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El Peso De Las Sombras

El Peso De Las Sombras

Status: En proceso
Genre:CEO / Casos sin resolver / Romance de oficina
Popularitas:37
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

Elena Marín ha construido una vida perfecta sobre la precisión de su trabajo como restauradora de arte: reparar lo roto y disimular las grietas. Sin embargo, la noche en que su prometido, el influyente magnate Julián Valdés, es brutalmente asesinado, su fachada de control se desmorona por completo.

Mientras las pistas comienzan a incriminarla y una sustancia sintética amenaza la claridad de sus propios recuerdos, Elena deberá descifrar la verdad detrás del imperio Valdés antes de que las mentiras reprimidas y la trampa orquestada a su alrededor la condenen para siempre.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12: EL MENSAJE EN EL ESPEJO

 A las seis de la mañana, la luz grisácea del amanecer comenzó a filtrarse muy lentamente por los ventanales blindados del piso de seguridad. La bruma matutina pesaba sobre la ciudad como un manto impenetrable, amortiguando los ruidos lejanos del tráfico. Elena no había pegado un ojo en toda la noche. Sentada en el borde de un sofá impersonal, observaba las partículas de polvo flotar en la luz penumbral mientras sus dedos entrelazados temblaban ligeramente por el agotamiento y la paranoia.

En el estudio contiguo, la silueta de Gabriel se recortaba contra la claridad leve de los monitores. Hablaba en un susurro grave e ininterrumpido con el equipo de la central, haciendo pausas breves para revisar los informes del laboratorio forense que llegaban a cuentagotas. Cada trazo de papel, cada llamada encryptada y cada crujido de la estructura del piso la hacían sobresaltarse. La tensión en el aire era tan densa que se podía cortar con un bisturí.

Un timbre sordo y monocorde rompió de pronto el silencio, anunciando la llegada del servicio de entrega matutino programado por la unidad de custodia. Elena se puso en pie de golpe, contenida por la instintiva prudencia de no acercarse demasiado al pasillo. Gabriel salió del estudio con paso firme, haciendo una seña imperiosa para que ella permaneciera atrás. Un oficial de paisano dejó sobre la mesa de la cocina una bolsa sellada con víveres frescos, la prensa del día y una muda de ropa limpia enviada desde el taller de Elena.

Gabriel inspeccionó la bolsa personalmente, revisando cada esquina del paquete con el celo profesional de quien sospecha de cualquier detalle fuera de lugar, antes de entregársela con una mirada sobria.

—Voy a bajar al estacionamiento a coordinar el relevo de la guardia —anunció Gabriel, colocándose la gabardina oscura y ajustándose la cartuchera bajo el brazo—. Estaré fuera exactamente diez minutos. No abras la puerta a nadie, sin importar lo que escuches.

Elena asintió en silencio, incapaz de articular palabra. En cuanto escuchó el chasquido seco y metálico del cerrojo electrónico cerrándose desde el exterior, tomó la bolsa con la ropa limpia y se dirigió apresuradamente al cuarto de baño. Encendió la luz blanca e incandescente sobre el espejo, que iluminó sin piedad sus ojeras profundas, y sacó las prendas cuidadosamente dobladas sobre el mármol del lavabo.

Al desdoblar la tela suave de su suéter favorito de lana, sintió un bulto rígido y plano cosido sutilmente entre los pliegues interiores.

Con el corazón en la garganta y la respiración cortada, Elena desplegó la prenda con manos torpes. Un pequeño sobre de papel kraft cayó sobre la porcelana blanca con un golpe sordo. No tenía nombre, ni remitente, ni el sello de inspección policial. Al abrirlo con dedos temblorosos, extrajo una nota manuscrita en un pedazo de papel rasgado de libreta. La caligrafía era inconfundible: rápida, angulosa y firme. Damián.

"Elena: El piso donde estás no es una protección, es una jaula. Prado movió influencias en la comandancia para quedarse con el caso de Julián a costa de lo que fuera. Investiga la compra de los cuadros de la Colección Lombardía en 2018 dentro de los registros de la galería. Descubrirás que el padre de Gabriel se suicidó tras ser arruinado por Julián, y que Gabriel juró destruir a nuestra familia antes de vestir la placa. No confíes en él. Te buscaremos en cuanto salgas."

Elena releyó la nota tres veces consecutivas, sintiendo cómo un cubo de agua helada le caía por la espalda y le paralizaba las extremidades. Las palabras de Damián resonaban en su cabeza con una lógica devastadora. Todo cobraba un sentido grotesco: el interés casi obsesivo del detective, sus largas horas de desvelo, su empeño en aislarla de cualquier otra autoridad. Si el padre de Gabriel se había quitado la vida por culpa de las maniobras financieras e impunes de Julián, la supuesta devoción del detective por el caso no era celo profesional ni vocación de justicia; era una cacería personal de venganza largo tiempo meditada.

Dobló la nota meticulosamente, la escondió dentro del bolsillo interior de su pantalón y abrió el grifo para lavarse la cara con agua helada. Miró su propio reflejo en el espejo, buscando recuperar el control mientras el agua goteaba de su barbilla. El cazador y la presa habían intercambiado sus lugares frente a sus ojos, y ella estaba atrapada en el centro de ambos, sin saber en quién confiar cuando el cerrojo de la puerta principal volviera a girar.

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