Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Ducado Krugher 2
Rose regresó del ducado Krugher a su casa aquella tarde con una sonrisa que no podía ocultar.
Por primera vez en mucho tiempo, caminaba sin sentir que cada paso era una carga.
La duquesa le había dicho que se comunicarían con ella.
Debía prepararse.
La Academia..
Finalmente.
Su sueño estaba realmente a punto de cumplirse.
[¡Voy a ir!]
[¡De verdad voy a ir!]
Rose incluso tuvo que contenerse para no comenzar a saltar en medio de la calle.
Había pasado tantos meses ahorrando monedas que todavía le costaba creer que alguien hubiera resuelto en una sola conversación el problema que parecía imposible de solucionar.
Sin embargo, apenas entró a su casa...
La felicidad desapareció parcialmente.
Su madre estaba esperándola.
Y no parecía contenta.
—¿Dónde estabas?
Rose se detuvo.
—Fui al ducado Krugher.
Su madre se levantó inmediatamente.
—¡¿Al ducado?!
Rose suspiró.
[Ya se enteró.]
—Sí.
—¡¿Sabes lo que hiciste?!
Rose frunció el ceño.
—Yo no hice nada.
—¡Braulio fue arrestado!
—Porque me agredió.
—¡Solo estaba molesto!
Rose se quedó mirándola.
—Mamá...
—¡No exageres las cosas! ¡Al final ni siquiera te golpeó!
Rose sintió una punzada de decepción.
—Me empujó.
—¡Porque estaba enojado!
—Intentó quitarme mi dinero.
—¡Es tu padre!
⸺Padrastro..
Rose cerró los ojos durante un instante.
[Claro.]
[La culpa siempre termina siendo mía.]
Su madre continuó..
—Tienes que ir a retirar la denuncia.
Rose abrió los ojos.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque yo no puse la denuncia.
Su madre se quedó callada.
Rose respondió con tranquilidad..
—La puso el duque Krugher.
El silencio fue inmediato.
—¿Qué?
—El duque.
Su madre palideció.
—¿El duque Krugher?
Rose asintió.
—Sí.
Ahora su madre comenzaba a comprender lo que realmente había sucedido.
Ella solo había escuchado que Braulio había intentado quitarle dinero a Rose.
No sabía toda la historia.
No sabía quién había intervenido.
Y, sobre todo, no sabía que Braulio había sujetado del brazo a la duquesa.
—¿Qué hizo Braulio?
Rose suspiró.
—Sujetó a la duquesa.
Rose le conto como habia sucedido todo y como la duquesa la habia ayudado.
Su madre se quedó completamente inmóvil.
De pronto comprendió.
Braulio no estaba simplemente detenido por haber discutido con Rose.
Había cometido una ofensa mucho más grave.
Y si alguien conocía la reputación del duque Krugher, sabía que las posibilidades de que Braulio saliera fácilmente de aquella situación eran prácticamente inexistentes.
Aun así, su madre intentó una última estrategia.
—Entonces habla con la duquesa.
Rose la miró.
—¿Para qué?
—Pídele que lo libere.
Rose no respondió.
—Ella parece haberte tomado cariño. Puede ayudarte.
Rose sintió que algo dentro de ella se apagaba.
—Mamá...
—Y deja de pensar en esos sueños tontos de la Academia.
Rose levantó lentamente la mirada.
—¿Sueños tontos?
—Sí.
Su madre cruzó los brazos.
—¿De qué te servirá estudiar? Tienes responsabilidades aquí.
Rose permaneció en silencio.
Durante toda su vida había escuchado cosas parecidas.
Pero ahora era diferente.
Ahora sabía que tenía una oportunidad.
Una oportunidad que no volvería a tener.
—Lo intentaré..
Su madre pareció satisfecha.
—Bien.
Rose no discutió.
No tenía sentido.
Además, sabía que probablemente se marcharía en unos días.
Así que no quería gastar sus últimas fuerzas peleando.
[Lo intentaré.]
Aunque, en realidad, ya sabía que no podía hacer mucho.
Al día siguiente llegó un mensajero con algunos documentos relacionados con su ingreso a la Academia.
Rose aprovechó la oportunidad para preguntar.
—Disculpe...
—¿Sí, señorita?
—¿Podría preguntarle algo?
—Por supuesto.
El hombre esperó.
Rose respiró profundamente.
—Sobre el señor Braulio.
El mensajero la miró con cierta confusión.
—¿El hombre que fue arrestado?
—Sí.
—¿Qué necesita saber?
—Quiero saber si existe alguna posibilidad de que lo liberen.
El mensajero guardó silencio unos segundos.
Luego respondió con toda honestidad..
—No lo sé.
Rose suspiró.
—Entiendo.
El hombre añadió..
—Pero conozco al duque Krugher.
Rose levantó la mirada.
—¿Sí?
El mensajero negó lentamente con la cabeza.
—Jamás.
Hizo una pausa.
—Jamás dejaría libre a alguien que se atrevió a molestar a su esposa de esa manera.
Rose se quedó en silencio.
Miró los documentos de la Academia que llevaba en las manos.
Después suspiró.
[Bueno...]
[Lo intenté.]
No tenía sentido insistir.
Así que hizo lo único que realmente quería hacer.
Escribió una carta a la duquesa.
No pidió nada.
No mencionó a Braulio.
Solo le agradeció.
Por haberla defendido.
Por haberla escuchado.
Por haberle dado una oportunidad.
Y por haberle permitido soñar nuevamente.
Cuando terminó, entregó la carta.
Su madre, al verla escribir, asumió inmediatamente que estaba intentando convencer a la duquesa de liberar a Braulio.
Rose no se molestó en corregirla.
[Que piense lo que quiera.]
No quería otra discusión.
Ya estaba cansada.
Cansada de explicar.
Cansada de justificar.
Cansada de demostrar que merecía tener una vida propia.
Así que decidió concentrarse en el futuro.
Y entonces días después llegó la carta que había estado esperando.
La carta de la Academia.
Rose la sostuvo con ambas manos.
Le temblaban los dedos.
La abrió.
Leyó.
Volvió a leer.
Y después sonrió.
Había sido aceptada.
Su corazón comenzó a latir rápidamente.
[¡Lo logré!]
[¡Realmente lo logré!]
No esperó más.
Preparó sus cosas.
Tenía muy poco que llevar.
Algunos vestidos.
Sus libros.
Sus apuntes.
Unos cuantos objetos personales.
Y el pequeño recipiente donde durante años había guardado sus ahorros.
Aunque ahora ya no necesitaba utilizarlos para pagar la Academia, decidió conservarlos.
Eran el símbolo de todo lo que había conseguido por sí misma.
A la mañana siguiente estaba lista para partir.
Su madre la esperaba.
Pero no para despedirse.
—Si te vas...
Rose se detuvo.
—¿Sí?
Su madre la miró fijamente.
—Si te vas antes de que liberen a mi esposo...
Hizo una pausa.
—Olvídate de mí como madre.
Rose sintió que el pecho se le apretaba.
Aquellas palabras dolieron.
Muchísimo.
Aunque había pasado gran parte de su vida sintiendo que debía ser fuerte, seguía siendo su madre.
Y escuchar aquello...
Dolía.
Rose bajó la mirada.
Durante unos segundos quiso decir algo.
Quiso discutir.
Quiso preguntarle por qué nunca había sido suficiente.
Quiso preguntarle por qué era tan fácil elegir a Braulio por encima de ella.
Pero no lo hizo.
Respiró profundamente.
Levantó la cabeza.
—Adiós, mamá.
Su madre no respondió.
Rose tomó su equipaje.
Antes de salir, se detuvo junto a la puerta.
—Espero que estés bien.
Su voz tembló ligeramente.
—De verdad. Te deseo lo mejor.
Su madre cruzó los brazos.
—Te vas a arrepentir.
Rose cerró los ojos durante un instante.
Después sonrió.
Una sonrisa triste.
Pero sincera.
—Quizás.
Abrió la puerta.
—Pero si no me voy...
Miró hacia atrás.
—También podría arrepentirme.
Y salió.
Detrás de ella quedaron los gritos de su madre.
Rose caminó sin mirar atrás.
Las lágrimas finalmente comenzaron a caer.
Se las limpió rápidamente.
[Está bien.]
[Está bien llorar.]
[Estoy triste.]
[Estoy herida.]
[Pero también estoy feliz.]
Miró el camino que tenía delante.
El carruaje que la llevaría hacia la Academia esperaba unos metros más adelante.
Rose respiró profundamente.
Y sonrió.
[Una nueva vida.]
[Una nueva oportunidad.]
[Una academia de magia.]
[¡Y por fin una vida que es mía!]
Subió al carruaje.
Y mientras este comenzaba a alejarse...
Rose dejó atrás su antiguo hogar.
Y por ahora...
Solo quería mirar por la ventana.
Sonreír.
Y disfrutar del comienzo de su nueva vida.
me encanta muy divertida