Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.
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capitulo 18
Romina
La noche después del viaje, Laura llegó al departamento como un vendaval, como siempre.
—¡Romi!
gritó desde la entrada.
— ¿Dónde estás? ¡Cuéntame todo! ¿Cómo fue el viaje, Pasó algo con el guapo de Geovanny?
Estaba en mi habitación, sentada en la cama con las piernas cruzadas, todavía procesando las marcas en mi cuerpo, los recuerdos en mi mente, las dudas en mi corazón. Cuando apareció en el marco de la puerta, con su sonrisa enorme y sus ojos llenos de curiosidad, supe que no podría ocultarle nada.
—Lau...
empecé, y mi voz se quebró.
Ella se acercó rápidamente, sentándose a mi lado en la cama.
—¿Qué pasó, Estás bien, Te hizo algo? Porque si ese tipo...
—No, no me hizo nada
la interrumpí.
— Bueno, no exactamente. Es que... no sé cómo explicarlo.
—Empieza por el principio
dijo ella, tomándome las manos.
—Respira y cuéntame.
Y se lo conté todo.
La cena, las confidencias, las copas con los inversionistas. cómo se puso Geovanny cuando Méndez me coqueteaba. La tensión en el ascensor, en el pasillo. Llegar a mi habitación, desvestirme, tumbarme en la cama.
Y entonces, el sueño.
O lo que yo creía que era un sueño.
—Me desperté esta mañana
dije, bajando la voz.
— y estaba llena de marcas, Lau. Mordidas, besos, moretones. Y dolía... dolía ahí abajo.
Los ojos de Laura se abrieron como platos.
—¿Estás diciendo que... Que alguien entró a tu habitación y...?
—No lo sé
confesé, sintiendo las lágrimas asomar.
— Por eso te lo cuento. Porque no sé si fue real o solo un sueño muy vívido. Pero mi cuerpo... mi cuerpo dice que sí fue real.
Laura se levantó de golpe y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación.
—Dios mío, Romi. ¿Y no viste quién era, No recuerdas nada?
—Recuerdo todo
susurré
—Sus manos, su boca, su voz. Me decía que era hermosa, que era perfecta, que era suya. Pero estaba oscuro, Lau. Y yo estaba mareada por las copas. No vi su cara.
Laura se detuvo y me miró fijamente.
—¿Y crees que pudo ser Geovanny?
La pregunta flotó en el aire como un puñal.
—No lo sé
admití.
— Su voz es parecida. Y su forma de mirarme... pero tiene novia, Lau. Una modelo perfecta. ¿Por qué iba a arriesgar todo por mí?
—¿Por qué no?
respondió ella, sentándose de nuevo a mi lado.
— Romi, tú no te ves como te vemos los demás. Eres hermosa, inteligente, fuerte. Cualquier hombre con dos dedos de frente estaría loco por ti.
—Pero él no me ve así. Me ve como su asistente, como la chica que trabaja para su padre.
—¿Estás segura?
No lo estaba. No lo estaba en absoluto.
Cambiamos de tema para que yo pudiera respirar. Laura me contó de su día, de su trabajo, de los chismes de la oficina. Y entonces, como sin querer, soltó:
—Hoy vi a un amigo de Geovanny en recepción. Un tal Jacobo. Todo el mundo dice que es un mujeriego, pero la verdad es que es bastante guapo. Me miró como si yo fuera un filete y él llevara un año sin comer.
—¿Jacobo?
pregunté.
— ¿amigo de Geovanny?
—El mismo. Moreno, sonrisa fácil, ojos de malo. Me fulminó con la mirada, pero yo le devolví el golpe. No soy de esas que se derriten por un tipo solo porque es guapo.
Sonreí a pesar de todo. Esa era mi Laura. Imbatible.
—Ten cuidado
le advertí—. Si Dicen que es un mujeriego empedernido, no le hagas caso.
—Los mujeriegos son los que más me divierten
rió ella
— Además, solo fue una mirada. No va a pasar nada.
Pero en sus ojos vi un brillo que conocía bien. Laura estaba interesada. Y cuando Laura se interesaba por alguien, no había vuelta atrás.
Al día siguiente, llegué a la oficina con el cuerpo aún dolorido y la cabeza llena de preguntas. Geovanny estaba en una reunión cuando llegué, así que pude concentrarme en el papeleo sin distracciones.
Pero a media mañana, su puerta se abrió y salió. Nuestras miradas se encontraron, y otra vez ese escalofrío. Otra vez esa electricidad.
—Romina
dijo, acercándose a mi escritorio.
—¿Almuerzas conmigo hoy?
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Almorzar?
repetí, como una idiota.
—Sí. Hay unos detalles del viaje que quiero repasar. Y además...
dudó un segundo.
— Quiero hablar contigo. De algo personal.
Personal. Esa palabra podía significar todo o nada.
—Claro
respondí, intentando mantener la calma.
— ¿A qué hora?
—A la una. Te paso a buscar.
Asintió y volvió a su oficina, dejándome con el corazón desbocado.
Inmediatamente le escribí a Laura.
"Me invitó a almorzar. Dice que quiere hablar de algo personal."
Su respuesta fue inmediata.
"¡TE LO DIJE! VE Y AVERIGUA DE UNA VEZ SI FUE ÉL. Y SI FUE, CÓBRALE LAS NOCHES DE INSOMNIO."
Sonreí a pesar de los nervios. Laura siempre sabía cómo sacarme una sonrisa.
Continuara...