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En Las Garras Del Pasado

En Las Garras Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Posesivo / Viaje En El Tiempo
Popularitas:979
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...

LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...

¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

6

*Dios santo, ¿por qué demonios se ve tan absurdamente atractivo en esta época?*

Al percatarme de que lo estaba analizando con demasiada atención, sacudí la cabeza y aparté los ojos de golpe. Al notar mi reacción, él dejó escapar una risita baja y ronca que me hizo latir el corazón a tropezones. Volví a mirarlo con desapreciación fingida.

Cuando sonreía de esa forma tan natural, era tan fácil bajar la guardia... Por un segundo, un microsegundo peligroso, estuve a punto de olvidar que ese mismo hombre terminó encerrándome en un sótano oscuro solo porque Max iba a casarse con otra. Un escalofrío me sacudió y suspiré profundamente, apartando la mirada mientras un nudo de tristeza agria se formaba en mi garganta al recordar cómo terminamos destruyéndonos los dos.

—Vaya, me he dado cuenta de que se te da horriblemente bien ignorar a la gente a propósito, ¿verdad? —comentó con sorna, exhalando el humo blanco lentamente entre sus labios y su nariz.

*¿Por qué rayos me parece tan magnética esa maldita costumbre suya? ¡Deja de mirarlo, Eliza!* Me regañé mentalmente con furia. Tenía que sacudirme ese influjo; mi única prioridad era mantenerlo lo más lejos posible de mi órbita.

Forcé una sonrisa fría y desafiante.

—Supongo que se me da bien ser una mala persona cuando me da la gana. Como ya te lo he dicho antes, simplemente no me caes bien, así que te agradecería que evitaras dirigirme la palabra —escupí con acidez.

Y justo en ese instante, como obra de un milagro divino, las luces amarillas de un taxi iluminaron el asfalto. El vehículo desaceleró y se detuvo con un chirrido suave justo frente a nosotros.

Exhalé un suspiro de triunfo y abrí la puerta trasera dispuesta a subir, pero antes de que pudiera deslizarme al interior, Diego se adelantó con una agilidad pasmosa, interponiendo su cuerpo y apoyando la mano en el marco.

—Largo de aquí, esta chica se viene conmigo —le ordenó al taxista con una autoridad fría y cortante.

El conductor, intimidado por la presencia y la mirada dura del joven, ni siquiera lo dudó un segundo: pisó el acelerador a fondo y salió disparado calle abajo, abandonándome a mi suerte en cuestión de segundos.

Me quedé con la boca abierta, petrificada en el sitio, viendo cómo las luces rojas del taxi se perdían en la distancia.

—¿Pero se puede saber qué demonios te pasa en la cabeza?! —le grité, fulminándolo con una rabia desatada.

—Solo te estoy ahorrando el viaje, te llevaré a casa yo mismo —respondió él con una tranquilidad cínica, dibujando una media sonrisa burlona en los labios.

Negué con la cabeza con incredulidad, apretando los puños con ganas de golpearlo, cuando el sonido de unos pasos familiares nos interrumpió. Max y Sofía acababan de salir por las puertas principales del corporativo.

—Vaya, ¿sigues aquí todavía, Eli? Pensé que tu chófer ya te había recogido —preguntó mi hermana con sincera preocupación al vernos juntos.

—No consiguió ningún taxi libre —se adelantó a responder Diego, apagando la colilla del cigarrillo contra el suelo con la suela del zapato de forma pulca.

*Esta vez no lo apagó en su propia carne*, pensé con una mezcla de ironía y alivio sombrío.

—No te preocupes, ven con nosotros, nosotros te llevamos a casa —terció Max de inmediato, tomando mi mano con esa familiaridad invasiva que antes me halagaba.

Un estremecimiento de repulsión recorrió mi piel al sentir sus dedos. Conteniendo las ganas de sacudirme con violencia, asentí de forma rígida y acepté la "invitación" solo para escapar de la tensión con Diego.

Me tocó viajar en la parte trasera del automóvil. Para mi absoluta desgracia, Diego abrió la otra puerta y se deslizó al asiento a mi lado, quedando demasiado cerca en el espacio reducido. Intenté hacerme un ovillo contra la ventanilla, decidida a ignorarlo durante todo el trayecto, pero mantener esa postura se convirtió en una misión imposible cuando él comenzó a hablar, sacando temas de conversación tan casuales como punzantes.

—Entonces... ¿así que tu gran plan de independencia consiste en ser la secretaria personal del director general? Vaya, eso suena a un trabajo agotador y bastante aburrido para alguien con tus ínfulas —susurró Diego con sorna, inclinando ligeramente el rostro para mirarme de reojo.

—Lo es, pero me gusta. Y el esfuerzo vale la pena —repliqué entre dientes, manteniendo la vista fija en el tapizado del asiento delantero para evitar chocar con sus grises pupilas.

—Es muy loable que quieras trabajar y tener los pies en la tierra, Eli, pero tu padre tiene puestos ejecutivos de sobra en el consejo para cualquiera de sus hijas. No tenías que pasar por esto —opinó Max desde el asiento del conductor, mirándome a través del retrovisor central con aire condescendiente.

—Le dije exactamente lo mismo, y papá también intentó darle un despacho gerencial, pero ella se puso caprichosa con eso de empezar desde abajo. Me parece respetable, ¿pero... secretaria raso? Sinceramente no lo entiendo —agregó Sofía con una risita ligera que rozaba el desdén.

No pude evitarlo; una sonrisa genuina, cargada de suficiencia, se dibujó en mis labios.

—Les aseguro que aprenderé mucho más observando al señor Vargas que sentada en un sillón gerencial sin saber firmar un balance. Es un hombre brillante en su área, por algo dirige esta empresa.

Todos guardaron silencio ante mi respuesta. Sin embargo, al girar la cara por un segundo, descubrí que Diego me estaba observando con una expresión sumamente extraña, una mezcla de fascinación y desconcierto que brillaba en el fondo de sus ojos.

Me sostuvo la mirada un instante más antes de esbozar una sonrisa de lado, lenta y enigmática. Rápidamente volví a apartar la vista hacia la ventanilla, sintiendo las mejillas arder.

Al llegar finalmente a la mansión familiar, el coche se detuvo en la entrada. Sofía se giró hacia mí con entusiasmo antes de abrir la puerta.

—Por cierto, mañana por la noche es el cumpleaños de Max, y haremos una gran fiesta para celebrarlo en la casa de campo de Diego. Papá ya te dio permiso formal para asistir, así que ni se te ocurra poner coartadas, te esperamos allá —anunció con alegría.

Mi sangre se congeló de golpe. Consulté mentalmente el calendario: estábamos exactamente en la fecha clave. Aquella noche maldita en la comisura del pasado en la que Max, completamente ebrio, me robaba un beso por sorpresa, convirtiéndose en el detonante tóxico de mi obsesión ciega por él. Y peor aún, Diego lo había presenciado.

*Dios... ¿por qué el universo insiste en ponerme exactamente los mismos escenarios una y otra vez?*

—Veré si me desocupo a tiempo para asistir, pero de igual forma el regalo de Max llegará a sus manos sin falta —repliqué con voz seca, esquivando la mirada de Diego mientras me bajaba del auto a toda prisa.

Entré a la casa corriendo, me encerré con triple seguro en mi habitación y me dejé caer de espaldas sobre el colchón, con el pecho agitado.

Tenía que idear un plan maestro de inmediato. Por ninguna maldita razón del mundo podía permitirme quedar a solas con Max durante esa fiesta; si caía en esa trampa otra vez, alteraría el curso y no podría cambiar mi destino. Max tenía que estar centrado única y exclusivamente en Sofía; cualquier interferencia mía echaría a perder la tregua.

Me puse de pie de un salto y caminé directo hacia el armario, abriendo las puertas de par en par en busca de algo salvador. Revisé los vestidos de noche, las faldas de diseñador, los atuendos elegantes y sofisticados que solía usar en mis épocas de superficialidad.

Nada de eso servía. Necesitaba algo completamente opuesto.

De pronto, mi vista tropezó con una caja polvorienta en el fondo del estante superior. Al sacarla, descubrí el conjunto que había usado cuando cumplí dieciocho años en una etapa de rebeldía adolescente: ropa completamente negra, botas pesadas, cadenas metálicas y un estilo gótico bastante cargado.

Una sonrisa traviesa se dibujó en mis labios. Era perfecto. Demasiado dark, demasiado lúgubre y desaliñado para una fiesta de alta sociedad de la clase alta. Juro por Dios que en mi sano juicio jamás me pondría semejante esperpento en público, pero era exactamente lo que necesitaba para repeler miradas indeseadas y, sobre todo, para mantener a raya a dos hombres específicos al día siguiente.

...### Día de la fiesta...

Al caer la noche, salí de mi habitación y comencé a bajar las escaleras con paso seguro. A mitad del descenso, tanto papá como Sofía, que esperaban en el recibidor, se quedaron completamente congelados, mirándome con los ojos salidos de órbita.

Era completamente comprensible su shock; yo siempre me había distinguido por vestir impecable, luciendo vestidos de diseñador, faldas entonadas y una elegancia clásica. Pero esta noche estaba muy lejos de ser la niña bonita y pulcra de la familia.

—Tú... tú no piensas ir así vestida a la fiesta, ¿o sí? —se quejó Sofía llevándose las manos a la cabeza, escandalizada—. ¡Por Dios, Eliza! Va a asistir lo más selecto de la alta sociedad, la flor y nata de la ciudad... ¡Papá, dile algo a tu hija!

Papá se me quedó viendo fijamente, subiéndose las gafas por el puente de la nariz con expresión de profundo espanto.

—Ese... ese es el conjunto estrafalario que usaste en tu etapa rebelde cuando cumpliste dieciocho... Dime la verdad, Elizabeth, ¿acaso piensas ir a meterte en algún negocio turbio o a vender drogas? —preguntó él, visiblemente angustiado, con los ojos abiertos de par en par.

Solté una carcajada ligera y me alisé la chaqueta de cuero negro.

—Claro que no, papá. Solo me apetece vestirme cómoda esta noche. Además, solo estaré un rato, te juro que no beberé ni una sola gota de alcohol, así que no te preocupes por mí.

—Lo que me preocupa es que una joven de buena familia decida presentarse ante la sociedad vestida como si fuera a un aquelarre de medianoche. Me da muchísimo que pensar sobre tu salud mental —replicó papá, frotándose las sienes con frustración.

—Te lo juro por mi vida, papá, es solo ropa. No estoy atravesando ninguna crisis adolescente tardía, simplemente me dio la gana de ponerme esto —le dije, dándole un beso rápido y sonoro en la mejilla para apaciguarlo.

Sofía seguía negando con la cabeza, con una expresión de pura agonía en el rostro.

—Te van a mirar como si estuvieras loca de remate. Todas las chicas irán con vestidos de alta costura, elegantes, deslumbrantes y sexis, ¡y mi propia hermana va a aparecer en la fiesta luciendo como la líder de una secta satánica! —gimió ella, cubriéndose los ojos con las manos como si le diera vergüenza ajena.

—Vámonos ya... se nos hace tarde para la gran celebración —les sonreí con suficiencia, abriéndoles el camino hacia la salida...

Si mi plan funciona, doy por hecho que mi destino cambiará para bien...

1
Betty Saavedra Alvarado
Eli serás Caperucita para conquistar a tu lobo
Betty Saavedra Alvarado
Elizabeth estás enamorada deseas que Diego se cure para formar una familia se hara realidad tu deseo después de todo lo que has vivido con el
Betty Saavedra Alvarado
Diego no recuerda Elizabeth está con el en este momento muy difícil para ellos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
A no dejarse derrotar por nadie a luchar
Betty Saavedra Alvarado
Te preocupas por Diego por qué será
Betty Saavedra Alvarado
Tu estás cambiando a Diego poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Diego está enamorado de ti nunca te hará daño
Betty Saavedra Alvarado
Kiary no comenté estuve en el medico recién estoy leyendo los capítulos me gustó mucho
Kiary Valverde: Espero que te mejores pronto 🫰🏻❤️
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Diego poco a poco quiere conquistar a Eli aunque ella lucha por no caer su cuerpo dice otra cosa ahora están juntos
Betty Saavedra Alvarado
Me gusta la historia
Lectora con visión 🥰
es comprensible que estés a la defensiva, pero... viendo cómo dices que no se parecen en nada estos dos, entonces dale la oportunidad, se ve que este Diego si quiere ir legal y no a la fuerza
Lectora con visión 🥰
Yo no sé, pero a mí ya me convenció, pido que se le dé otra oportunidad
Lectora con visión 🥰
si claro, la tienes traumada bb
Lectora con visión 🥰
me encanta esta historia 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo súper intenso me gustó mucho
Lectora con visión 🥰
Me ha encantado, seguiré leyendo 😸😊
Lectora con visión 🥰
empezamos mal con ese comienzo 🥺
Lectora con visión 🥰
😭😭😭😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
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