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Me casé con el papá de mi ex

Me casé con el papá de mi ex

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Mujer poderosa / Amor a primera vista / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:10.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Después de encontrar a Emilio con Paola en la habitación 1208, Ximena no quiere volver a saber de ninguno de los dos. Por eso le sorprende que, al día siguiente, Leonardo Aldama —el padre de Emilio— aparezca para disculparse. No intenta justificar a su hijo. Solo le dice que no la merecía.
Ximena tiene veintiséis años y una vida que se ha construido sola. Leonardo, cuarenta, enviudó hace años y está acostumbrado a resolverlo todo. Con ella aprende a esperar: primero un café, luego otro; una llamada que se alarga y un beso que ninguno sabe cómo explicar.
Emilio sigue siendo parte de sus vidas, y Ximena no piensa hacerse pequeña para encajar en la familia Aldama. Pero cada vez le cuesta más fingir que Leonardo es solo el padre de su ex.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9: Lo peor es que no te odio

La foto era de su propia mano: vendada hasta los nudillos, abierta sobre la cinta azul doblada en la banca del vestidor. Ximena la subió a su estado de WhatsApp el sábado en la noche, después de tres horas de tatami, y escribió abajo lo primero que se le ocurrió.

No es talento. Es terquedad.

Se durmió con el celular en la mano. El domingo, al despertar, revisó quién la había visto. La tía, Lucía, Andrea, dos alumnas, una colega del departamento.

Y Leonardo Aldama.

Dejó el celular boca abajo sobre el buró y se fue a bañar.

El lunes empezaba la segunda etapa del campamento. Ximena no llegó. Las calificaciones de parciales se le juntaron con una junta del colegio de profesores que empezó a las cinco y terminó a las nueve, entre un reglamento de titulación y un colega que no dejaba de pedir la palabra.

Cuando salió, la academia ya había cerrado.

El martes a las 20:10, calificando ensayos en el sillón, le vibró el celular.

Carvalho dice que faltaste. ¿Y tu cinta morada?

Ximena se quedó mirando el mensaje. Sintió un calor raro detrás de los ojos y parpadeó rápido, molesta consigo misma.

Nadie le preguntaba eso. La tía le preguntaba si había comido. El tío, si el carro ya había ido al servicio. Regina, desde Nueva York, si le estaban pagando lo justo. Todos la cuidaban, y ella lo sabía, y lo agradecía.

Pero nadie le preguntaba por lo que ella quería para ella. Por la cosa más cara que se había comprado a sí misma.

Escribió y borró dos veces.

La recupero la próxima semana.

La respuesta llegó casi enseguida.

Te espero.

Ximena dejó el celular sobre la pila de ensayos y se quedó un rato con la mano encima, como si fuera a escaparse.

El miércoles dio tres clases seguidas. A las cinco bajó las escaleras del edificio de Historia con la bolsa pesada de libros, pensando solo en el mezcal que Lucía le había prometido. Habían quedado en que pasaban por ella a las cinco en punto.

Al pie de la escalera, entre los alumnos que salían, había un ramo de rosas rojas. Enorme. Con gotas de agua en los pétalos, de esas que les echan en la florería para que parezcan de rocío.

Detrás del ramo estaba Emilio.

—Xime…

—No me digas así. —Ximena no se detuvo—. Me da asco.

Lo tenía bloqueado en todo desde el martes del hotel. El número, WhatsApp, Instagram, el correo. Nunca se le ocurrió bloquearle la escalera.

Él se le puso enfrente.

—Espérame. Nomás escúchame dos minutos. —Tenía ojeras y la camisa planchada, como para una entrevista—. Lo de Pao fue un error. Te juro que fue un error. Ella me buscó. Yo nomás no me aguanté.

—Qué bueno que tienes tan claro de quién fue la culpa.

—Ximena, por favor…

Le agarró la muñeca.

Ximena bajó la vista a los dedos de él sobre su piel. Luego lo miró a la cara.

—Suéltame. —La voz le salió baja y plana—. O te vuelvo a tirar al piso. Aquí. Delante de todos.

Emilio la soltó como si quemara. El ramo se le resbaló y las rosas cayeron por los escalones, rodando, desparramadas entre los tenis de los alumnos. Alrededor se había formado un medio círculo. Diez, doce estudiantes con las mochilas colgando de un hombro.

Una muchacha de primer semestre levantó una rosa del piso y no supo qué hacer con ella.

A Emilio se le descompuso la cara.

—¿Sabes qué? —Alzó la voz—. ¡Si no fuera porque mi papá te quiere de nuera, no estaría aquí rogándote! ¡Por ti corrió a Paola! ¡Te defiende para que regresemos! ¿O qué creías, que te invitó a comer por tu cara bonita?

Ximena se quedó quieta.

El ruido de la explanada siguió igual, los alumnos, un camión de la basura a lo lejos. Ella dejó de oírlo.

La disculpa en la biblioteca. La caja azul. El consejo en el tatami. La fonda, el flan, la mano que retiró del saco. Tres Aguas. Te espero.

Se obligó a tragar saliva. Levantó la barbilla.

—En la cabeza de tu papá —dijo, despacio, para que todos la oyeran—, el que no me merece eres tú.

Desde la puerta del edificio, el profesor emérito del departamento, que daba Historia Antigua desde antes de que ella naciera, se acomodó los lentes.

—Joven, aquí se estudia.

Un claxon sonó dos veces en la calle. El carro de Lucía, con Andrea en el asiento del copiloto y la ventana abajo, las dos con cara de haber visto todo.

Ximena bajó los últimos escalones sin pisar ninguna rosa y se subió atrás.

—Arranca —dijo.

Lucía arrancó.

En la Media Luna pidió un mezcal. Luego otro. Lucía pidió agua mineral, porque manejaba, y la vio tomarse el tercero sin comentar nada, cosa rara en Lucía.

—Amiga, ese pendejo no se merece ni una lágrima —dijo por fin.

—No estoy llorando.

—Ya sé. Por eso me preocupa.

Andrea no decía nada. Le había puesto enfrente un plato de chapulines con limón y la miraba comer uno cada tanto, como quien vigila la temperatura de un enfermo.

Ximena giraba el vasito entre los dedos. Tenía la cara caliente y la cabeza muy clara, de esa claridad falsa que da el mezcal.

—Parecía que de verdad le importaba… —murmuró.

Lucía y Andrea se miraron.

—Xime, te puso el cuerno en un hotel —dijo Lucía, con suavidad—. No le importaba nada.

No las corrigió. No hablaba de Emilio.

Todo había sido tan limpio. Tan exacto. Una disculpa sin pero. Un regalo que ella no iba a poder rechazar. Un consejo delante de doce personas para que no se viera como favor. Un café para llevar que no se tomó.

Y ella, sonriendo en el carro como idiota por un fondo negro con letras blancas.

Despacio se llega lejos. Claro que sí. Despacio, hasta la boda de su hijo.

Pidió el cuarto mezcal.

A las ocho y dos, sacó el celular. Buscó el chat. Apretó el micrófono.

—¿Por qué me haces esto? —Le salió ronca—. ¿Todo era por Emilio? Contéstame eso nada más.

Lo mandó. Grabó otro.

—¿Desde cuándo? ¿Lo planeaste desde la biblioteca? ¿La caja también?

Lucía estiró la mano hacia el celular. Andrea la detuvo por la muñeca.

—Déjala —dijo Andrea—. Que saque todo.

—¿A quién le está mandando audios? ¿Al pendejo?

—Ni idea. Que saque todo.

El tercero ya lo mandó con la voz rota. El quinto, riéndose sola. El octavo fue largo, sobre el jiu-jitsu, sobre lo que le había contado de sus papás, sobre por qué le había contado eso a él si no se lo contaba a nadie.

En el décimo se le cayó el celular sobre la barra y lo levantó y siguió grabando.

En el duodécimo se enderezó en el banco, se aclaró la garganta y se esforzó por sonar sobria.

—Y no te preocupes, eh. Estoy en mi casa. En Higuera. Muy tranquila. ¿Contento? No me busques.

Andrea soltó una carcajada.

—¿Cuál casa, güey? Estás en la barra.

Ximena la miró muy seria. Luego se le torció la boca y se rio también, un poco, con los ojos mojados.

Eran las 20:19. Llevaba trece. Apretó el micrófono una vez más y se acercó el celular a la boca, bajito, para que no la oyeran ellas.

—Te odio… —La voz se le quebró a la mitad—. No. Eso es lo peor. Que no te odio.

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Margelis Izarra
linda historia...gracias por compartirla
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Genial, me gusto esa forma de decir me enamore.
🇻🇪Jennifer Rodríguez🇻🇪
Me encantó, sin mucho drama, con lo justo de conflictos y mucho amor, gracias 😊💝
Susana Freyre
muy entretenida y fluye cómoda la narrativa Yo me sumergi en la trama como si fuera uno de los personajes.gracias
🇻🇪Jennifer Rodríguez🇻🇪
Ya va a empezar a ocultarle cosas 🔥
🇻🇪Jennifer Rodríguez🇻🇪
Eso fue veloz 🔥
🇻🇪Jennifer Rodríguez🇻🇪
Me encanta la narrativa, y los personajes muy bien logrados, me gusta que la protagonista no se deje de nadie 🔥
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