Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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La recepción
Los aplausos resonaron en toda la catedral.
Las puertas se abrieron de par en par y una lluvia de pétalos blancos cayó sobre los recién casados mientras descendían las escalinatas.
Los fotógrafos no tardaron en rodearlos.
—¡Señor Volkov!
—¡Señorita… perdón, señora Volkov!
—¡Por aquí!
Los flashes no daban tregua.
Ivonne sonreía por compromiso.
Ivako mantenía la compostura habitual.
Después de varias fotografías, un periodista alzó la voz.
—¡Señor Volkov! ¿Fue amor a primera vista?
Los guardaespaldas intentaron apartarlo, pero Ivako respondió antes de que lo hicieran.
—No.
El silencio fue inmediato.
Algunos periodistas se miraron entre sí.
Ivako continuó con absoluta tranquilidad.
—Fue una alianza entre dos familias.
Esperamos que el respeto sea el comienzo de todo lo demás.
La respuesta dejó a más de uno sin palabras.
No habló de amor.
Pero tampoco redujo el matrimonio a un contrato.
Ivonne lo observó de reojo.
No esperaba esa respuesta.
La recepción se celebró en el salón principal del hotel más exclusivo de la ciudad.
Candelabros de cristal, arreglos florales enormes y una orquesta en vivo daban al lugar un aire casi irreal.
Mientras los invitados brindaban, Giovanni conversaba con el señor Volkov sobre nuevos proyectos empresariales.
Como si acabaran de cerrar un acuerdo comercial.
Ivonne los vio desde la distancia.
Sintió un nudo en el pecho.
—¿Quiere salir un momento?
La voz de Ivako la sorprendió.
Ella lo miró.
—¿Ahora?
—Necesita un descanso.
No era una pregunta.
Había notado el cansancio en su rostro.
Ivonne aceptó con un leve movimiento de cabeza.
Los dos salieron al jardín del hotel.
El bullicio de la fiesta quedó atrás.
Solo se escuchaba el sonido de una fuente y el canto de algunos grillos.
Caminaron unos metros sin hablar.
Hasta que Ivonne rompió el silencio.
—Gracias.
Ivako giró apenas la cabeza.
—¿Por qué?
—Por lo de la ceremonia.
Él comprendió de inmediato.
—No era necesario obligarla.
—Aun así…
Gracias.
Continuaron caminando.
Después de unos minutos, Ivako habló.
—Hay algo que quiero aclarar.
Ella lo observó con atención.
—No espero que confíe en mí desde hoy.
Sería poco realista.
Pero tampoco quiero que viva con miedo dentro de mi casa.
Ivonne permaneció en silencio.
—Si en algún momento tiene un problema…
Quiero que me lo diga directamente.
No a los empleados.
No a mi padre.
A mí.
Ella tardó unos segundos en responder.
—¿Y si el problema es usted?
Por primera vez desde que se conocieron, Ivako soltó una risa breve.
No una carcajada.
Solo una risa baja, sincera.
—Entonces también.
Aquella respuesta hizo que Ivonne sonriera sin darse cuenta.
Él tenía un sentido del humor mucho más discreto de lo que imaginaba.
—Eso fue una broma, ¿verdad?
—Sí.
—Me alegra saber que puede hacerlas.
—No muy seguido.
—Lo imaginaba.
Los dos compartieron una pequeña sonrisa.
Era la primera que compartían.
Desde el ventanal del salón, Ivy los observaba.
Respiró aliviada al ver a su hermana sonreír, aunque fuera por unos segundos.
Pero, a pocos metros de ella, Giovanni también los observaba.
Su expresión era imposible de descifrar.
El señor Volkov se acercó a su lado.
—Su hija parece adaptarse rápido.
Giovanni respondió sin apartar la vista del jardín.
—Siempre lo hace.
El patriarca Volkov guardó silencio un instante.
Luego dijo algo que hizo que Giovanni tensara ligeramente la mandíbula.
—Espero que algún día ella descubra que no todos los sacrificios deben hacerse en silencio.
Giovanni no respondió.
Porque, por primera vez desde que tomó la decisión de entregar a Ivonne en lugar de Ivy…
Sintió una pequeña duda.
Y esa duda no provenía del matrimonio.
Provenía de la mirada con la que su hija había dejado de verlo.