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Gorda, Abogada Y.....¡¿EMPERATRIZ?!

Gorda, Abogada Y.....¡¿EMPERATRIZ?!

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Reencarnación / CEO
Popularitas:13.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Traicionada por el Emperador en el campo de batalla, la temible y soberbia soberana de la dinastía del norte jura venganza antes de morir. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido: despierta en el futuro, atrapada en el cuerpo de Valentina, una brillante pero insegura abogada con talle XL que acaba de colapsar por culpa del bullying de su oficina.
¿Sin carruajes, sin guardias reales y con una bata de hospital barata que no le cierra atrás? No importa. Con una mente de acero y una dignidad inquebrantable, la Emperatriz usará el código penal como su nueva espada. ¡Pobre de aquel que intente humillarla por su físico! Desde el rival arrogante de su buffet hasta el CEO más frío de la ciudad, todos aprenderán que sus curvas imponen respeto y que Su Majestad ha dictado su sentencia. ¡Una comedia romántica con una venganza de talle grande!

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Artefactos del demonio y la única súbdita leal

El silencio que siguió a la destrucción del artefacto maldito duró poco. El médico y la enfermera habían huido despavoridos del cuarto, gritando algo sobre buscar sedantes y seguridad. La Emperatriz, ahora completamente sola en el pequeño cubículo blanco, exhaló un suspiro pesado que hizo sacudir sus nuevos y redondos dotes físicos.

Aún con la respiración agitada por la adrenalina, miró de reojo los restos del aparato negro que yacía destrozado en el suelo. Pequeños fragmentos de vidrio brillaban bajo la luz artificial, y un cablecito verde colgaba como las tripas de una bestia mecánica vencida. La melodía infernal y el nombre del tal "Federico" habían desaparecido.

—Un enemigo menos —murmuró para sí misma, irguiendo la espalda con orgullo real—. Aunque debo admitir que las armas de este reino son sumamente ruidosas y carecen de total elegancia.

Decidida a inspeccionar su entorno para entender en qué rincón del mapa la habían confinado, comenzó a deambular por la habitación. Sus pies descalzos se sentían extraños en las baldosas. Cada vez que daba un paso, la masa de su nuevo cuerpo se movía con un ritmo al que no estaba acostumbrada. Se tocó los brazos, apretando la carne suave y blanca de sus bíceps. En su vida pasada, sus extremidades eran puro músculo entrenado para tensar el arco y sostener la espada; ahora, se sentía como si estuviera hecha de nubes y pan dulce. Sin embargo, no había tiempo para lamentarse por la pérdida de su figura atlética. Una soberana no dependía de sus músculos, sino de su astucia y su implacable voluntad.

De pronto, un ruido metálico en el pasillo la puso en alerta. La Emperatriz se colocó detrás de la puerta, conteniendo el aliento, lista para estrangular al próximo asesino con la maldita bata de hospital si era necesario.

La puerta se abrió de golpe. Pero no entró un soldado armado ni otro médico con agujas.

Una anciana de baja estatura, con el cabello completamente blanco recogido en un rodete desprolijo y los ojos hinchados de tanto llorar, irrumpió en la habitación. Vestía un abrigo de lana gastado y cargaba una cartera enorme contra su pecho, como si fuera su escudo protector. Al ver la habitación vacía, la viejita ahogó un sollozo, pero al girarse y encontrar a Valentina de pie contra la pared, su rostro se iluminó con una mezcla de alivio y angustia desgarradora.

—¡Ay, mi niñita linda! ¡Mi Valen! —exclamó la anciana, dejando caer la cartera al suelo sin importarle nada.

Antes de que la Emperatriz pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, la mujer mayor se abalanzó sobre ella y la rodeó con sus brazos cortos.

La soberana del norte se quedó completamente congelada. Sus brazos quedaron suspendidos en el aire, rígidos como estacas. En la corte imperial, el contacto físico era un tabú; los abrazos no existían. El afecto siempre venía acompañado de un precio, de una daga escondida en la espalda o de un veneno disuelto en la copa de vino. El Emperador solo la tocaba para saciar su lujuria o para aparentar poder ante los nobles. Nadie, absolutamente nadie, la había abrazado jamás con esa desesperación pura, con ese aroma a lavanda, pan casero y lágrimas honestas.

—Pensé que te me ibas, mi amor... —sollozó la abuela, hundiendo su rostro en el hombro de Valentina—. Cuando me llamaron de la oficina a decirme que te habías desmayado en el baño... casi se me para el corazón. Esos monstruos... ¡Esos malditos infelices te van a matar de tanta presión! ¿Todavía te duele lo que te dijeron, mi vida? No los escuches, por favor. Vos sos perfecta, sos mi orgullo.

Un calor extraño, ajeno y sumamente punzante comenzó a expandirse por el pecho de la Emperatriz. Las palabras de la anciana resonaron en una parte profunda de la memoria del cuerpo que ahora habitaba. Fragmentos de recuerdos ajenos pasaron ante sus ojos como ráfagas de viento: la antigua dueña de este cuerpo llorando a escondidas en un cubículo oscuro, compañeros de trabajo riéndose de sus trajes, murmullos hirientes sobre su peso en los pasillos, y un desprecio sistemático que le había roto el alma hasta hacer colapsar su corazón.

La Emperatriz asimiló el dolor de la abogada muerta, pero no sintió lástima; sintió una furia negra e incandescente. Sin embargo, al mirar hacia abajo y ver los ojos llorosos de la anciana que la miraba con tanta devoción, su instinto real de protección se encendió como una antorcha.

*Esta mujer no es una traidora*, pensó la Emperatriz, relajando finalmente los hombros y apoyando una de sus manos regordetas en la espalda de la abuela, en un intento torpe pero genuino de consolarla. *Esta anciana es mi súbdita. Mi única y más leal súbdita en este extraño mundo helado. Y por el honor de mi antiguo trono, juro que nadie volverá a hacerla llorar.*

—Cálmate, anciana... digo, abuela —dijo Valentina, forzando un tono de voz más suave, aunque la autoridad natural seguía filtrándose en sus palabras—. Limpia tus lágrimas. Nadie va a matarme. De hecho, los muertos serán otros.

La abuela se separó un poco, parpadeando confundida por la extraña formalidad y la mirada gélida de su nieta, pero asumió que era el trauma del colapso.

—Ay, mi Valen... estás tan cambiada. Tus ojos... parecen los de otra persona —susurró la viejita, acariciándole la mejilla redonda—. Menos mal que rompiste el teléfono. Ese Federico te estuvo llamando toda la tarde. Seguro quería pedirte plata otra vez, ese vago asqueroso que solo se burlaba de vos.

La Emperatriz entrecerró los ojos. Así que el "Federico" de la pantalla mágica era un parásito que osaba maltratar a su leal abogada. Anotó mentalmente el nombre en su lista negra de ejecuciones futuras.

Para desviar la atención, Valentina caminó hacia la mesa de luz, donde había una carpeta con varios papeles médicos y una identificación con su foto actual. Decía en letras grandes: *Valentina - Abogada penalista*.

Al tocar los papeles, más conocimientos del mundo moderno se descargaron en su cerebro como un torrente de agua fría. Entendió el concepto de los automóviles, de las luces eléctricas, de los edificios de cristal y, lo más importante, entendió qué significaba ser "abogada". En este siglo, los conflictos no se resolvían en un campo de batalla con espadas y escudos; se resolvían en un lugar llamado "tribunal", usando un pergamino sagrado lleno de reglas llamado Código Penal. Las leyes eran la nueva deidad, y los abogados eran los guerreros que las manejaban.

Una sonrisa fría, calculadora y sumamente maquiavélica se dibujó en los labios de Valentina.

—Con que abogada... —susurró, pasando sus dedos sobre el papel formal de la clínica—. Una defensora de la justicia. Qué ironía tan deliciosa.

Miró por la ventana del hospital el paisaje urbano, los enormes rascacielos y el flujo incesante de carruajes de metal. Su antiguo imperio había caído por culpa de las leyes corruptas de un hombre. Ahora, ella estaba en un mundo donde el conocimiento de las reglas lo gobernaba todo. No necesitaba un ejército de diez mil hombres a caballo para destruir a quienes pisoteaban a esta pobre chica y angustiaban a su abuela.

Solo necesitaba su mente de estratega y las leyes modernas. Esas leyes serían su nueva espada, y los tribunales, su nuevo campo de ejecución.

—Prepara mis mejores vestiduras, abuela —declaró Valentina, girándose hacia la anciana con una postura tan majestuosa que la viejita se enderezó sin darse cuenta—. En una semana regresaremos a esa oficina. Es hora de que la corte conozca a su nueva soberana.

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Sofia Chavez Gutierrez
magistral, excelente
Sofia Chavez Gutierrez
sumamente divertido 🤣👏
valeska garay campos
jajajaja el león se quedó sin habla frente a la matriarca 🤭
tithy
he reído tanto, tanto, que hasta lágrimas me han salido. buenísima, buenísima. añoro todos los días nuevos capítulos
valeska garay campos
thiago eres genial 🤭
Alejandra Mabel Miño
Huy esto se ca poner bueno ya me imagino 🤣🤣🤣
Gleirys Carolina
Me has dejado con la intriga, y supongo que será muy buena 🤣
Gleirys Carolina
Que lindo, saldrá a cazar y llevárselos como regalos de cortejo a su emperatriz 😂
Gleirys Carolina
El nivel de desconfianza lo lleva a mil por hora, le dará algo cuando lea ese informe😂
Gleirys Carolina
Esas clases fueron muy fructíferas, tanto así, que tendrán igual.impacto de las anteriores😂
valeska garay campos
veremos que tipo de venganza van a hacer 🤭👀
valeska garay campos
ya cayó el león de oro en redes del amor 💘
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Valentina así se habla jjajan
valeska garay campos
se volverá loco el plebeyo 🤭🤭🤭🤭
valeska garay campos
🤭🤭🤭🤭🤭 le va a enseñar el vocabulario moderno
Bianca Shirley Riquelme
🤣😂🤣🤣🤣 Thiago 🤣😂🤣
Kathy Roma
mi querido león el que se encarga será otro 🙊🤣
mariela
Esta muy divertida Emperatriz con ese lenguaje coloquial y ahora Thiago su amigo gay que le cambiara su vestimenta que sea mas actual, atrevida y mas empoderada cuando la vean la quijada les llegara al piso.
mariela
Valentina tendrá que aprender el lenguaje actual para que no crean que esta loca aunque con su aura de Emperatriz su postura y autoritarismo deja a las de uno callado ahora quien esta fascinado es Alexander ese magnetismo que ella inspira con autoridad lo atraen.
Federico se te fue la gallina de los huevos de oro se te acabó tu suerte
no se te ocurra acercarte porque no sabes de lo que pueda ser capaz.
mariela
Valentina con la mente de una Emperatriz de una época con carruajes, lacayos y plebeyos 🤣😂🤣😂 aquí vetemos como se da cuenta que esta renacida en el cuerpo de una abogada 🤣😂🤣😂
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