Laura murió después de descubrir la verdad.
Durante diez años, su esposo Manuel y su supuesta mejor amiga, Ariana, la engañaron, destruyeron sus sueños y estuvieron detrás de la tragedia que acabó con su familia. Protegidos por el poder de los Betancourt, nunca pagaron por sus crímenes.
Pero Laura despertó diez años atrás.
Esta vez conoce sus secretos. Sabe quiénes son. Sabe lo que harán.
Y no piensa volver a ser su víctima.
Para derrotarlos necesitará el mismo poder que una vez los protegió. Por eso pondrá sus ojos en Don Álvaro Betancourt, el padre de Ariana.
Se convertirá en su amante.
No por amor.
Por venganza.
Laura no vino a negociar. Regresó para destruirlo todo, aunque tenga que quemar su propio corazón en el camino.
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Camino trazado
Con todas las pruebas reunidas —fotos, mensajes, nombres, horarios—, Rosalía presentó la solicitud de divorcio segura de ganar. Caminaba con la cabeza alta, convencida de tener la ley, la razón y el daño causado de su lado. No imaginaba que la trampa ya estaba puesta, que ella misma había puesto su firma en la llave de su propia ruina. Dos veces firmó la separación de patrimonio: un día después de casarse y cuatro años atrás, cuando él le dijo que era solo un trámite para protegerlos, algo sin importancia. Ella confió, firmó sin leer… y el juzgado se lo confirmó con palabras frías y claras: el divorcio se concedía, pero cada uno conservaba lo suyo. No había reparto, no había indemnización, no había nada que le diera lo que creía merecer.
Álvaro celebró en su oficina. Bebió una copa, rió con su abogado, dictó la orden de desahucio con la misma frialdad con la que se ordena limpiar una habitación. Que se lleve lo que quepa en sus maletas. Que ella y su hija se vayan a la vieja casa de su familia. Allí es donde pertenecen. Se sintió libre, poderoso, dueño de todo. Y entonces… no vino a buscarme.
Pasaron los días. El teléfono permaneció en silencio. Ningún mensaje, ninguna llamada, nadie esperó a la salida de la universidad. Y yo lo entendí perfectamente. Él era demasiado orgulloso para rebajarse por nadie. En su mente, yo no era especial. Fui una más. Una muchacha joven que se le entregó con facilidad, un entretenimiento agradable, un pasatiempo del que ya había disfrutado y que ahora dejaba atrás sin remordimiento. Solo es una mocosa que aún no conoce el mundo, pensaba. Ya fue mía. No hay necesidad de perseguirla. Puedo tener a quien yo quiera, cuando yo quiera. Se sentía en la cima, sin darse cuenta de que la cima es el lugar desde donde se cae más rápido.
No le dolió mi ausencia. No se preguntó si estaría bien. Simplemente… me borró de su mente, convencido de que podía reemplazarme en cualquier momento, de que ninguna mujer valía la pena para doblegar su orgullo. Y yo lo sonreí, porque lo conocía demasiado bien. Él estaba caminando exactamente por la línea que yo misma había trazado, paso a paso, sin saber que cada paso lo acercaba más al borde.
No me buscó ahora, sí. Pero lo hará. Cuando la soledad le pese más que el orgullo. Cuando las nuevas conquistas se cansen o exijan o se vayan Igual que las anteriores. Cuando mire a su alrededor y vea que todo lo que creía suyo se ha vuelto vacío. Entonces recordará a la chica que se fue sin reclamar nada, que se marchó diciendo que no quería romper su familia, que parecía la única bondad en medio de todo el fuego. Y vendrá, no porque me ame, sino porque creerá que yo soy la única que no le exigirá, la única que lo recibirá tal como es. Y cuando lo haga… entonces sabrá que yo no era la más débil. Era la que más esperaba.
—Camina tranquilo, Álvaro —susurré mirando la calle vacía—. Cuanto más seguro te sientas… más duro será el golpe.
es increíble como puede manipular así
espero con ansias los siguientes capítulos
con esa familia , y no termines vos perdiendo tu vida en una trampa de ellos 🤔😕