Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Una familia por conocer
En el jardín, Leo estaba sentado sonriendo mientras hacía unos dibujos.
—¿Qué haces? —preguntó su señorita.
—Mi papá y mi mamá se agarraron de la mano anoche. Así que voy a tener otro hermano eso sí ellos quieren ¿Sabes? Erica es muy divertida —respondió Leo con una sonrisa.
—Eres un mentiroso —dijo otro niño.
Leo lo miró.
—No me importa. !Ya viste que mi papá vino con mi hermana! Déjame en paz —respondió.
El niño solo se reía de él Leo solo sigue dibujando por qué aún que Él fuera un Niño sabía que la vida de los adultos no era fácil y sus papás tenía sus razones por qué no podía estar juntos.
Mientras tanto, Cristian caminaba rumbo a la agencia de modelaje.
De pronto, volvió a encontrarse con la misma mujer.
—Oh, otra vez usted —sonrió.
Ella lo miró con curiosidad.
—Y tú también. ¿Qué haces por aquí?
—Yo trabajo como modelo. ¿Por qué está aquí, bajo este frío? —preguntó con curiosidad.
La mujer suspiró.
—Nada. ¿Para qué quiero estar en mi casa si mi esposo me odia?
Cristian se quedó mirándola y luego se sentó a su lado.
—Pero ¿por qué se casaron? —preguntó.
Ella bajó la mirada.
—Yo lo quería. Los primeros tiempos fueron buenos, pero él nunca me quiso. Solo me soporta por nuestros padres.
Lo miró con tristeza.
—Fui una idiota por él y por su hermana. Perdí a mi mejor amiga.
Cristian guardó silencio unos segundos.
—Mmm... A veces, por la gente equivocada, hacemos cosas estúpidas.
Sonrió.
—Pero no dejes que decaigan esos ánimos. Seguro que, en el fondo, él te ama.
Ella se puso roja.
Cristian la miró sorprendido.
—Wow... qué bonita.
—¿Tú crees? —preguntó ella con curiosidad.
—Sí. Además, eres muy blanca y te ruborizas rápido —sonrió.
En ese momento llegó un auto.
—Me tengo que ir —dijo ella mientras se levantaba—. Nos seguiremos viendo.
—Supongo... Por cierto, soy Cristian Torres. ¿Y tú?
—Yo soy Julieta Monclova —respondió con una sonrisa antes de subir al auto.
Cristian sonrió.
—¡Qué bonita!
Se levantó y continuó su camino.
En el hospital, Andrés estaba atendiendo cuando se vendó la mano.
En ese momento llegó Mónica.
—Genial —dijo Andrés con seriedad—. Vino doña mandona. ¿Qué pasa, Mónica?
Ella lo miró enojada.
—¿Dónde estabas? Dijiste que me ibas a buscar.
Entonces vio la mano de Andrés.
—¿Qué pasó? Tu mano... A ver, dame.
Le tomó la mano.
—No es nada. Solo una quemadura de café —respondió él, fastidiado.
—¿Cómo que no? Ven.
Mónica lo jaló hasta la enfermería.
Una vez allí, sacó sus cosas: la pomada, las gasas y todo lo necesario para curarlo.
Comenzó a atender la herida.
Mientras Mónica curaba su mano, Andrés la miraba.
Por alguna razón, sintió algo cálido.
—¿Cómo te quemaste con café? —preguntó ella con curiosidad.
—No es de tu incumbencia.
La pomada comenzó a arderle.
—¡Ah! Duele.
Mónica lo miró seriamente.
—Eso debiste pensarlo antes de quemarte. Deja de quejarte. Pareces un niño. No sé cómo eres doctor.
Andrés la miró serio.
—Es que vi a Agustina con Louis —susurró.
Mónica levantó la mirada.
—¿Qué?
Andrés retiró lentamente la mano.
—Nada... Gracias.
Se levantó y se fue.
Mónica lo observó alejarse.
Mientras tanto, Agustina recordaba cómo Louis había cuidado a Leo.
Pensar en él hizo que se pusiera roja.
Se llevó una mano al rostro.
—No está bien... Yo no voy a ser la otra —murmuró seriamente—. Lo arruinaría todo.
Bajó la mano y suspiró.
—No puedo hacerle eso a nadie.
Mientras tanto, Louis estaba en su consultorio.
De pronto, recibió una llamada.
—¿Hola?
Escuchó lo que le decían al otro lado.
Su expresión cambió.
—¿Qué? ¿Mi mamá qué?
Se levantó rápidamente.
Agustina, que estaba cerca, lo miró preocupada.
—¿Qué pasa, Louis?
—Debo irme. Ayuda al doctor Duarte.
Louis salió corriendo.
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Horas después, Andrés caminaba por los pasillos del hospital.
Miró su mano, que todavía tenía la herida.
Aunque Agustina le gustaba, Mónica siempre había estado con él en las buenas y en las malas.
Por un momento, pensó en ella.
Entonces escuchó una voz.
—No le voy a decir nada a Agustina...
Andrés caminaba distraído y chocó con alguien.
—Oye, idiota. Ten cuidado.
Andrés agarró a Eric de la ropa.
—¿Qué no le vas a decir a Agustina? ¿Qué estás planeando, idiota? —preguntó enojado.
Eric sonrió de lado.
—Wow, Andrés. Hay cosas que no entenderías.
Lo miró de arriba abajo.
—Veo que te volviste más valiente, nerd.
Andrés lo soltó lentamente, sin dejar de mirarlo.
En otra parte, Juliana estaba con su esposo, Martín, en una tienda de ropa.
De pronto, vio ropa de bebé.
La tomó y sonrió.
—Oye, Martín, mira qué lindo vestido.
Se lo mostró.
—También vi estas ropas de bebé. ¿Qué tal si tenemos uno?
Martín la miró fijamente.
Su expresión era seria.
—Ya déjame en paz. Toma el maldito vestido. Mañana tenemos que ir a ver a nuestro padre. Ya estás conmigo.
Tomó una camisa.
Juliana dejó caer el vestido al suelo y comenzó a llorar.
—¡¿Qué quieres de mí?! Hago lo mejor que puedo. Ahora te digo que tengamos un hijo y tú no quieres nada conmigo. ¿Qué te hice?
Martín la agarró del brazo.
—Oye, ¿qué haces? ¡Déjame! —gritó ella.
Enojado, Martín la llevó hasta un callejón.
—¿Qué me hiciste? ¿Quieres que te lo pregunte bien?
Juliana se quedó callada.
—Entonces escucha —continuó él, furioso—. Primero tuve que aceptar que Agustina me dejara. Pero no, señorita drama. Hiciste un plan con mi hermana para arruinarle la vida a una pobre chica.
Juliana comenzó a llorar.
—Sacrificaste tu amistad por alguien que nunca te va a amar. Nosotros solo estamos juntos por nuestros padres. ¿Quieres que siga?
Juliana se quedó completamente callada.
Las lágrimas continuaron cayendo por su rostro.
En la casa de la mamá de Louis...
—Hijo, ¿por qué viniste? —preguntó ella en voz baja.
Louis se acercó preocupado.
—Mamá, mírate.
La observó con tristeza.
—Mamá, no nos puedes dejar así.
Ella sonrió débilmente.
—Hijo, hay cosas que pasan que nadie puede evitar.
Tomó su mano.
—Pero, aun así, quiero conocer a mi nieta.
Louis sonrió.
—Mamá, me olvidé de decirte algo.
Ella lo miró.
—No solo tienes una nieta.
Louis sonrió.
—También tienes un nieto. Todo es muy reciente, pero sé que lo querrás mucho.
Su madre abrió los ojos sorprendida.
—¿Ah, sí?
Puso una mano sobre el rostro de Louis.
—Hijo, eres una caja de sorpresas, siempre.
Y rio suavemente.
Louis salió afuera.
Jacob estaba allí esperándolo.
—¿Y qué vas a hacer, hermano? —preguntó.
Louis suspiró.
—Debo llamar a Carolina y a Agustina.
Jacob levantó una ceja.
—¿Por qué a Carolina? ¿Acaso no se fue de ti y la niña?
—Es mi esposa.
Louis hizo una pausa.
—Y quiero que Agustina esté aquí para que mi mamá conozca a la madre de Leo.
Jacob asintió.
Louis tomó su teléfono y llamó.
Horas después, Agustina llegó junto a Leo.
Carolina llegó con Erica.
Las dos mujeres se vieron, pero Carolina evitó mirar directamente a Agustina.
Mientras tanto, los niños estaban felices.
Kai se acercó a ellos con una sonrisa.
—Así que ustedes son mis sobrinos.
Los niños lo miraron.
—Yo soy su tío Kai, el hermano mayor de Louis.
Los pequeños sonrieron.
En ese momento, Jacob entró.
Los niños corrieron hacia él.
—¡Papá! —dijo Erica.
Jacob rio.
—No, niños. Soy su tío Jacob.
Los levantó a los dos entre sus brazos.
En ese momento, Louis bajó las escaleras.
Leo corrió hacia él.
—¡Papá!
Louis lo miró.
—¿Qué pasa?
Leo sonrió.
—¿Qué hacemos aquí?
Louis lo miró con una sonrisa triste.
—Bueno... hoy van a conocer a su abuela.
Los ojos de los niños se iluminaron.
—¡Qué emoción! —exclamó Erica mientras miraba a Leo.
Leo sonrió.