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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La reina de las sombras

La sonrisa de la mujer permaneció inmóvil al otro lado de la ventana.

Gabriel Torres sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Durante un instante, el tiempo pareció detenerse.

Los hombres que rodeaban la mesa comenzaron a girar la cabeza hacia donde él se encontraba escondido.

La rama que había pisado seguía crujiendo bajo su zapato.

Había cometido un error.

Y lo sabía.

La mujer levantó lentamente una mano.

No parecía alarmada.

No parecía sorprendida.

Parecía preparada.

Como si hubiera esperado exactamente ese momento.

Gabriel reaccionó de inmediato.

Retrocedió entre los arbustos y comenzó a correr.

Apenas había avanzado unos metros cuando escuchó voces detrás de él.

—¡Atrápenlo!

Las puertas de la finca se abrieron.

Varias personas salieron al exterior.

Linternas iluminaron la oscuridad.

Gabriel saltó una cerca de madera y descendió por una pequeña pendiente cubierta de barro.

Su corazón latía con fuerza.

Las luces se acercaban.

Los perseguidores eran rápidos.

Demasiado rápidos.

Llegó a su automóvil, abrió la puerta y encendió el motor.

Segundos después abandonó el lugar a toda velocidad.

Por el espejo retrovisor pudo ver varios vehículos saliendo de la finca.

La persecución había comenzado.

La carretera estaba prácticamente vacía.

La lluvia comenzaba a caer nuevamente.

Gabriel aceleró mientras intentaba mantener el control del vehículo.

Detrás de él, tres camionetas negras lo seguían.

Las luces de los faros atravesaban la oscuridad.

—Vamos... vamos...

El motor rugió.

El automóvil ganó velocidad.

Pero sus perseguidores no se quedaban atrás.

Parecían profesionales.

Organizados.

Acostumbrados a este tipo de situaciones.

Uno de los vehículos intentó acercarse por el costado.

Gabriel giró bruscamente.

Las llantas chirriaron sobre el asfalto mojado.

Por un momento creyó que perdería el control.

Pero logró estabilizarse.

Tomó una salida secundaria y abandonó la carretera principal.

Los vehículos continuaron siguiéndolo.

La persecución se prolongó durante varios minutos.

Finalmente divisó las luces de Ciudad Oscura.

Y con ellas una pequeña oportunidad.

Las calles urbanas ofrecían más lugares para escapar.

Más tráfico.

Más obstáculos.

Más posibilidades.

Entró a la ciudad y realizó varios giros rápidos.

Las camionetas continuaron detrás.

Pero poco a poco comenzó a ganar ventaja.

Finalmente atravesó un túnel, giró por una calle estrecha y logró desaparecer.

Cuando estuvo seguro de que nadie lo seguía, se detuvo.

Respiró profundamente.

Y observó las fotografías que había tomado.

Aquellas imágenes podían cambiarlo todo.

A la mañana siguiente, Sofía Navarro seguía preocupada.

La fotografía anónima de Gabriel continuaba sobre su escritorio.

La frase escrita al reverso parecía una advertencia.

"Dile que deje de buscar."

Había intentado comunicarse con él durante toda la noche.

Sin éxito.

Justo cuando estaba a punto de intentarlo nuevamente, alguien llamó a la puerta.

Era Antonio Romano.

—¿Alguna noticia?

—No.

Antonio observó la fotografía.

—Esto no me gusta.

—A mí tampoco.

—Si alguien envió esta advertencia, significa que Gabriel está cerca de descubrir algo importante.

Sofía asintió.

—Y eso significa que corre peligro.

Antes de que pudieran continuar la conversación, el teléfono de Sofía sonó.

Ambos se miraron.

Ella respondió inmediatamente.

—¿Gabriel?

—Sí.

La tensión desapareció por un instante.

—¿Dónde estás?

—Necesitamos reunirnos.

—¿Qué ocurrió?

Gabriel guardó silencio durante unos segundos.

Luego respondió.

—Creo que encontré a la persona que dirige todo esto.

Dos horas después se reunieron en un pequeño almacén abandonado.

Además de Sofía y Antonio, también estaba Víctor Moretti.

Cuando Gabriel llegó parecía agotado.

Tenía ojeras y la ropa todavía estaba húmeda por la lluvia.

Sin embargo, sus ojos reflejaban algo más.

Determinación.

Urgencia.

Colocó varias fotografías sobre una mesa.

—Miren esto.

Los tres comenzaron a observarlas.

Las imágenes mostraban la reunión en la finca.

Empresarios.

Políticos.

Antiguos miembros de La Sombra Negra.

Y en el centro de todos ellos, la misteriosa mujer.

Víctor frunció el ceño.

—¿Quién es?

—Todavía no lo sé con certeza.

Antonio tomó una de las fotografías.

—Pero crees que es Verónica Salazar.

—Sí.

El silencio llenó la habitación.

Finalmente Sofía habló.

—Mi padre cree que sigue viva.

Gabriel asintió.

—Y después de lo que vi anoche, yo también.

Entonces les contó todo.

La reunión.

La persecución.

La forma en que aquella mujer parecía controlar a todos los presentes.

Cuando terminó, nadie habló durante varios segundos.

—Si tienes razón —dijo Antonio—, estamos enfrentando algo mucho más grande de lo que imaginábamos.

—Exactamente.

Víctor observó una fotografía más de cerca.

—¿Y ahora qué hacemos?

Gabriel respondió sin dudar.

—Descubrir quién es realmente.

Mientras tanto, en una lujosa mansión ubicada en las afueras de la ciudad, la mujer observaba varias pantallas.

Uno de sus hombres se acercó.

—Escapó.

Ella sonrió ligeramente.

—Lo sé.

—¿Debimos detenerlo?

—No.

El hombre pareció confundido.

—¿Por qué?

La mujer caminó lentamente hacia una ventana.

—Porque ahora hará exactamente lo que necesito.

—No entiendo.

—Gabriel Torres es curioso.

—Sí.

—Y las personas curiosas siempre terminan encontrando las respuestas.

El hombre guardó silencio.

Aquella explicación parecía insuficiente.

Pero nadie discutía las decisiones de aquella mujer.

Nadie.

Ese mismo día, Gabriel decidió visitar nuevamente a Esteban Navarro en prisión.

Después de atravesar varios controles de seguridad, se sentó frente al antiguo líder de La Sombra Negra.

Esteban parecía más tranquilo que en encuentros anteriores.

—Volviste.

—Necesito respuestas.

—Eso nunca cambia.

Gabriel colocó una fotografía sobre la mesa.

La imagen mostraba claramente a la misteriosa mujer.

Por primera vez en mucho tiempo, Esteban perdió la calma.

Solo por un segundo.

Pero fue suficiente.

—La reconoces.

Esteban observó la fotografía.

—Sí.

—Entonces dime quién es.

El antiguo mafioso guardó silencio.

—Esteban.

—No deberías seguir investigando esto.

—Demasiado tarde.

Esteban respiró profundamente.

—Esa mujer es Verónica Salazar.

Gabriel sintió cómo se aceleraba su corazón.

Por fin tenía una confirmación.

—Entonces sigue viva.

—Sí.

—¿Cómo es posible?

—Porque nunca murió.

La respuesta parecía absurda.

Pero Esteban hablaba completamente en serio.

—Todo el mundo creyó que desapareció.

—Eso fue exactamente lo que ella quería.

Gabriel tomó notas rápidamente.

—¿Por qué fingir su desaparición?

Esteban apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Porque comprendió algo que nosotros no.

—¿Qué?

—Que el verdadero poder no consiste en gobernar.

Gabriel esperó.

—Consiste en hacer que otros crean que gobiernan.

Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire.

Por primera vez Gabriel comprendió la magnitud del problema.

Verónica no había desaparecido.

Había estado observando.

Esperando.

Moviendo piezas desde las sombras.

Durante décadas.

Esa noche, Antonio recibió noticias preocupantes.

Uno de sus informantes había desaparecido.

Horas después ocurrió lo mismo con una fuente de Víctor.

Y luego con otra.

Alguien estaba eliminando testigos.

Borrando rastros.

Preparando algo.

La situación empeoraba rápidamente.

Antonio convocó una reunión urgente.

Cuando todos estuvieron presentes, expuso la información.

—Nos están cerrando el paso.

Víctor asintió.

—A mis hombres también.

Sofía observó los informes.

—Verónica sabe que la estamos investigando.

—Y eso la vuelve peligrosa —dijo Gabriel.

—Más peligrosa de lo que ya era.

El ambiente se volvió pesado.

Todos comprendían lo mismo.

Estaban quedándose sin tiempo.

Mientras tanto, en una antigua propiedad abandonada al norte de Ciudad Oscura, Verónica Salazar observaba un enorme mapa.

Varios puntos estaban marcados en rojo.

Empresas.

Bancos.

Centros de comunicación.

Edificios gubernamentales.

Todo parecía formar parte de un mismo plan.

Un hombre se acercó.

—Los movimientos avanzan según lo previsto.

—Perfecto.

—¿Y Gabriel Torres?

Verónica sonrió.

—Déjenlo continuar.

—¿Está segura?

—Completamente.

El hombre dudó.

—Podría convertirse en un problema.

—No.

Ella observó el mapa.

—Se convertirá en una herramienta.

La seguridad con la que hablaba resultaba inquietante.

Como si conociera cada paso antes de que ocurriera.

Como si ya hubiera visto el final de la historia.

Al caer la noche, Gabriel regresó a su apartamento.

Estaba agotado.

Pero no podía dormir.

Las palabras de Esteban Navarro seguían resonando en su mente.

"El verdadero poder consiste en hacer que otros crean que gobiernan."

Encendió su computadora.

Comenzó a revisar documentos.

Fotografías.

Informes.

Registros financieros.

Y entonces encontró algo.

Una transferencia bancaria.

Luego otra.

Y otra más.

Todas conectadas.

Todas recientes.

Todas dirigidas hacia las mismas empresas.

Empresas relacionadas con Verónica.

Gabriel sintió una mezcla de emoción y preocupación.

Porque acababa de descubrir algo importante.

Muy importante.

Y cuanto más observaba los datos, más comprendía la verdad.

La caída de La Sombra Negra no había sido un accidente.

Había sido parte del plan.

Todo.

Desde el principio.

La guerra.

Las traiciones.

La caída de Esteban.

Incluso la aparición de El Círculo.

Alguien había estado moviendo las piezas durante años.

Y ese alguien era Verónica Salazar.

La verdadera reina de las sombras.

Continuará en el Capítulo 13...

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STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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