VOLUMEN 3 Y FINAL
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VOLUMEN 3 — CAPÍTULO 22
La mujer de la capa inclinó ligeramente la cabeza, como si de pronto hubiera recordado algo que había pasado por alto. Una sonrisa divertida apareció en sus labios.
—Oh, es cierto... —dijo con cierta alegría—. Siempre aparecí frente a ti con la apariencia de una anciana.
Con un movimiento tranquilo de sus manos, se descubrió la cabeza y dejó caer la capucha sobre sus hombros.
La apariencia de aquella anciana desapareció por completo.
Ante Nerissa apareció una mujer de una belleza extraordinaria, cuya presencia poseía una fuerza difícil de describir. Sus ojos brillaban con una calidez casi maternal mientras contemplaba a la joven frente a ella.
Entonces sonrió ampliamente.
—Soy Tiamat, la madre de Zeon... tu suegra.
Nerissa abrió mucho los ojos.
—¿Mi suegra?
La sorpresa quedó dibujada en su rostro. Apenas tuvo tiempo de procesar aquellas palabras cuando Tiamat apareció frente a ella en un instante.
—Así es.
La mujer se inclinó ligeramente hacia Nerissa. Estaban tan cerca que la joven pudo sentir su presencia con claridad.
Tiamat levantó una mano y apoyó suavemente su dedo índice sobre la frente de Nerissa.
—Tendré que ayudarte a recuperar tu memoria, ya que por ti misma no pudiste hacerlo.
Una luz blanca comenzó a extenderse desde el punto donde su dedo tocaba la frente de Nerissa.
Entonces ocurrió.
Todos los recuerdos que le faltaban regresaron de golpe.
Uno tras otro, como si las puertas de una habitación que había permanecido cerrada durante demasiado tiempo se abrieran violentamente.
Recordó quién había sido.
Recordó su antiguo nombre.
Ren.
Recordó que había sido un muchacho de diecisiete años, que había acudido a una feria en compañía de sus amigos. Recordó el accidente que había cambiado su vida y lo había llevado hasta aquel mundo desconocido.
Recordó las personas que había conocido.
Los lugares.
Los peligros.
Las pérdidas.
Recordó el momento en que su cuerpo había cambiado, convirtiéndose en la mujer que ahora era.
Los vínculos que había formado.
Recordó a Zeon.
Y recordó cómo había utilizado aquella técnica de teletransportación junto a él.
Nerissa llevó ambas manos a su cabeza mientras una oleada de emociones la atravesaba.
—Ah...
Sus rodillas temblaron.
Por un instante perdió el equilibrio.
Tiamat retiró la mano, observándola con atención.
Nerissa respiró agitadamente mientras las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
Ahora lo sabía.
Por fin lo sabía todo.
Ella había sido Ren.
Y ahora era Nerissa.
Su pasado y su presente dejaron de ser dos historias separadas. Ambas formaban parte de la misma persona.
Nerissa cerró los ojos con fuerza y dejó escapar un largo suspiro.
Tiamat permaneció frente a ella.
—Como te lo prometí, ya juntaste los siete rubíes.
La expresión de la diosa se volvió serena.
—Ahora puedes elegir. ¿Quieres regresar a tu mundo? Puedo devolverte con tu cuerpo actual... o puedo regresar tu cuerpo a como era originalmente.
Hizo una pequeña pausa.
—O puedes decidir quedarte aquí.
Nerissa bajó lentamente la mirada.
Sus ojos se posaron en sus cachorros.
Los pequeños estaban cerca de ella.
Al contemplarlos, una tristeza profunda comenzó a reflejarse en su rostro.
Apretó los labios.
Durante unos segundos permaneció completamente en silencio.
Finalmente habló con voz baja:
—Quiero regresar a mi mundo.
Tiamat abrió ligeramente los ojos, sorprendida.
—¿Estás segura?
Nerissa asintió.
Sin embargo, ella no sabía que, a pocos metros de distancia, sus seis esposos se encontraban allí.
Todos observaban en absoluto silencio.
Tiamat los había ocultado con su magia para que Nerissa pudiera tomar aquella decisión sin sentirse presionada por ellos.
Umiel fue el primero en reaccionar.
Su cuerpo se tensó.
Estaba a punto de abandonar el ocultamiento y correr hacia Nerissa cuando una mano sujetó firmemente su hombro.
Era Zeon.
—No.
Umiel giró el rostro hacia él.
Zeon tenía la mirada fija en Nerissa.
Su rostro permanecía sereno, pero el dolor que llevaba dentro era evidente. Su pecho parecía oprimido por una fuerza insoportable.
—Es su decisión —dijo.
Cada palabra le costó un esfuerzo enorme.
Umiel bajó lentamente la mirada.
Apretó los puños con tanta fuerza que sus dedos temblaron.
Entonces volvió a mirar a Nerissa.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Una de ellas recorrió lentamente su mejilla.
Los demás esposos tampoco estaban mejor.
Cada uno enfrentaba el dolor a su manera.
Pero ninguno podía negar lo que aquella decisión significaba.
Incluso Heren sintió un profundo vacío en el pecho.
Tiamat contempló a los hombres en silencio.
Por primera vez, su expresión alegre desapareció.
Un suspiro escapó de sus labios.
—Bien.
Volvió la mirada hacia Nerissa.
—Dame tu mano.
Nerissa extendió la suya.
Tiamat la tomó.
Al instante, un resplandor blanco envolvió a ambas.
Y desaparecieron.
......................
La magia de ocultamiento se rompió.
Los seis esposos quedaron completamente visibles.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
El silencio resultaba más doloroso que cualquier palabra.
Umiel caminó lentamente hacia los cachorros.
Los pequeños tenían los ojos llenos de lágrimas.
Cuando lo vieron acercarse, corrieron hacia él.
—¡Papá!
Umiel se arrodilló y los recibió entre sus brazos.
Los pequeños lloraban desconsoladamente.
—Papá... ¿mamá ya no nos quiere?
El corazón de Umiel se estremeció.
—¿Mamá nos abandonó?
Lior levantó el rostro, cubierto de lágrimas.
—Papá... ¿mamá se fue porque soy travieso?
Umiel apretó los labios.
No pudo responder.
No tenía el corazón para decirles que Nerissa había elegido marcharse.
No podía destruir la esperanza de sus hijos.
—Papá... ¿mamá volverá?
Aquella pregunta terminó de quebrarlo.
Umiel cerró los ojos.
Después abrazó con fuerza a sus cachorros.
—Sí... —susurró, aunque su voz temblaba—. Tranquilos...
Los estrechó contra su pecho, consolándolos a ellos y, al mismo tiempo, intentando consolarse a sí mismo.
......................
—PLANETA TIERRA, UNIVERSO XXXXX—
En una casa de dos pisos, rodeada por un pequeño patio, una joven permanecía frente a la puerta.
Era Nerissa.
Sus manos temblaban.
Había permanecido varios segundos contemplando aquella entrada antes de reunir el valor suficiente para levantar la mano.
Finalmente...
Toc.
Toc.
Nerissa tragó saliva.
Su corazón latía con fuerza.
Mis padres...
Bajó ligeramente la mirada.
¿Me recordarán?
Una punzada de miedo atravesó su pecho.
¿Me reconocerán con este cuerpo de mujer?
A cierta distancia, Tiamat observaba en silencio, oculta gracias a su magia.
Desde el interior de la casa se escuchó una voz femenina.
—¿Quién es?
La puerta comenzó a abrirse.
Una mujer de cabello rojo y ojos verdes apareció al otro lado.
Sin embargo, miraba hacia otro lado.
—¿Quién es, querida? —preguntó una voz masculina desde el interior.
La mujer iba a responder.
—No sé... pero...
Entonces giró el rostro.
Sus ojos se encontraron con los de Nerissa.
Se quedó completamente inmóvil.
Su respiración se detuvo.
Era como si hubiera visto un fantasma.
Una mano masculina apareció detrás de ella y abrió completamente la puerta.
Un hombre de cabello castaño y ojos rojos apareció en el umbral. Su semblante era serio y estricto.
—¿Qué se le ofrece, señorita?
Nerissa sintió que las piernas comenzaban a temblarle.
Las lágrimas brotaron de sus ojos.
Sus labios temblaron.
—Papás...
no soporto la esperaaaaa