Isabela y João estuvieron juntos durante ocho años y comprometidos durante seis.
En cada discusión, siempre era ella quien tenía que tragarse el orgullo y dar el primer paso para hacer las paces.
Hasta que Isabela vio a João engañándola con otras mujeres, sin el menor respeto por su dignidad. Solo entonces se dio cuenta de que, para él, nunca había sido realmente respetada.
Decidida, Isabela puso fin a la relación y se casó con Thiago, heredero de una de las familias más poderosas del país.
Fue solo en ese momento que João entendió lo que había perdido: un arrepentimiento y un dolor que ni dando todo de sí podría recuperar.
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Capítulo 19
El coche se deslizaba suavemente por la carretera que bordeaba el Bosque de Tijuca. La noche era tranquila, el ronroneo bajo del motor llenando el silencio del asiento trasero. Isabela aún sentía el calor de la mano de Thiago en la suya — él no la había soltado desde que salieron de la casa antigua. Ella miraba por la ventana, las luces distantes de la ciudad parpadeando como estrellas caídas, pero su mente estaba en el salón de comedor. En el momento en que Fernando arrojó su pasado sobre la mesa. En el silencio que siguió. Y en la voz firme de Thiago cortando el aire.
— Thiago… — comenzó ella, voz baja, casi tímida — Gracias. Por lo que dijiste allá. Yo… nunca pensé que alguien me defendería así. Frente a todo el mundo. Cuando Fernando dijo aquello, sentí que el suelo desaparecía. Pero tú… tú no lo permitiste. Tú me sostuviste.
Thiago no respondió de inmediato. Su mano apretó la de ella por un instante. Después la soltó, despacio, como si el tacto quemara.
Isabela continuó, decidida a ser honesta — Sé que puede ser solo… parte del acuerdo. Mantener las apariencias para la familia. Pero aún así… gracias. Y quiero que sepas: João y yo terminamos definitivamente. Hace tiempo que acabó. No hay nada más. No quiero ocultarte nada. Mi pasado con él… está enterrado.
Thiago giró el rostro hacia ella. Incluso sin verlo, Isabela sintió el peso de la mirada. La sien le palpitó. Una, dos veces. Él respiró hondo por la nariz, como si estuviera controlándose.
— Para — dijo él, voz baja pero afilada — No quiero oír nada más sobre eso.
Isabela parpadeó. Creyó haber percibido irritación. Tal vez rabia. Ella bajó los ojos, el corazón apretando.
— Disculpa… solo pensé que debías saber…
— Sé lo suficiente — interrumpió él — Y no necesito detalles. Cierra la boca sobre eso.
El tono era seco. Casi rudo. Isabela sintió un frío en la espalda. Creyó haber estropeado el momento. Cambió de tema rápido, voz más ligera.
— Y… sobre Samuel. Le lancé las llaves a propósito. ¿Estuvo mal? Quiero decir… en la casa de tu abuelo, tal vez me excedí.
Thiago soltó una risa corta, sin humor.
— ¿Mal? — repitió él — La próxima vez que quieras golpear a alguien, golpea. A quien sea. No me importa.
Isabela abrió los ojos. Después rió, sorprendida y aliviada.
— ¿En serio?
— En serio — respondió él — Aquí dentro, tú eres mía. Nadie se mete contigo. Ni con palabras.
Ella sintió un calor subir por el pecho. No era solo gratitud. Era seguridad. Como si, por primera vez, hubiera encontrado a alguien que la protegía sin querer controlarla.
— Entonces abracé la pierna correcta — dijo ella, medio bromeando — El segundo hijo de los Marcos es mi mayor escudo.
Thiago no respondió. Pero la comisura de su boca se elevó — aquella sonrisa mínima que ella comenzaba a reconocer como suya.
El coche entró en el patio de la villa. Carlos abrió la puerta. Thiago descendió despacio. Isabela vio que su rostro se había puesto pálido de nuevo. El efecto de la inyección estaba pasando. El dolor volvía, lento y cruel. Él no se quejó. Apenas dejó que Carlos empujara la silla hasta el ascensor.
En su habitación, Isabela se dio un baño rápido, se puso un pijama ligero y se sentó en la cama. Estaba a punto de apagar la luz cuando el celular vibró.
Era Gabriela.
Ella atendió de inmediato.
— ¡Isa! ¡Mi vida! — La voz de la amiga explotó del otro lado, llena de energía — Acabo de volver de una expedición en Europa. Estaba restaurando unos frescos en una iglesia abandonada en la Toscana. Llegué y vi los chismes… ¿terminaste con João? ¿Renunciaste? ¿Qué pasó? ¡Cuéntame todo ahora!
Isabela rió. Se acostó en la cama, piernas cruzadas.
— Es una historia larga… pero sí. Terminé. Definitivamente. Y estoy bien. Muy bien, en realidad.
Gabriela dio un gritito.
— ¡Lo sabía! Fui a la iglesia vieja y recé para que despertaras. Hasta hice una promesa: si te librabas de ese idiota, donaba un mes de trabajo para restaurar el altar. Y mira… ¡ni siquiera necesité esperar! ¡Despertaste sola!
Isabela rió a carcajadas.
— Gabi, estás loca.
— Loca y feliz por ti — respondió la amiga — Escucha: mañana a la tarde, a las cuatro, en aquel nuevo clear bar que abrió en la zona sur. Vista al mar, tragos increíbles. Vamos a brindar por tu libertad. Y me cuentas todo. Todo mismo. No acepto un no.
Isabela sintió los ojos arder. No de tristeza. De alivio. De tener a alguien que la conocía desde siempre. Alguien que no juzgaba, no exigía, solo estaba allí.
— Combinado — dijo ella — Cuatro en punto. No me dejes esperando.
— ¡Nunca! — respondió Gabriela — Te amo, loca. Hasta mañana.
La llamada terminó.
Isabela se acostó. Miró al techo. Las luces suaves de la lámpara de noche danzaban en las vigas antiguas.
Por primera vez en años, ella no sentía miedo del mañana.
No sentía culpa.
No sentía vacío.
Sentía expectativa.
Por la amiga que la esperaba.
Por el hombre que, incluso sin ver, la veía.
Por la vida que, en fin, comenzaba a ser suya.
Ella cerró los ojos.
Y sonrió.
digo si de una 🤣🤣🤣🤣
y le pido a Dios que el muchacho sea un mangazo jajajaaj así aprovecho y Melo como también 🤭🤣🤣🤣
Entonces la mamá de Isabella la alejo por su enfermedad o la encontró y no es su madre verdadera y quiso sacar provecho de ella... Hay que misterio, casi resuelto 🤔☺️