NovelToon NovelToon
ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

Status: Terminada
Genre:Venganza de la Esposa / Ella Mayor Que Él / CEO / Completas
Popularitas:333.9k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

La noche del cumpleaños número dieciocho de su hija, el mundo de Alma Montoya se derrumba frente a trescientas personas.

Su esposo entra al salón tomado del brazo de otra mujer.
Y no llega solo.

A su lado viene una joven de dieciocho años… idéntica a él.

La misma edad que Lucía.

La misma edad de la mentira que acaba de destruir veinte años de matrimonio.

En cuestión de horas, Alma pierde mucho más que un esposo. Descubre que el hombre al que amó le robó la clínica de su familia, su fortuna y cada cosa que construyeron juntos mientras llevaba una doble vida a sus espaldas. Pero lo peor llega cuando Lucía, su hija enferma del corazón, colapsa en medio del escándalo.

Traicionada, humillada y sin un lugar al que ir, Alma cree haber tocado fondo… hasta que un desconocido aparece bajo la lluvia.

Máximo Salas es joven, poderoso y peligrosamente observador. Un hombre que conoce demasiado sobre ella, sobre Darío y sobre la trampa que destruyó su vida. Lo que Alma no sabe es

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Alma lo pensó dos veces antes de aceptar.

Máximo había llamado esa mañana temprano, antes de que Lucía terminara el desayuno, y le había ofrecido llevarla él mismo con un hombre de seguridad discreto que se quedaría en el perímetro del campus sin que nadie lo notara. Alma abrió la boca para decir que no era necesario y Lucía habló primero.

— Acepto.

Alma la miró.

— Lucía...

— Mamá. — Ese tono. El de no discutas esto. — Acepto.

Y eso fue todo.

El campus a las siete de la mañana tenía ese ruido específico del primer día, estudiantes nuevos con mochilas demasiado llenas y caras de no saber bien a dónde ir pero no querer preguntarlo. Lucía reconoció inmediatamente a los de primer semestre porque todos tenían esa misma mezcla de emoción y pánico que ella sentía por dentro y que no pensaba dejar que se le notara por fuera.

El carro de Máximo paró en la entrada principal.

— ¿Quieres que entre contigo? — preguntó él.

— No. — Lo dijo sin dudar. — Gracias por traerme.

Bajó sola. Con la mochila al hombro y la cabeza recta y ese paso suyo que había heredado de Alma sin pedírselo. Máximo la vio entrar desde el carro sin arrancar hasta que desapareció entre la gente.

El hombre de seguridad ya estaba adentro.

El aula de primer semestre era grande, con las sillas en semicírculo y un tablero enorme al frente que todavía tenía el nombre del profesor anterior escrito en un rincón. Lucía eligió un puesto en la segunda fila, ni al frente para no parecer ansiosa ni atrás para no perderse nada. La chica que se sentó a su lado le sonrió con esa solidaridad inmediata de los primeros días.

— ¿También es tu primer semestre?

— Sí.

— Menos mal. Pensé que era la única aterrada.

— No eres la única — dijo Lucía.

Estaban hablando cuando escuchó la voz.

— Buenos días, hermanita.

Vanessa pasó a su lado sin detenerse y se sentó dos puestos atrás con esa naturalidad calculada de quien ensayó el movimiento antes de hacerlo. Llevaba el cabello suelto y una sonrisa que no tenía nada de amable.

La compañera de Lucía la miró.

— ¿La conoces?

Lucía miró al frente.

— No.

La clase duró dos horas.

Lucía tomó apuntes, respondió cuando el profesor preguntó, hizo lo que había ido a hacer. No miró atrás ni una sola vez aunque sintiera los ojos de Vanessa clavados en ella en momentos específicos con esa intensidad que estaba diseñada para incomodar.

No le dio el gusto.

A la salida el pasillo se llenó de golpe con todos los grupos terminando al mismo tiempo. Lucía iba buscando la salida con la mochila al hombro cuando sintió el tropiezo.

No fue un accidente. Los accidentes no tienen esa precisión.

El hombro de una de las amigas de Vanessa la golpeó justo en el momento en que pasaban por su lado y la mochila se abrió y el bolso interno cayó al suelo y se abrió también, y los medicamentos rodaron por el piso del pasillo con ese ruido específico de las pastillas en un blíster contra el mármol.

Vanessa se agachó antes que ella.

— Ay, qué torpe soy. — Lo dijo con una voz que era perfecta de tan falsa. — Déjame ayudarte.

Recogió dos de los blísteres. Los miró con esa curiosidad fingida.

— ¿Tantos medicamentos? Pobrecita. — Y los tiró al charco que había dejado un vaso de agua derramado dos metros antes.

Las pastillas se empaparon en segundos.

Las amigas de Vanessa no dijeron nada. Vanessa tampoco. Solo recogió su mochila y siguió caminando como si nada hubiera pasado, como si tirar los medicamentos de una chica con cardiopatía a un charco fuera algo que se hace y ya.

Lucía se quedó quieta un momento.

No lloró.

Se agachó, recogió lo que pudo salvar, guardó el resto, cerró la mochila, y salió.

Máximo estaba en el carro donde la había dejado.

La vio llegar y algo en su cara le dijo antes de que ella abriera la puerta que algo había pasado. Lucía subió, cerró, se puso el cinturón.

— ¿Cómo estuvo?

— Bien.

Máximo arrancó. Condujo media cuadra. Paró en el primer semáforo.

— Lucía.

— Estoy bien.

— ¿Qué pasó con los medicamentos?

Ella miró al frente.

— Nada.

— Tienes el bolso abierto y los blísteres mojados.

Silencio.

— Fue un accidente — dijo Lucía.

Máximo no respondió. El semáforo cambió. Arrancó de nuevo y no volvió a preguntar, que era exactamente lo que ella necesitaba en ese momento aunque no lo hubiera podido pedir.

Esa noche, a las ocho, sonó el timbre del apartamento.

Lucía abrió.

Máximo estaba en la puerta con una bolsa de farmacia. No dijo nada, se la extendió, y cuando ella la abrió y vio el kit completo, todos los medicamentos reemplazados, los suplementos, hasta las vitaminas que el cardiólogo había recomendado el año anterior, algo en la cara de Lucía se rompió de una manera silenciosa y honesta.

Lo abrazó.

Sin avisar, sin pensarlo, igual que su madre cuando era pequeña, de golpe, con esa impulsividad de los dieciocho años que todavía no saben calcular cuándo abrazar y cuándo no.

Máximo se quedó quieto un segundo.

Solo un segundo.

Luego le devolvió el abrazo despacio, con cuidado, como quien sostiene algo que sabe que es frágil aunque no lo parezca.

— Gracias — dijo Lucía contra su hombro.

— No hay nada que agradecer.

Desde la cocina Alma los vio.

No dijo nada. Se quedó con el trapo de cocina en la mano mirando a ese hombre que había aparecido en su vida hace dos semanas y que esta noche estaba abrazando a su hija en la puerta del apartamento con una ternura que no había pedido prestada a nadie.

Sintió algo que no intentó nombrar.

Lucía se separó, tomó la bolsa, murmuró algo sobre revisar los medicamentos y desapareció por el pasillo. Agatha la siguió sin que nadie se lo pidiera.

Alma salió de la cocina.

— Ya me contó — dijo en voz baja. — Lo de los medicamentos.

— ¿Fue Vanessa?

— Sí.

Máximo asintió. Tenía esa cara que ponía cuando algo le importaba y no pensaba decir exactamente cuánto.

— Lo maneja bien — dijo. — Lucía.

— Demasiado bien para su edad. — Alma fue hacia la puerta con él. — Gracias, Máximo. Por traerla, por los medicamentos, por todo esto.

— Ya te dije que las cuidaría.

— Lo sé. Y lo cumples. — Lo miró. — No estoy acostumbrada a eso.

Llegaron a la puerta. Alma la abrió. Máximo salió al pasillo y se volvió hacia ella y en ese momento, sin saber bien cómo había llegado hasta ahí, Alma se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.

Un gesto de gratitud. Solo eso.

Pero Máximo no se movió de inmediato.

Le tomó las manos. Las dos. Con esa calma suya que no pedía permiso pero tampoco tomaba lo que no le daban. La miró.

— Siempre las voy a cuidar — dijo. — A las dos.

Y entonces se inclinó despacio, lo suficientemente despacio para que ella pudiera moverse si quería, y le dio un beso en los labios.

Breve. Suave. Sin presión.

Luego se separó, le soltó las manos, y se fue por el pasillo hacia el ascensor sin mirar atrás.

Alma se quedó en la puerta.

Con la mano todavía en el marco. El corazón a un ritmo que no tenía ninguna justificación razonable. Los labios todavía sintiendo algo que había durado tres segundos y que de alguna manera ocupaba mucho más espacio que eso.

El ascensor se cerró.

Ella cerró la puerta.

Se apoyó en ella un momento con los ojos cerrados.

— Máximo Salas — murmuró. Sin terminar el pensamiento porque no sabía cómo terminarlo.

Y eso, por primera vez en muchos años, no le pareció del todo malo.

1
Hiradia Cohen
Hay no vamos a ver esto cambio todo ya no es la sala 3 pasaron a la que el juez de ahi si acepto el soborno vamos como la abogada de alma mueve las piezas de este ajedrez
Hiradia Cohen
Si ese es el Juez que iban comprar porque el tipo y que es un corrupto y acepta acuerdos por dinero
Hiradia Cohen
Exactamente pense ella podría buscar en clinio Hospitales públicos o hacer consultas privadas como mefico puede tener otras opciones dentro del campo de la salud
Rita Coba
seré que gane el juez se vendió nnoo
Hiradia Cohen
Espero que Angela no esté en el apto y la confundan con Alma y le hagan daño
Rita Coba
sii maratón gracias esctidora🌹
Hiradia Cohen
Realmente siempre trato de Leer las novya terminadas porque muchas veces me ha pasaque las dejan incompleta de lo demás se esta desarrollando bien lo que me cuesta es la relación de Máximo y de ella es muchos años de diferencia pienso que mejor hubiera sido con Sofia qué aunque tiene se ve como mas parejo la diferencia y para ella alguien .as acorde a ella que tiene 48
Rita Coba
muy interesante
Hiradia Cohen
Soy de Venezuela soy poco de criticar como muchas que critican hasta la coma que se puso do de no iba pero si hago comentarios con respecto a la temática de la historia empecemos con esta historia a ver que tal
Rita Coba
es un maltido🐶 muerto de hambre ojalá ke lo kiden todo😡
Dalia Brito
Un consejo lleven las edades y las historias con hilo conductor de la historia para que no cometan herrores y así no se enredan con cartas que no se recibió nunca , edadades que no corresponden, el
Dalia Brito
QUE PASO CON LA DICHOSA CARTA
AYA
El chico muy joven, le hubiera puesto uno treinta y cinco es pasable, ella ya pisa los 50 años , una relación con esa edad puede existir pero no pir mucho tiempo es muy joven, claro es un drama , pero un poco mas realista. Digo yo.
Lorena Angulo
es un desgraciado 😡
Lorena Angulo
enserio no vieron cuando ella le hecho algo al agua que vigilantes tan malos 😡
Lorena Angulo
ahora sí me perdí, Darío separado , y cuál casa si acaba de llegar esa casa era de alma y lucia no es hija de Darío no entendí
Lorena Angulo
desgraciado peleando por cosas que nisiquiera son suyas miserable 😡
Lorena Angulo
la criaron igual a ellos sin sentimientos 😡 pobre chica
Maris Benitez
UPS 🫣😳 quedó embarazada 🫄
Lorena Angulo
desgraciado 😡 porque se mete con su hija es un papá miserable 😡
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play