Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 19
La puerta de Evolett estaba cerrada, pero no con llave. Will entró y la encontró retorciéndose en la cama, con el camisón enredado alrededor de sus piernas y el rostro bañado en lágrimas. Gritaba, pero eran sonidos ahogados, como si su garganta estuviera atrapada en un puño invisible.
—¡Evolett!
la llamó, acercándose rápidamente a la cama.
—¡Evolett, despierta!
Ella no respondía. Seguía atrapada en la pesadilla, sus manos aferrándose a las sábanas con una fuerza que blanqueaba sus nudillos.
—¡No me toques, no, no quiero!
gritó, y su voz era tan desgarradora que Will sintió que el corazón se le partía.
La tomó por los hombros con suavidad, con el miedo de lastimarla pero con la urgencia de sacarla de allí.
—Evolett, soy Will. Estás soñando. Despierta, por favor.
Los ojos de ella se abrieron de golpe, pero no veían. Estaban fijos en un punto lejano, llenos de un terror que no reconocía el presente.
—¡Ya no más, por favor!
sollozó, con la voz quebrada.
—¡Me duele, por favor, me duele mucho!
Will sintió que el mundo se detenía. El dolor en su voz era tan real, tan crudo, que no supo qué hacer. Solo la abrazó, apretándola contra su pecho con una suavidad que contrastaba con la urgencia del momento.
—Estoy aquí, tranquila.
susurró, con la voz temblorosa.
—No hay nadie más. Solo yo. Estás a salvo. Nadie te hará daño, ya no más.
Evolett seguía temblando, sus manos golpeando débilmente su pecho como si intentara alejarlo. Pero poco a poco, el contacto de su cuerpo, el calor de sus brazos y el sonido de su voz comenzaron a penetrar el muro de la pesadilla.
—Will...
susurró, y su voz era tan frágil que apenas era audible.
—Sí, soy yo
respondió él, con el rostro enterrado en su cabello.
—No voy a dejarte. No voy a soltarte. Respira conmigo, ¿de acuerdo? Inhala...
Ella inhaló, pero el aire se atascó en su garganta en un sollozo.
—Otra vez
dijo él, con paciencia infinita.
—Vamos, respira conmigo.
Tres respiraciones más, y el temblor comenzó a disminuir. Evolett ya no estaba en el callejón. Estaba en una habitación de hotel, con los brazos de Will alrededor de ella, protegiéndola del mundo.
—No me sueltes
susurró, con la voz rota.
—Por favor, no me sueltes. Tengo miedo.
—No voy a soltarte
respondió Will, apretándola un poco más.
—No voy a dejarte sola. Te lo prometo.
Evolett lloró. Lloró sacando ese dolor y miedo de su pecho, con sollozos profundos que sacudían todo su cuerpo. Lloró por el dolor, por el miedo, por todos los años en los que había tenido que enfrentar sus pesadillas sola.
Will no dijo nada. Solo la sostuvo, meciendo suavemente su cuerpo contra el suyo, sintiendo cada uno de sus sollozos como si fueran propios.
—Estoy aquí
repetía, una y otra vez.
—No estás sola. Estoy aquí.
Pasaron los minutos, y los sollozos se convirtieron en jadeos, y los jadeos en respiraciones profundas. Evolett se calmó lentamente, su cuerpo agotado por la tormenta emocional.
—No sé qué pasó
susurró, con la voz ronca.
—No sé por qué volvió.
—No importa
respondió Will, con voz suave.
—Lo importante es que ya pasó.
Evolett levantó la mirada hacia él, con los ojos enrojecidos y las mejillas manchadas de lágrimas. Por un momento, Will vio en su mirada algo que no había visto antes, vulnerabilidad, sí, pero también una confianza que lo dejó sin aliento.
—Quédate conmigo
pidió ella, con una voz tan pequeña que parecía la de una niña.
—No quiero estar sola.
—No voy a irme
respondió Will, deslizándose a su lado en la cama sin soltarla.
—Voy a quedarme aquí. Toda la noche a cuidarte
Ella asintió, apoyando la cabeza en su pecho, sintiendo el latido de su corazón como un ancla en medio de la tormenta. Su mano se aferró a su camisa, con la fuerza de alguien que teme ser abandonada.
—¿Puedes... seguir respirando así?
preguntó ella, con voz somnolienta.
—Me ayuda a calmarme.
—Claro
respondió él, y comenzó a respirar de manera profunda y pausada, marcando el ritmo para que ella lo siguiera.
Poco a poco, el cuerpo de Evolett se fue relajando. Sus dedos dejaron de aferrarse a la camisa de Will, y su respiración se volvió más lenta, más profunda. El sueño llegó sin resistencia, una ola suave que la arrastraba hacia el descanso.
Will se quedó despierto mucho tiempo, observándola mientras dormía. Su rostro ya no mostraba el terror de la pesadilla, sino una paz que nunca antes había visto en ella.
—Te prometo que nunca más vas a estar sola
susurró, con el corazón apretado.
—Cueste lo que cueste.
Esa noche su brazo seguía alrededor de ella, protegiéndola incluso en el sueño. Y por primera vez en mucho tiempo, Evolett durmió sin miedo.