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La Chica De Los Días Prestados

La Chica De Los Días Prestados

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Amor eterno
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Cubilla

En una ciudad donde cada persona nace con un reloj invisible que marca el tiempo que le queda de vida, Akira, un joven reservado de 18 años, descubre que una misteriosa chica llamada Hana tiene algo imposible: su reloj está detenido.

NovelToon tiene autorización de Natalia Cubilla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

​El Hombre sin Nombre

"Hay personas que nacen para destruir. Otras creen que destruyen cuando, en realidad, intentan salvar aquello que aman."

El templo entero vibró.

Las antiguas columnas dejaron caer fragmentos de piedra que llevaban siglos inmóviles.

La enorme puerta principal permanecía abierta apenas unos centímetros, pero era suficiente para que una energía oscura se filtrara lentamente por el suelo, extendiéndose como una niebla negra.

Sora dio un paso hacia atrás.

Por primera vez desde que lo conoció, el pequeño guardia parecía completamente indefenso.

-No...

No puede estar aquí...

La figura permanecía inmóvil en la entrada.

No intentar avanzar.

No parecía tener prisa.

Como si supiera que tarde o temprano todos terminarían frente a él.

Akira dio un paso adelante.

—¿Quién eres?

La respuesta llegó acompañada de una sonrisa tranquila.

—Hace mucho tiempo...

Tenía un nombre.

Hoy ya no significa nada.

Pueden llamarme...

El Viajero.

La oscuridad que lo rodeaba comenzó a disiparse lentamente.

Ahora podría distinguir mejor su aspecto.

Era un hombre joven.

Aparentaba unos veinticinco años.

Cabello negro, ligeramente largo.

Vestía un abrigo oscuro que llegaba hasta las rodillas y una bufanda gris que ocultaba parte de su cuello.

No llevaba espada.

Ni armadura.

Solo un pequeño reloj de bolsillo colgando de una cadena plateada.

Lo que más llamó la atención de Akira fueron sus ojos.

Uno era azul.

El otro dorado.

Iguales a los de Sora.

Sora bajó lentamente la cabeza.

—No mires sus ojos...

Akira sintió un escalofrío.

Era demasiado tarde.

Durante un breve instante...

Sus miradas se cruzaron.

Todo desapareció.

Akira se encontró caminando por una ciudad desconocida.

Los edificios eran altos.

Modernos.

Llovía intensamente.

Miles de personas caminaban apresuradas sin mirarse unas a otras.

En medio de la avenida estaba Hana.

Sola.

Sonriendo.

Vestida con un uniforme blanco.

Llevaba una carpeta abrazada contra el pecho.

Parecían felices.

Muy feliz.

Entonces...

Un automóvil perdió el control.

Todo ocurrió en cuestión de segundos.

Los frenos.

Los gritos.

El impacto.

Akira corrió desesperadamente.

—¡¡HANA!!

Pero nunca llegó.

La joven cayó al suelo.

Su mano buscó algo en el aire.

Como si intentara alcanzarlo.

Después...

Silencio.

Akira abrió los ojos sobresaltados.

Respiraba con dificultad.

Hana lo sujetó por los hombros.

—¡Akira!

¡Mírame!

Él tardó unos segundos en regresar a la realidad.

Su cuerpo temblaba.

—Te vi morir...

susurró.

Ella frunció el fruncido.

—¿Qué?

—Fue tan real...

Broncearse...

El Viajero habló con absoluta calma.

—No fue una ilusión.

Fue un futuro posible.

El silencio volvió a llenar el templo.

Hana miró fijamente a aquel desconocido.

—¿Puedes ver el futuro?

Él negó lentamente.

-No.

Veo todos los futuros.

Los que fueron.

Los que pudieron ser.

Y los que todavía pueden existir.

Sacó lentamente el pequeño reloj de bolsillo.

Lo abrió.

En su interior no había agujas.

Solo una diminuta flor de cerezo completamente seca.

—El tiempo no es una línea.

Es un bosque.

Y yo llevo demasiado tiempo caminando entre sus senderos.

Sora dio un paso adelante.

Su voz sonó firme por primera vez.

—No tienes derecho a mostrarles eso.

El Viajero sonrió.

— ¿Prefieres que vivan engañados?

Miró nuevamente a Akira.

—Sabes cuantas veces intentaste salvarla?

Akira no respondió.

—Cuarenta y siete.

¿Sabes cuantas veces lo lograste?

El silencio respondió por él.

—Ninguna.

Las palabras golpearon a Akira como una espada.

Hana tomó su mano inmediatamente.

—No le hagas caso.

Pero Akira seguía mirando al desconocido.

Había algo en su voz.

No sonaba como alguien que disfrutara haciendo daño.

Sonaba...

Cansado.

—¿Por qué haces esto?

preguntó Hana.

El hombre permaneció unos segundos en silencio.

Después respondió con una sinceridad inesperada.

—Porque estoy cansado de verlos morir.

La respuesta dejó a todos los móviles.

—¿Qué...?

El Viajero guardó nuevamente el reloj.

—Cada vez que ustedes fracasaron...

Yo también lo recuerdo.

Cada despedida.

Cada lágrima.

Cada promesa rota.

Todo permanece aquí.

Golpeó suavemente su pecho.

—¿Creen que solo ustedes sufren?

He visto morir a Hayato.

He visto morir a Aoi.

He visto morir a Akira.

He visto morir a Hana.

Una y otra vez.

Hasta olvidar cómo era un final feliz.

Akira sintió que algo comenzaba a cambiar dentro de él.

Aquel hombre no hablaba como un enemigo.

Hablaba como alguien profundamente herido.

—Entonces...

¿Por qué intentas detenernos?

preguntó.

El Viajero levantó lentamente la vista.

Sus ojos reflejaban una tristeza imposible de describir.

—Porque ya descubres algo que ustedes aún no saben.

Se acercó un paso más.

La energía oscura dejó de expandirse.

Ahora solo quedaban unos pocos metros entre ellos.

—Cada vez que logran permanecer juntos...

Alguien más debe ocupar su lugar.

El corazón de Hana comenzó a latir con fuerza.

—¿Qué significa eso?

El hombre cerró los ojos.

—Que el destino siempre cobra un precio.

No importa cuánto luzcan.

No importa cuánto cambien la historia.

El sufrimiento nunca desaparece.

Solo cambia de nombre.

Sora aprieta los puños.

—¡Eso no es verdad!

El Viajero lo observó con ternura.

—Sigues siendo un niño.

Todavía cree que todas las historias tienen un final feliz.

De pronto, el reloj comenzó a emitir una intensa luz.

El hombre lo observa con preocupación.

-No...

Ya vienen.

Akira frunció el fruncido.

—¿Quiénes?

Antes de responder...

Todo el templo volvió a estremecerse.

Pero esta vez el movimiento no provenía del exterior.

Provenía del subsuelo.

Las baldosas comenzaron a agrietarse.

El pequeño cerezo del centro de la sala perdió dos flores de golpe.

Los pétalos se deshicieron antes de tocar el suelo.

Sora abrió enormemente los ojos.

—¡No puede ser!

¡Las pruebas se están rompiendo!

El Viajero levantó la vista hacia el techo.

Su expresión cambió por completo.

Ya no parecía tranquilo.

Parecía... preocupado.

Muy preocupado.

—No pensaba que despertarían tan pronto...

Una voz grave surgió desde las profundidades del templo.

No era humana.

No era espiritual.

Era algo mucho más antiguo.

Algo que parecía existir desde antes del nacimiento del mundo.

—Las llaves han regresado...

—Ha llegado la hora de abrir la última puerta.

Un gigantesco sello apareció bajo los pies de Akira y Hana.

Comenzó a brillar con una intensidad cegadora.

El Viajero dio un paso hacia ellos.

Por primera vez gritó.

—¡ALÉJENSE DEL SELLO!

Pero era demasiado tarde.

La luz los envolvió por completo.

Akira alcanzó a sujetar la mano de Hana.

Ella presionó la suya con todas sus fuerzas.

Y, en un instante...

Ambos desaparecieron.

El silencio volvió a apoderarse del templo.

Sora miró desesperado el lugar donde habían estado.

—¿Adónde los llevó?

El Viajero cerró lentamente el reloj de bolsillo.

Su voz apenas fue un susurro.

—Al único lugar donde jamás debían entrar...

El Santuario del Primer Recuerdo.

Una única lágrima descendió por su mejilla.

—Ahora sí...

La verdadera historia está a punto de comenzar.

1
Ma Viviana Medina
el que?
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