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La esposa muda del jefe de la mafia

La esposa muda del jefe de la mafia

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Amor tras matrimonio / Arrogante / Mafia / Novia sustituta / Ascenso de clase social / Enfermizo / Romance oscuro
Popularitas:46.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Durante quince años, Paloma Linares vivió encerrada en un ático porque su familia consideraba su silencio una vergüenza. La noche en que su gemela huye de su propia boda, la visten de novia y la entregan en su lugar.
Su esposo es Alejandro Iturralde: heredero de un imperio millonario, supuesto paralítico y el hombre más temido de la Ciudad de México. Ante la prensa dirige hoteles y constructoras. En las sombras manda la Casa Iturralde, una organización en la que nadie desobedece al jefe dos veces.
Cuando se cierran las puertas de la recámara, Alejandro la llama por el nombre de su hermana… y se levanta de la silla de ruedas.
Paloma solo alcanza a escribirle tres palabras en la palma:
NO SOY ELLA.
Él descubre la sustitución, pero en vez de devolverla decide conservar a la esposa que nunca pidió. Lo que empieza como una trampa se convierte en una obsesión ardiente, peligrosa y cada vez más difícil de ocultar.
Pero Paloma no piensa cambiar el ático de sus padres por una jaula de oro. Entre noches incendiarias, una guerra por el control de la Casa y un embarazo que puede convertirla en el blanco de todos sus enemigos, ella tendrá que encontrar su propia voz. Y Alejandro descubrirá que puede poner de rodillas a una ciudad entera, pero no puede darle órdenes al corazón de su esposa.
El hombre al que todos obedecen tendrá que aprender a escuchar a la única mujer que no puede hablar.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1: La silla de ruedas

Paloma llevaba cinco horas vestida de novia para un hombre al que nunca había visto, y la boda ni siquiera era suya.

Era la de Carmina, su gemela. Pero esa mañana Carmina amaneció con fiebre, o eso dijeron sus padres, y a Paloma la sacaron del ático, le pusieron el vestido de su hermana y la llevaron a la casona Iturralde, en Lomas de Chapultepec. Antes de bajarle el velo, su madre se le acercó al oído.

—Tu hermana está enferma. Solo esta noche. No abras la boca. Sonríe y ya.

Como si pudiera abrirla. Paloma no hablaba desde los cinco años. Para los Linares, una hija muda era una vergüenza, y la habían escondido bien: quince años encerrada en el ático de la casa de la Roma, con la puerta cerrada por fuera, mientras a las visitas les contaban que la menor estudiaba en Suiza. En esa boda nadie sabía que ella estaba ahí. Todos creían que la novia era Carmina.

—Y no tengas miedo —añadió Beatriz, acomodándole el encaje sobre los hombros sin mirarla a la cara—. Él ni siquiera puede pararse de la silla. No te va a pasar nada.

El novio era Alejandro Iturralde, heredero y director general de Grupo Iturralde. Eso decía la prensa. En voz más baja se decía otra cosa: que debajo de los hoteles, las constructoras y los apellidos de notario existía la Casa Iturralde, y que sus hombres no lo llamaban licenciado, sino jefe. Cinco semanas atrás lo habían secuestrado a la salida de una cena de beneficencia; logró escapar, pero desde entonces, decía todo México, no volvió a caminar. Ni siquiera se presentó al brindis en el jardín. Su madre, Mercedes, pasó la tarde de grupo en grupo repitiendo lo mismo con una sonrisa que no se le movía: Alejandro seguía en rehabilitación y les agradecía mucho que hubieran venido. Y a espaldas de la novia, bajo las jacarandas, los invitados cuchicheaban sin bajar la voz, como se habla delante de un florero.

—Pobre muchacho. Quedó inválido.

—Pobre él, no ella. Mina se casó por el apellido. Ni modo que por el novio.

Paloma lo oyó todo y siguió sonriendo. Era lo único que le habían pedido.

Lo que su madre no le explicó fue lo de dos semanas antes. Aquel sábado su padre la bajó del ático por primera vez en meses, la sentó en el comedor frente a un juez del Registro Civil y le puso una pluma entre los dedos.

—Tu hermana está enferma y el juez no se puede reprogramar. Firma tú con tus datos. Cuando ella se recupere, los abogados lo arreglan.

Paloma firmó con su nombre completo cada hoja que le señalaron y dejó la huella de su pulgar donde le dijeron. En esa casa, preguntar nunca le había servido de nada. Un trámite, pensó. Un favor más para Carmina.

Ahora estaba sentada en la orilla de una cama enorme, en la recámara nupcial del ala este de la casona, con el vestido de su hermana todavía puesto. Eran casi las once de la noche. Su maleta, con el pizarrón blanco y los plumones que usaba para comunicarse, se había quedado junto al clóset, al otro lado del cuarto. Tenía un solo plan: aguantar hasta mañana. Mañana Carmina se sentiría mejor, alguien vendría por ella y la regresarían al ático, y el tal Alejandro Iturralde jamás sabría que había pasado su noche de bodas con la hermana equivocada.

Entonces lo oyó.

Un rechinido metálico, lento, sobre la duela del pasillo. Ruedas. Se detuvieron frente a la puerta.

Paloma se puso de pie tan rápido que se pisó el vestido.

La puerta se abrió y él entró en una silla de ruedas de acero, empujándose con las manos. La luz del pasillo lo dejó a contraluz un segundo; después, la lámpara del buró le alcanzó la cara. Era más joven de lo que ella había imaginado, treinta años a lo mucho, y más guapo de lo que ninguna chismosa del jardín había mencionado. Tenía la piel muy pálida, como alguien que llevaba semanas sin salir al sol, y unos ojos oscuros que la recorrieron de arriba abajo sin una pizca de sorpresa. Nada más desprecio.

—Carmina.

No era un saludo. Cerró la puerta con una mano y avanzó hasta quedar frente a ella.

Paloma se quedó quieta. Le había prometido a su madre no abrir la boca, y de todos modos no habría podido. Intentó sonreír como en el jardín.

Esa sonrisa fue un error.

Él la tomó de la muñeca y la jaló hacia abajo con una fuerza que no correspondía a un hombre inválido. Paloma cayó de rodillas junto a la silla, y antes de que pudiera apoyar las manos, los dedos de él le rodearon la garganta.

—Te lo advertí —dijo muy bajo—. Te dije que no te metieras en mi casa. Fuiste llorando con mi madre, te hiciste pasar por mi novia, y ahora aquí estás, con mi apellido. —Apretó un poco más—. Vas a arrepentirte, Carmina.

Paloma podía respirar. Él no apretaba lo suficiente para ahogarla, apenas lo necesario para que entendiera que podía hacerlo. Pero el aire que le entraba no le servía para nada: abrió la boca para gritar y no salió nada. Nunca salía nada. Solo un soplo seco, ridículo, que se perdió entre los dos. Le temblaban los brazos, los hombros, las rodillas sobre la alfombra. Dentro de los zapatos de su hermana se le encogieron los dedos.

Él la miraba fijamente a la boca. Frunció el ceño, como quien espera un grito que no llega.

Y la soltó.

Paloma se llevó las manos al cuello y se arrastró hacia atrás hasta chocar con la cama. No entendía nada. Si él quería a Carmina fuera de su casa, ¿por qué se casó con ella? ¿Y por qué su hermana nunca le dijo que él la odiaba? No te va a pasar nada, le había jurado su madre.

Entonces él puso las manos en los descansabrazos y se levantó de la silla.

Paloma dejó de respirar de verdad.

Lo vio apretar la mandíbula al apoyar la pierna derecha, como si le doliera, pero se enderezó por completo y se quedó de pie frente a ella. Era alto. Muy alto. Le sacaba más de una cabeza, y desde el suelo parecía que llenaba todo el cuarto. El hombre que según todo México había quedado inválido estaba parado frente a su esposa en su noche de bodas, sin apoyarse en nada.

—Mírame bien —le dijo—. Tú y yo somos los únicos en esta casa que saben esto. Si mañana alguien se entera, voy a saber que fuiste tú. Y te juro que vas a desear no haberte casado conmigo.

Paloma negó con la cabeza, desesperada. No soy ella. No soy ella. Buscó la maleta con los ojos: el pizarrón estaba al otro lado del cuarto, detrás de él, y no se atrevió a pasar a su lado. Entonces hizo lo único que se le ocurrió. Se puso de pie, le agarró la mano derecha antes de que él pudiera apartarla, le abrió los dedos y le escribió en la palma, con la punta del índice, letra por letra, apretando fuerte para que no hubiera duda.

*NO SOY ELLA*

Él bajó la vista hacia su propia mano. Por un instante pareció que iba a preguntar algo. Luego soltó una risa corta, sin ganas.

—Claro que no eres ella. —Retiró la mano—. Y yo no camino.

Le dio la espalda. Empujó la silla de ruedas vacía hacia la puerta, caminando detrás de ella, cojeando apenas. En el umbral se detuvo sin voltear.

—No salgas de este cuarto.

La puerta se cerró. Del otro lado, una llave entró en la cerradura y dio dos vueltas.

Paloma conocía ese sonido mejor que su propia voz. Era el mismo que había oído cada noche en el ático desde los cinco años, cuando su padre subía a cerrarle la puerta para que ninguna visita la encontrara. La habían sacado de un cuarto cerrado con llave para meterla en otro, y esta vez el que tenía la llave era un desconocido que la odiaba por algo que ella no había hecho.

Se quedó sentada en la alfombra, con la espalda contra la cama y las manos todavía en el cuello. No lloró. Hacía mucho que había aprendido que llorar tampoco le servía de nada.

Su celular vibró sobre el buró. Solo tenía tres números guardados: papá, mamá, Carmina. Se levantó con las piernas temblando y lo tomó, segura de que era su madre diciéndole que ya iban por ella.

Era su madre.

*Si él pregunta, tú no sabías nada.*

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yuraima maldonado
Q abusadora esa xio😯
yuraima maldonado
Q abusadora esa xio
Maria del Carmen Herrera
Resultó una historia rara, narrada como una crónica. Demasiado larga para mi gusto pero que seguí hasta el final por curiosidad. Con demasiadas calamidades hacia la protagonista por lo cual me parecieron excesivas. De todos modos agradezco a la autora por su dedicación para elaborar este material
Maki
Dejando mi apoyo 😌
Maki
Nueva seguidora ☺️.
Kayra Villavicencio
Simplemente me encantó, Excelente 100 pts
Kayra Villavicencio
Simplemente buena por demás. Me encantó 100 pts
Liliana janeth reveles riojas
magnífica aunque a veces me estreso los personajes y me daban ganas de meterme y cachetearlos jajaja escribes magnífico
Valerin Baza
☺️🤭👏
Graciela Saiz
no entiendo porque el no la trata bien a ella 🤷🤔
Visitor1759
🥰
ERICA ESTRADA PEREZ
estos niños en esta familia les gusta que llueva
ERICA ESTRADA PEREZ
siempre tuvo una preferida 💔
ERICA ESTRADA PEREZ
Ya fue y cerraste la cortina como si fuera una extraña
ERICA ESTRADA PEREZ
ella puede a legar que la corriste y que no sabía que estaban casados todavía y aparte ahy testigos ya que su mamá de él no deja decir que es divorciado
ERICA ESTRADA PEREZ
mala combinación de palabras
ERICA ESTRADA PEREZ
era lo mejor si bebe con esa familia y el esposo que no le da su lugar iba a sufrir más tal vez ni se logre si se queda
ERICA ESTRADA PEREZ
que se vall de viaje es lo que ella necesita es encontrarse a ella misma nunca tuvo salidas con amigas, novios, y sino arreglan esto va terminar mal
ERICA ESTRADA PEREZ
si ese matrimonio sigue igual desconfianza más de el que no le da su lugar como ejemplo el carro se baja y me voy con mi esposa va terminar mal 💔
ERICA ESTRADA PEREZ
sería al revés ya que ella nunca la atratratado ni como nuera y menos hija, aparte ni la invitó osea que como suegra está fallando
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