner orden, para crear leyes, para separar la vida de la muerte, para hacer que todo funcionara como debía. Y Valerius… Valerius vio en mí una amenaza. Vio que yo tenía un poder que él no tenía: el poder de crear, de organizar, de mantener el equilibrio. Y lo peor de todo… vio que todos empezaban a mirarme a mí, a seguirme a mí, a obedecerme a mí.
»Hubo guerras. Guerras terribles, que duraron siglos. Él reunió ejércitos de sombras, de monstruos, de seres que odiaban cualquier tipo de orden. Yo reuní a los que querían paz, a los que querían seguridad. Y al final… yo gané. No porque fuera más fuerte que él, aunque también lo era… sino porque tenía algo que él nunca tuvo: una razón para luchar que fuera más allá de mí mismo. Yo luchaba por algo más grande. Él solo luchaba por su orgullo, por su poder, por su ambición.