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Atrapada con el hombre equivocado

Atrapada con el hombre equivocado

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Dominación / Embarazo no planeado
Popularitas:154.7k
Nilai: 4.9
nombre de autor: yana_vern

Camila Fernández se despertó en la cama de un hotel con un hombre que intentaba matarla, acusándola de haberle tendido una trampa. Pero la realidad era peor de lo ella esperaba.
Su propio hermano había organizado todo con la intención de sacarle dinero a Mateo Vázquez, el hombre con quien paso la noche y cuando obtuvo lo que quería, desapareció.
Dos meses después Camila estaba sola con su abuela, sus padres se habían quitado la vida al irse a la ruina, su hermano estaba desaparecido y ahora ella, estaba embarazada de Mateo.
Cuando su hermano Nicolás regresa y descubre el embarazo, corre con la familia Vázquez para sacar provecho y ahora, Camila está atrapada en un matrimonio con un hombre que la desprecia.

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Capítulo 23

Capítulo 23

Ya tenía un pie adentro del auto cuando escuchamos la voz de la abuela Mariana desde el sendero.

—¿Qué hacen todos acá a esta hora?

Sofía se puso blanca.

La abuela se acercó rápido, esquivándola.

—Cami, hija, ¿qué te pasa? Tenés una cara espantosa.

Quiso agarrarme del brazo para mirarme mejor y apenas me tocó, me fallaron las piernas.

No llegué a caer porque me sujetaron ella y la señora Marta.

—No es nada… —murmuré.

—¿Cómo que no es nada? —La abuela me miró la mano y casi gritó—. ¡Mateo! ¡Está sangrando!

Bajé la vista.

La venda estaba toda roja.

Mateo vino enseguida. Ya no tenía esa cara fría de hacía un rato. Me levantó en brazos sin decir una palabra y me metió de nuevo en la casa. Apoyé la frente en su hombro porque no me daba para más.

Me dejó en la cama y recién ahí habló.

—¿Qué le pasó a tu mano?

No le contesté.

—Camila.

Levanté apenas los ojos.

—Preguntale a tu hermana.

Después de eso se me apagó todo.

Volví en mí cuando me estaban tocando la venda.

—No… no…

Mateo me sujetó la mano.

—Hay que verla.

—Me duele.

—Ya sé.

—No, no sabés.

La señora Marta me sostenía del otro lado. La abuela lloraba calladita cerca de la puerta. Entre los dos me sacaron la venda y, cuando vi el dedo, me impresionó hasta a mí.

Estaba hinchado, rojo y abierto en los bordes. Mucho peor que antes.

La abuela se tapó la boca.

—No, no… así no estaba.

—Yo le cambié la venda a la tarde —dijo la señora Marta, nerviosa—. No estaba así.

Mateo giró de golpe hacia ella.

—Me dijiste que estaba mejor.

—Lo estaba, señor. Se lo juro.

La abuela se agarró el pecho.

—¿Qué le hicieron a esta chica?

Nadie contestó.

Mateo no dijo nada más. Salió del cuarto con la cara dura y volvió bastante después con un tipo alto, bien vestido, con cara de venir de cualquier lado menos de un consultorio.

—Vázquez, si me seguís cagando citas de esta manera voy a empezar a cobrarte por separado —dijo apenas entró.

Se quedó callado cuando me vio en la cama. Después me miró a mí, lo miró a Mateo y volvió a mirarme a mí.

—Apa.

—Cerrá la boca y mirale la mano —le soltó Mateo.

El tipo alzó una ceja, pero enseguida se puso serio. Se acercó, me revisó y frunció el ceño.

—Esto no es solo porque se haya mojado.

Mateo se tensó.

—¿Qué querés decir?

—Que hubo un segundo golpe. Le aplastaron la herida.

El médico volvió a mirar el dedo.

—¿Hace cuánto venía así?

—Unos días —contestó la señora Marta.

—¿Y hoy empeoró de golpe?

—Sí.

El tipo chasqueó la lengua.

—Entonces fue hoy. Clarísimo.

Yo cerré los ojos un segundo. No necesitaba escuchar más para saber de quién estaban hablando todos.

La abuela, en cambio, sí.

—¿Cómo que un segundo golpe?

El médico se enderezó.

—Eso. La infección estaba, sí. Pero esto de ahora es por otro golpe arriba de una herida que ya venía mal.

La señora Marta me miró como si recién terminara de entender.

—Por eso a la tarde no estaba así…

Mateo no me miró enseguida. Miró un segundo hacia la puerta y después apretó la mandíbula.

—Arreglalo.

El médico abrió la valijita arriba de la mesa de luz y empezó a sacar gasas, pinzas, frascos y tijeras.

—Primero una cosa —dijo—. Esto va a doler.

—Como si no se notara —murmuré.

Él soltó una risita corta.

—Bien. Si te queda humor, mejor.

La abuela Mariana negó con la cabeza.

—Yo no puedo mirar esto.

—Mejor que no mire, abuela —dijo el médico—. Después le explico todo.

Costó, pero entre la señora Marta y él lograron convencerla de salir. Apenas se cerró la puerta, el tipo se puso más serio.

—La herida está infectada y además tiene algo metido adentro. Hay que limpiarla bien.

Miré la pinza que tenía en la mano y sentí que se me secaba la boca.

—No quiero.

—Yo tampoco quiero hacerlo, pero si no lo hago, ese dedo se te va a poner mucho peor.

Miré a Mateo como buscando una salida. Que dijera “pará”. Que dijera “después”. Algo. Pero seguía con los ojos puestos en mi mano.

—No me mires así —murmuré.

—¿Así cómo?

—Como si fuera a escaparme.

—Si te soltamos, te escapás.

Tenía razón y eso me dio más bronca.

El médico lo miró.

—Dame una mano.

—Decime qué tengo que hacer.

—Sentate atrás de ella y sujetala. Cuando empiece, se va a mover.

Yo me quise correr.

—No hace falta.

—Sí hace —dijo el médico sin vueltas.

Mateo se sentó detrás de mí y me hizo apoyar la espalda en su pecho. Yo ya estaba por protestar cuando me pasó un brazo por la cintura y me agarró la mano sana con la otra.

—Quedate quieta.

—No quiero.

—Yo tampoco quiero estar acá a esta hora —dijo el médico—, pero no siempre hacemos lo que queremos.

El médico agarró un algodón con desinfectante y apenas me rozó el dedo, pegué un tirón.

—Pará…

—Ni empecé.

Quise volver a sacar la mano, pero Mateo me sostuvo.

—Aguantá.

—Me duele.

—Ya sé.

—No sabés nada.

El médico bufó.

—Bueno, los dos me van a hacer el favor de dejar de pelear cinco minutos.

Siguió limpiando despacio, sin dejar de mirar lo que hacía. Yo tenía la respiración corta y el cuerpo duro.

—Ahí está —murmuró de pronto.

—¿Qué? —preguntó Mateo.

—Lo que tenía metido adentro.

No quise mirar. Sentí la pinza buscar, tocar y tirar apenas. El dolor me atravesó entera.

—Ay, no…

Quise soltarme. Mateo no me dejó.

—Camila.

—Soltame.

—No.

—Mateo, soltame…

Él me sostuvo más fuerte.

—Ya termina.

El médico seguía trabajando con una calma que daban ganas de pegarle.

—Un segundo más.

—No puedo.

—Podés.

Sentí otra punzada y ahí perdí la poca paciencia que me quedaba. Giré la cabeza y le clavé los dientes a Mateo en la base del cuello.

No fue suave.

Lo sentí tensarse entero debajo mío, pero no me soltó.

El médico chistó.

—Bueno, por lo menos ya se distrae con algo.

Yo seguía mordiéndolo, medio llorando, hasta que escuché:

—Listo.

Ahí solté.

Me quedé sin fuerza. El médico terminó de poner la pomada y la venda mientras yo seguía apoyada contra Mateo, hecha un trapo.

—Ya está. Tres días sin mojarse. Después vemos cómo sigue.

Mateo me ayudó a acostarme despacio. El médico le pasó a la señora Marta los remedios y los horarios.

Antes de guardar sus cosas, miró el cuello de Mateo y silbó bajito.

—Y eso también hay que curarlo.

Recién ahí levanté la vista y vi la marca que le había dejado.

—Yo hice eso… —murmuré.

—Sí —dijo el médico—. Casi te lo comés vivo.

Me dieron la medicación y me fui quedando dormida mientras hablaban alrededor mío.

1
Clayas Pao
se supone que Valentina ya la conocia en el hospital
Clayas Pao
se contradice, primero dijo que murio, luego dijo que no sabia de su existencia y que nunca la conocio y ajora hasta se acuerda de ella
Clayas Pao
me cae ya mal Camils
Clayas Pao
que patética el no tiene la culpa de las estupideces de su hermana, ya cayó gordo
Clayas Pao
Que mujer patetica🙄
Clayas Pao
Que mujer patetica
Ines Micaela
ya ni ganas de seguir la novela vueltas y vueltas y ningún desenlace que aburrido.
Melissa Tapia
Es enserio tanta vuelta y no termina la historia, q inmadura es la protagonista y el embarazo quedó relegado a este paso será una gestación de más de 10 meses... yo resumo la trama.. llegará la tan ansiada prometida q le salvó la vida al prota, que casualmente no fue ella sino la histérica de Camila xq más me suena a eso, la han de secuestrar oh Mateo pierde la memoria le dan por muerto y darán mil vueltas para q al final tiunfe su amor predestinado
Ines Micaela
más capítulos muy largo y nada
Celia Chavez Chavez
una historia muy bonita pero es una pena que la escritora no concluya.
Jesús Márquez Téllez
Escritora, falta el final
Karina
hasta ahorita me gusta es algo fuera
Tata Perez
Termine de leer...me cansr
Tata Perez
Ya está monótona la narración y fuera de contexto
Elianeth Pacheco
que pasó porque no siguieron con los capitulos
Celia Chavez Chavez
seguimos esperando la continuación.
Celia Chavez Chavez
seguimos esperando la continuación.
Norma Beatriz Lopetegui
ufff cuánto debemos esperar para continuar y tener un final?? ya se convierte en una falta de respeto
Esperanza Hernandez
No entiendo nada, se supone que fue un amigo del círculo que la llamo y ahora resulta un misterio???
monita
está muy buena ,pero lastima que no continúe 😰 queremos el final , no es justo que hayamos leído asta acá y no tenga un final 😰😰
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