Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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Capítulo 6 – La Novia Equivocada
El carruaje avanzaba lentamente bajo un cielo grisáceo. El sonido de las ruedas sobre el camino húmedo llenaba el incómodo silencio del interior mientras Lyra permanecía inmóvil junto a la ventana.
Vestía de novia. Aquella idea todavía le parecía absurda.
El vestido blanco que alguna vez había sido preparado para Anastasia ahora cubría su cuerpo delgado, y el velo translúcido descansaba sobre su cabeza sin lograr ocultar completamente el intenso color rojizo de su cabello suelto. Demasiado rojo, demasiado llamativo, demasiado maldito.
Lyra mantenía las manos apretadas sobre su regazo mientras observaba el paisaje desconocido avanzar lentamente frente a sus ojos.
Kryndall.
Estaba a punto de llegar al reino que tanto había soñado conocer. Y aun así… Nunca se había sentido tan vacía.
Frente a ella, el conde Octavian Valmont se alojaba tranquilamente sus guantes oscuros como si estuvieran viajando por un asunto común y no para entregar a una hija como reemplazo de otra.
—Escúchame bien —dijo de pronto sin mirarla siquiera—. Cuando estés frente al príncipe, baja la cabeza y habla poco.
Lyra no respondió.
—No intentes llamar la atención. No hagas preguntas innecesarias. Y sobre todo…
Finalmente levantó la mirada hacia ella.
—Cuando te recache, regresarás inmediatamente a Zahrek conmigo.
Aquellas palabras dolieron más de lo que deberían. Porque el conde hablaba del rechazo como algo inevitable. Como algo obvio… Y quizás lo era.
—Volverás al palacio y continuarás con tus tareas habituales —continuó Octavian con indiferencia—. Todo seguirá como antes.
Como antes…
· Volver al cobertizo.
· A la soledad.
· A limpiar pisos mientras Anastasia ya no existía.
El pecho de Lyra se contrajo dolorosamente. Ella no quería ocupar el lugar de su hermana. Jamás. Pero tampoco quería regresar a aquella vida donde apenas era tratada como humana. Bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
Todavía recordaba los ojos verdes del príncipe observándola junto a la fuente.
“Eres muy hermosa.”
Lyra cerró los dedos temblorosamente. No. Seguramente él ya ni siquiera la recordaba. Y aunque lo hiciera… Todo cambiaría cuando descubriera la verdad.
Él había pedido la mano de Anastasia. No la de una muchacha pelirroja criada entre desprecios.
El conde soltó un suspiro molesto.
—No pongas esa expresión miserable cuando lleguemos.
Lyra apenas levantó la vista.
—Sí, padre.
Octavian la observó unos segundos. Y luego habló con una frialdad devastadora.
—Ya fue suficiente desgracia haber perdido a una hija perfecta y hermosa. No empecemos más las cosas.
El corazón de Lyra se hundió lentamente. Porque incluso después de muerta… Anastasia seguía siendo la única hija valiosa.
Y ella seguía siendo el error.
El silencio volvió a instalarse en el carruaje… cada vez más pesado y doloroso.
Hasta que finalmente… Las enormes murallas de Kryndall aparecieron frente a ellos.
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El palacio real era aún más impresionante de cerca.
Altas cúpulas ornamentadas brillaban bajo la luz del atardecer y enormes columnas talladas decoraban la entrada principal. Fuentes cristalinas rodeaban el camino de mármol blanco mientras delicadas telas claras danzaban con el viento cálido.
Todo parecía salido de uno de los libros que Lyra había leído durante años. Pero no tuvo tiempo de admirarlo, porque apenas el carruaje se detuvo… Los guardias bloquearon inmediatamente el paso.
—Deténganse ahí.
El conde frunció el ceño al bajar el carruaje.
—¿Qué significa esto?
Los soldados intercambiaron miradas tensas.
Y entonces… Ella apareció.
La misma joven asistente que había acompañado al príncipe la noche de la fiesta caminó elegantemente hacia ellos. Su expresión era seria y distante, incluso parecía molesta.
—Su Alteza no recibirá visitas.
El rostro del conde se endureció.
—Soy el conde Octavio Valmont de Zahrek.
La joven inclinó apenas la cabeza, sin impresionarse.
—Lo sabemos.
—Entonces sabremos que enviamos una carta hace tres días explicando la tragedia ocurrida con mi hija Anastasia.
El asistente frunció ligeramente el ceño.
—No recibimos ninguna carta.
El conde abrió los ojos con furia.
—¿Qué?
—Su Alteza se encuentra de duelo por la muerte de su prometida —continuó la mujer con calma—. No recibirá a ningún otro candidato.
Dentro del carruaje, Lyra sintió que el aire abandonaba sus pulmones… Claro, eso era lo más lógico. El príncipe estaba siendo amigo.
¿Por qué aceptaría ver a la hermana fea de su prometida muerta?
Octavio comenzó a alterarse.
—¡Esto es ridículo! ¡He viajado durante días para solucionar esta situación!
—Lo lamento, conde Valmont, pero…
La puerta del carruaje se abrió lentamente.
La asistente se quedó en silencio al ver descender a Lyra. El velo blanco cayó suavemente sobre los hombros de la joven mientras el viento movía sus largos cabellos rojizos.
Pero no fue eso lo que sorprendió a la mujer. Fue lo siguiente que hizo… Porque Lyra caminó rápidamente hacia ella… Y se arrodilló, sin orgullo, sin vergüenza, sin pensar en su dignidad.
—Por favor… —suplicó con la voz quebrada—. Le ruego que nos permita hablar con el príncipe.
El conde abrió los ojos sorprendido. Incluso los guardias quedaron desconcertados.
Una hija noble jamás debería arrodillarse así, pero Lyra ni siquiera parecía notarlo. Porque estaba desesperada… además ella no tenía nada que perder…
—No quiero causar problemas… —continuó ella bajando la cabeza—. Solo… permítanos explicarlo.
La asistente la observará en silencio. Sus ojos recorrieron el vestido sencillo, las manos nerviosas y aquel rostro hermoso cubierto de tristeza.
Entonces recordó algo.
· “El Famélico Gato Rojo”.
· La muchacha junto a la fuente.
· Los ojos del príncipe al hablar de ella.
La asistente suspir lentamente.
—Levántese…
Lyra parpadeado confundida.
La mujer dio un paso al costado.
—Pueden pasar.
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El interior del palacio era inmenso. Los altos techos decorados con mosaicos dorados parecían interminables y el aroma suave del incienso llenaba los corredores elegantemente iluminados.
Lyra caminaba detrás de la asistente sintiendo el corazón desbocado. Cada paso aumentaba su ansiedad.
El conde permanecía serio a su lado.
—Su Alteza los recibirá ahora. —anunció finalmente la joven deteniéndose frente a unas enormes puertas ornamentadas.
Los guardias las abrieron lentamente y entonces entraron.
El salón era majestuoso, enorme, silencioso. Y al fondo, de pie frente a una de las grandes ventanas… Estaba él.
El príncipe de Kryndall, de espaldas. Ni siquiera se molestó en girarse cuando los escuchó entrar.
Lyra sintió inmediatamente aquel extraño nudo en el pecho. El mismo que apareció junto a la fuente aquella noche.
El conde dio un paso adelante.
—Su Alteza… antes que nada, deseo expresar nuevamente mis condolencias por la tragedia ocurrida con mi hija Anastasia.
Silencio.
El príncipe no respondió.
—Sin embargo… —continuó Octavian cuidadosamente— No deseamos romper el compromiso entre nuestras familias. Por ello, trajo a mi otra hija para ocupar el lugar de su hermana.
El ambiente cambió de inmediato. La tensión se volvió sofocante. Y entonces la voz del príncipe rompió el silencio… era fría y peligrosa.
—¿Qué acaba de decir?
Incluso Lyra sintió escalofríos.
El conde tragó saliva.
—Mi hija menor, Lyra Valmont, tomará el lugar de Anastasia como su prometida.
El príncipe soltó una pequeña risa amarga, pero no había humor en ella. Furia en solitario.
—Cree que esto es un mercado de intercambio, conde Valmont?
Octavian palideció.
—Su Alteza, yo…
—¡No quiero otra prometida! —rugió el príncipe finalmente girándose—. ¡¿Qué clase de hombre sin escrúpulos trae a otra hija apenas días después de la muerte de…
Las palabras murieron en su garganta, porque finalmente la vio.
El tiempo pareció detenerse. Los ojos verdes del príncipe se abrieron lentamente mientras observaba a la joven pelirroja frente a él.
El velo blanco, los ojos color miel, el cabello rojo cayendo como fuego sobre el vestido de novia.
Lyra levantó lentamente la mirada.
Y en cuanto sus ojos se encontraron…
El rostro del príncipe perdió completamente el color.
—No puede ser… —susurró.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬