Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cuerpos.
Alessandro❤️🔥
El humo, las luces, la música… todo sigue latiendo en mi cabeza incluso después de salir del club. Pero no es el ambiente lo que se me quedó pegado a la piel.
Es ella.
Arabella.
Apoyo la espalda contra el asiento del auto mientras cierro los ojos apenas un segundo, y la imagen vuelve con una claridad casi violenta. Ese maldito vestuario… nada provocador, no diseñado para encender a cualquiera que la mire. Pero en ella no se ve magnífico. En ella todo se vuelve arte… tentación… peligro. Se vista como se vista, me encanta.
—Joder… —murmuro para mí mismo, pasando la lengua por mis dientes.
No sé qué me gusta más, si la forma en la que se mueve… o la manera en que intenta odiarme mientras lo hace.
—Te dejó trastornado —dice Gabriele desde el asiento de al lado, con una sonrisa ladeada.
Abro un ojo y lo miro de reojo.
—Cierra la boca.
—No, en serio —insiste—. Esa mujer te tiene mal.
Suelto una risa baja, áspera.
—No me tiene mal… —respondo con calma peligrosa—. Me tiene interesado.
Y eso es mucho peor. Porque temo que el interés se me convierta en obsesión demasiado rápido.
Exhalo lentamente y dejo que mi cabeza caiga hacia atrás. Todavía puedo sentir su aroma. Ese perfume… dulce, envolvente, adictivo. No es empalagoso, es… hipnótico. Como si cada nota estuviera hecha para quedarse en la memoria.
—Huele como el pecado —murmuro sin darme cuenta.
Gabriele suelta una carcajada.
—Estás jodido.
No respondo. Porque en el fondo sé que tiene razón.
Si no puedo tenerla en mi cama… la voy a tener bailando para mí.
Cuatro noches a la semana.
Cuatro noches donde nadie más puede tocarla, donde cada movimiento es mío… aunque ella finja que no. Y eso, por ahora… me basta.
El auto se detiene y abro los ojos de golpe. No estamos en el penthouse.
—A trabajar —dice uno de mis hombres desde adelante.
Asiento una vez y salgo del vehículo. El aire de la madrugada es más frío, más seco… pero no logra despejarme del todo.
Lucrecia se quedó a cargo del club. Confío en ella. Sabe manejar ese lugar y espero que lo haga bien. Pero esto… esto es otra cosa.
Entramos al edificio sin llamar la atención. Un sitio discreto, olvidado, perfecto para reuniones que no deben existir.
Al cruzar la puerta, el ambiente cambia.
Aquí no hay música.
No hay luces sensuales.
No hay distracciones.
Solo negocios… y muerte.
El antiguo líder de la célula ya nos está esperando. Un hombre mayor no tan, mirada cansada pero mente afilada.
—Llegaron tarde —dice sin rodeos.
—Estamos aquí, que es lo importante —respondo mientras me acerco a la mesa.
Gabriele se deja caer en una silla, cruzando los brazos.
—¿Qué tienes?
El hombre desliza una carpeta gruesa sobre la superficie.
—No les va a gustar.
Eso capta toda mi atención.
Tomo el informe y lo abro. Las primeras páginas son fotografías.
Cuerpos.
Mutilados. Vacíos.
Siento cómo algo dentro de mí se tensa.
—¿Qué mierda es esto? —gruñe Gabriele.
—Último mes —responde el hombre con voz grave—. Diez cuerpos encontrados en diferentes puntos de la ciudad… todos sin órganos.
El silencio se vuelve pesado.
Sigo pasando las páginas. Detalles. Ubicaciones. Fechas. Todo demasiado organizado para ser casualidad.
—Trata de órganos… —murmuro, frunciendo el ceño.
—Exacto.
Aprieto la mandíbula.
—Nosotros no hacemos esto.
—Lo sé —responde él sin dudar—. Por eso están aquí.
Sigo leyendo… hasta que mi cuerpo se queda completamente inmóvil.
Ahí está.
El sello. Nuestro sello.
Levanto la mirada lentamente.
—¿Quién hizo esto?
—Eso es lo que estamos intentando averiguar —responde el hombre.
Gabriele se inclina hacia adelante, tomando otra de las fotos.
—No puede ser coincidencia —dice, serio—. Tres cuerpos con el sello… alguien quiere que nos culpen.
—O alguien quiere enviar un mensaje —añado con voz baja.
El antiguo líder asiente.
—Y lo está logrando.
Siento cómo la rabia empieza a crecer en mi pecho.
Mi familia podrá hacer muchas cosas…
pero esto no.
Nosotros no tocamos ese negocio. Nunca.
—Quieren ensuciarnos —digo finalmente.
—O reemplazarbos —agrega Gabriele.
Eso me hace sonreír… pero no es una sonrisa agradable.
—Entonces eligieron a la familia equivocada.
El ambiente se vuelve más tenso mientras empezamos a desmenuzar cada detalle.
—Las ubicaciones no son al azar —dice el hombre señalando el mapa—. Están distribuidas estratégicamente.
—Zonas de tránsito —añade Gabriele—. Fácil acceso, fácil escape.
—Y control territorial fragmentado —completo—. Nadie domina completamente estas áreas.
Nos miramos los tres.
—Alguien inteligente —murmura el antiguo líder.
—Alguien que nos conoce —corrijo.
Porque usar nuestro sello no es un error…
es una provocación.
—¿Qué propones? —pregunta Gabriele.
Me apoyo sobre la mesa, mirando el mapa.
—Dividirnos —digo—. Rastrear contactos médicos ilegales, morgues, clínicas clandestinas… cualquiera que pueda mover órganos sin levantar sospechas.
—También laboratorios —añade Gabriele—. Si están preservando… necesitan infraestructura.
Asiento.
—Y alguien los financia —agrega el otro hombre.
Sonrío levemente.
—Siempre hay dinero detrás.
El plan empieza a tomar forma entre nosotros.
Rutas. Contactos. Nombres.
Cada pieza encajando lentamente en un rompecabezas que huele a guerra.
Las horas pasan sin que nos demos cuenta.
Cuando finalmente levanto la vista, la luz del amanecer se filtra débilmente por la ventana.
—Mierda… —murmura Gabriele, estirándose—. Ya es de día.
Cierro la carpeta con firmeza.
—Terminemos el informe.
Nos sentamos frente a las computadoras, organizando todo con precisión quirúrgica.
—Emiliano va a querer resultados rápidos —dice Gabriele.
—Y Efraín no es paciente —añado.
—Entonces más vale que esto valga la pena.
Tecleo las últimas líneas y reviso el documento una vez más.
Claro. Directo. Contundente.
Como debe ser.
—Listo —digo finalmente.
Gabriele asiente.
—Envíalo.
Presiono el botón sin dudar.
Y en ese instante sé una cosa con absoluta certeza: Quien sea que esté usando nuestro nombre… acaba de firmar su sentencia de muerte. Porque puede jugar con muchas cosas... Pero no con la familia Lobo.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.